sábado, 10 de agosto de 2019

Un Tsunami con menos fuerza


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Festival Tsunami Xixón. Teatro de la Laboral, sábado, 3 de agosto

El Tsunami ha llegado para quedarse y la clausura de esta tercera edición con todo vendido es una buena muestra de ello. Este festival es capaz de atraer a multitudes -8.000 aprox.-, de muy diversas edades y culturas, desde perroflautas hasta pijos progre, pasando por una buena representación de “los del montón”, viejos roqueros, punkarras, reivindicativos sociales o políticos, etc., cuyo objetivo común es escuchar a algunas de sus bandas favoritas, beber alcohol y pasárselo bien. Pues bien, que toda esta masa de gente pueda convivir durante dos días sin que se produzcan altercados se debe a dos cosas: la primera, una buena organización por parte de la directiva del evento y la segunda que, por el hecho de llevar tatuajes, pelo largo o ponerse camisetas agresivas no significa que sean delincuentes. Por lo tanto, todas estas protestas que ha habido meses atrás por parte de un sector de la población, con intención de cargarse el festival es una muestra de los prejuicios que tiene cierto sector de la sociedad ante estéticas más agresivas y diferentes al establishment.

En cuanto a la musical, creo que en esta edición se ha bajado un poco el nivel que veníamos manteniendo en las dos anteriores ediciones, aunque hayan conseguido traer otra vez a The Offspring. Con mucho postureo y poca calidad sonora tuvo su actuación la banda salmantina “El Altar del Holocausto”. La M.O.D.A., acrónimo de La Mavarillosa Orquesta Del Alcohol, fue la atracción para el público menos adicto a la distorsión y el doble bombo. El uso de instrumentos tradicionales (acordeón, banjo, saxo tenor, mandolina…), junto con la guitarra, bajo y batería aportan un colorido diferente. Tienen algunas letras que merecen la pena y, sobre todo, un potente directo que, por suerte, se aleja mucho de sus grabaciones. Se notaba que estaban muy motivados y fueron capaces de atrapar a muchos poco afines a la banda.  

 Tras la actuación de los suecos “No Fun at All”, que no aportaron nada salvo algunos vertiginosos solos de guitarra, pudimos ver en el escenario grande a los navarros Berri Txarrak (Malas Noticias), que no estuvieron a la altura de su concierto del 2017. Este grupo mueve mucho público y es uno de los referentes del panorama nacional en el estilo, sin embargo, su actuación pecó de una presión sonora rozando el límite de lo molesto, con una reverberación descomunal y una ecualización sucia. Maravillosamente bien sonó la grabación del “O bla di o bla da” cuando los Berri Txarrak concluyeron y bajaron el fader de la mesa de sonido del directo. El público vibró entonando a los Beatles.

Una de las actuaciones más esperadas era la de la banda británica “Kaiser Chiefs”, que acaban de presentar su nuevo disco “Duck”. De este disco pudimos escuchar algunos temas como “Golden Oldies” que en directo suena potente y no tan blandengue como en el disco. También sonaron clásicos como “Na na na na naa”, con el que calentaron al público hasta llegar al éxito de “Ruby”, donde el desmadre ya fue considerado. Tienen un repertorio heterogéneo y algunos temas no acababan de encajar en un festival como este, sin embargo, muy mencionable la labor del cantante Ricky Wilson, que defiende cada tema con mucho sudor.

Para concluir la noche y el festival, los anárquicos californianos NOFX. Siguiendo en su línea hablan más que cantan, se interrumpen unos a otros y sus canciones no dejan de ser básicas e intercambiables como cromos con Green Day o The Offspring. Como peculiaridad es de agradecer la armonización de voces que aportan a temas tan básicos.
En definitiva, un festival que concluye su tercera edición consagrándose como referente en la escena internacional del género, con un altísimo nivel de organización, pero, en cuanto a lo musical, este Tsunami ha perdido algo de fuerza.
Crítica de Mar Norlander publicada en La Nueva España 

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