lunes, 20 de mayo de 2019

Miriam Rodríguez: mucho que pulir

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Miriam Rodríguez, gira "Contigo". Teatro de la Laboral, viernes 17 de mayo
Teniendo en cuenta que la mayoría de los concursantes de Operación Triunfo caen en el olvido rápidamente o ni siquiera llegan a grabar disco y hacer gira en solitario, el vertiginoso éxito que está teniendo Miriam Rodríguez sorprende. Tercera finalista de la edición 2017, su paso por el programa “Lo siguiente” de Televisión Española o “La Voz”, en la que hizo de ayudante del cantante y coach Pablo López, amén de su exitoso single “Hay algo en mi”, canción promocional de la serie “Vis a Vis”, contribuyeron en gran medida a este éxito. Otra cosa es mantenerlo y para ello  hace falta pulir unos cuantos detalles, al menos en la puesta en directo.

Llegó al Teatro de la Laboral para presentar su álbum debut “Cicatrices”, que lleva medio año a la venta. Salvo algunos pequeños fragmentos, no es un álbum cargado de grandes canciones, ni mucho menos, sin embargo, su actuación en directo causó una gran sensación a un público mayoritariamente femenino y adolescente. Sonó “Aquí estás” con un volumen de micrófono excesivamente alto y una reverberación descomunal. La mala ecualización de los instrumentos fue mejorando, excepto la voz que se mantuvo sin definición y con mucha reverberación todo el concierto.

Acompañada por batería, bajo, guitarra y teclado disparó una a una las canciones de su disco, quedando en evidencia que los músicos están al servicio de las canciones para lucimiento de la voz, sin ninguna concesión a solos instrumentales. Una pena, porque seguro que son buenos músicos.

Pero lo peor de la puesta en directo de la cantante gallega no son ni sus canciones insulsas, aunque algunas sean autoría de Pablo López, ni sus letras creadas a base de frases demasiado manidas, ni que no haya hueco para lucimiento de los músicos, ni siquiera que su voz no esté bien ecualizada y, por lo tanto, no se entienda lo que dice. Lo peor son las presentaciones que preceden a cada tema: son discursos aprendidos que rayan la falta de credibilidad, poco adecuados para conectar con las vivencias  del público que acude a sus conciertos (mayoritariamente quinceañeras) y sobre todo falta de espontaneidad. Hay demasiada rigidez para que todo salga según lo previsto y eso le quita la gracia.

Por otro lado, Miriam Rodríguez tiene cosas positivas que pueden llevar a convertirla en una gran estrella con el paso del tiempo. Lo primero tiene una gran voz, con un vibrato peculiar que le aporta una identidad distinta a otras voces “extriunfitas”, por lo que es una lástima que quede enmascarado por una pésima ecualización y no lo explote más. Además, su puesta en escena es muy buena, de una auténtica rockera aunque no se dedique a este género (una lástima). Sobre todo, lo que demostró Miriam Rodríguez en el Teatro de la Laboral es que tiene ganas y eso es importante. Espero que encuentre un camino fructífero y que no caiga en el olvido al tercer disco.  

Crítica de Mar Norlander publicada en La Nueva España

Antonio Baciero: un gran histórico de la Filarmónica


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Antonio Baciero (piano), Sociedad Filarmónica de Gijón. Teatro Jovellanos, miércoles 15 de mayo.  


Quince veces ha sido invitado por la Sociedad Filarmónica de Gijón el pianista, musicólogo y organista Antonio Baciero y quince grandes ovaciones se ha llevado. La última este miércoles, tan aplaudida que arrancó de su generosidad tres propinas, después de ofrecer un amplio programa que enlaza los dos puentes esenciales del Barroco (tal y como denomina Baciero a J.S. Bach y Antonio de Cabezón), con la cumbre del piano dramático, refiriéndose a la “Sonata nº 21 en Do menor” de Franz Schubert.


Comenzó con tres piezas de su tocayo y paisano burgalés Antonio de Cabezón, un compositor ciego desde muy niño, injustamente poco interpretado en los escenarios actuales y con una apasionante vida al servicio de la realeza española - principalmente Carlos I y Felipe II-, que bien merece ser rescatado. De su extensa obra Baciero escogió “Diferencias sobre el canto del caballero”, canción renacentista sobre la que Cabezón realizó cinco diferencias o variaciones, interpretadas por Baciero con un profundo conocimiento sobre la obra, teniendo en cuenta que el piano actual no es el instrumento más adecuado para desarrollar la sonoridad ideada por el compositor . El “Tiento de primer tono”, y la canción glosada sobre Philippe  Verdelot a seis voces “Ultimi mei suspiri”, fueron las otras dos piezas escogidas de Antonio de Cabezón que Baciero salvó con discreción.


El pianista es todo un experto en Bach y lo demostró con su interpretación de la “Suite Inglesa nº 3 en Sol menor”, canturreando cada fraseo a la manera de Glenn Gould (aunque menos sonoro para la audiencia) y esgrimiendo cada nota con claridad y precisión, destacando su interpretación en la “Allemande” y en  la compleja “Giga” final.


Tras la pausa Baciero sumergió a la audiencia en pleno romanticismo con la “Sonata nº 21 en Do menor” de Schubert, escrita poco antes de morir. Una sonata  dotada de un lirismo muy schubertiano que entraña una dificultad interpretativa, entre otros detalles, por sus cruces continuos de manos para abarcar todo el registro del piano y por sus grandes contrastes en los cuatro movimientos. Baciero destacó sobremanera en el Allegro final, movimiento deudor de la influencia de Beethoven con acentuaciones rítmicas muy marcadas. El pianista se llevó una continuada ovación y agradecido ofreció tres amplias propinas, comenzando por un Nocturno de Chopin, luego una Giga de Bach y terminando con una Mazurca de Chopin. Casi nada.


Todo un lujo para la Sociedad Filarmónica de Gijón haber  podido contar de nuevo con el pianista Antonio Baciero, que a sus ochenta y tres años mantiene los dedos en plena forma y las ideas muy claras. Esperamos que sean muchas más.  
Crítica de Mar Norlander publicada en La Nueva España

jueves, 16 de mayo de 2019

El buen gusto de Zenet

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Zenet presenta el disco “La Guapería”. Teatro Jovellanos, viernes 10 de mayo.

Como un “ladrón de géneros”, se define el artista multidisciplinar Antonio Mellado Escalona, de nombre artístico Zenet o Tony Zenet, al que los cubanos le han otorgado recientemente un premio al mejor disco extranjero. Hurgando a fondo en la colección Gladys Palmera -que cuenta con más de 100.000 discos de música latina y afrocubana-, hizo la selección de boleros antiguos que comprenden ”La Guapería”, título del recién estrenado disco que presentó en el Teatro Jovellanos ante un aforo casi lleno. En su disco demuestra que ha sabido apropiarse de la esencia del género con autenticidad, sin que suene a pastiche. Ha sabido extraer las bases, los sonidos y los poemas cantados y contados a la manera de Zenet y su presentación en directo no tiene desperdicio.  

Un set de músicos de primer nivel acompañan a la voz: contrabajo, batería, guitarra clásica, trompeta y violín, una formación un tanto atípica para el género como atípico es el artista que ha sabido encarnar mejor que nadie al joven Picasso en la miniserie de Juan Antonio Bardem. Mientras se iban ajustando los volúmenes de los distintos instrumentos sonó “Estás equivocada” y poco a poco nos llevó de la mano por el tiempo y por canciones maravillosas como  “Ansias locas”, popularizada por la reina del bolero Olga Guillot a la que Zenet añadió guiños al “Manisero” de Machín. Gran introducción y arreglos de guitarra en la perla cubana “Devuélveme mis besos”, y “Es tan difícil”, las dos del compositor y pianista Bola de Nieve, al que Zenet rinde un merecido homenaje rescatando su música.

Un total de dieciocho temas sonaron entre boleros, chachachá, salsa con toques de jazz y hasta chotis como “Por debajo de Madrid”, destacando canciones como “Quien sabe” con un interesante arreglo entre guitarra y contrabajo que servían de base para los brillantes solos de trompeta y violín.La  voz arenosa, de tesitura justa y bien afinada, se crecía en temas como “Un beso de esos”, en la que el trompetista Manuel Machado se llevó una gran ovación por su brillante solo. Y es que cada intervención de Machado era un espectáculo, por su enorme sonido, su digitación y sus fraseos. Muy destacable también las intervenciones del violinista, sobre todo en “La palabra Fin” y en “Imágenes”, con una gran paleta de matices.

Después del pataleo del público para reclamar bis volvieron con el gran éxito “Soñar contigo”, quedando un poco desmerecido al cantarlo sin micrófonos en un recinto grande. Por lo demás fue un concierto que cumplió ampliamente con las expectativas de los aficionados al género. Y es que Zenet es un artista al que merece la pena seguir sus pasos, porque tiene buen gusto, porque se trabaja sus espectáculos y porque sabe rodearse de grandes músicos con buenas ideas.
Crítica de Mar Norlander publicada en La Nueva España

La sonoridad más romántica de la OSPA

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Orquesta Sinfónica del Principado de Asturias, Hans Graf (director), Leon McCawley (pianista). Teatro Jovellanos, jueves 9 de mayo.

Estupendo y bien vertebrado programa ofreció la OSPA, bajo el título “Legados”; perfecto para constatar el gusto del público del Teatro Jovellanos en torno al Romanticismo en todo su esplendor, con obras de Brahms y Schumann. Como director invitado uno de los grandes, el austriaco Hans Graf que fue director titular de la Orquesta Sinfónica de Euskadi, del Mozarteum de Salzburgo o de la Houston Symphony y cuenta con numerosas distinciones y premios en su larga trayectoria.  Para completar el programa contamos con uno de los pianistas más importantes del panorama actual, el británico Leon McCawley, experimentado en el repertorio romántico y clásico.

El concierto abrió con la ”Obertura Trágica Op. 81”, una obra en forma de sonata con mucho trabajo temático, compuesta por Johannes Brahms durante el verano de 1880  y estrenada al año siguiente por el propio compositor. Esta peculiar obra se caracteriza por su gran belleza oscilante entre el drama, la tristeza y la pasión más exacerbada. Hans Graf llevó la batuta con firmeza en una interpretación brillante, tan solo ensombrecida por el comportamiento de parte la butaca del Jovellanos, que estuvo especialmente ruidosa entre toses, caídas de objetos varios y el prolongado y molesto crujir de los envoltorios de los caramelitos. Por lo demás exquisita.

El pianista Leon McCawley fue el protagonista de la noche dejando al público impactado con su magistral interpretación del “Concierto para piano en la menor, Op. 54” de Robert Schumann. La obra, estrenada en 1846 por la gran pianista Clara Schumann como intérprete solista, está dotada de gran lirismo y sensibilidad, con marcada ausencia de virtuosismo, compuesta en una época en la que las modas dictaban todo lo contrario. No confundir virtuosismo con dificultad: la obra es de gran dificultad y sólo al alcance de grandes pianistas como McCawley. El primer movimiento, basado en la “Fantasía” escrita unos años antes para su reciente esposa, fue interpretado con agilidad y gran expresividad. La animada cadencia final de este primer movimiento desató la pasión entre el público presente provocando numerosos aplausos, por otra parte bien merecidos y acertados en contra del estricto protocolo social que impide aplaudir entre movimientos. ¿Por qué no? Los dos movimientos siguientes se desarrollaron de manera impecable en las manos de McCawley. El director por su parte, mantuvo un perfecto equilibrio entre los fragmentos pianísticos y los desarrollos orquestales de manera que todo fluía correctamente, dando como resultado una gran interpretación por parte de todos y una gran ovación por parte del público.   



La segunda parte del programa estaba dedicada a la interpretación de la “Sinfonía nº 1 en do menor, Op. 68”  de Brahms, o la “Décima” de Beethoven tal y como la denominó el director y compositor Hans von Bulow. Intenso trabajo por parte de Graf en la dirección de orquesta de principio a fin, pero especialmente en el segundo y el tercer movimiento en contraste con la tensión del Allegro inicial. La obra finalizó con la cadencia al estilo de Beethoven  y se llevó una gran ovación de un público que agradeció la sonoridad del romanticismo.

Crítica de Mar Norlander publicada en La Nueva España

jueves, 9 de mayo de 2019

Apostando por el L.E.V.

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XIII Festival de Creación Audiovisual. Teatro de la Laboral, sábado 4 de mayo.

El Laboratorio de Electrónica Visual (L.E.V.) culmina su decimotercera edición con un gran despliegue de exposiciones, instalaciones y conciertos durante  cuatro días, dejando de manifiesto que si este festival no existiera habría que inventarlo. De hecho, es uno de los eventos más importantes de Gijón y una buena disculpa para poner a esta ciudad en el mapa mundial de la vanguardia. Dicho esto, en cuanto a música no todo vale. Y si apuntábamos sobre estas líneas la poca calidad artística que tuvieron las propuestas de la jornada del viernes en el Teatro de la Laboral, la jornada del sábado tuvo sus más y sus menos.

Para empezar el colectivo berlinés “Transforma”  traía una propuesta llamada “Manufactory”, una performance audiovisual con música de Sascha Ring y coproducida, entre otros,  por el propio L.E.V. Desconozco las cifras de la inversión en este proyecto, pero viendo el resultado final es dinero tirado. Se vendió como “mezcla asombrosa de coreografía, vídeo en directo, grabaciones de campo y concierto, para homenajear al trabajo manual, desde los procesos artesanales hasta las fábricas y los ciclos de producción de la era industrial”. El adjetivo “asombrosa” sobra, lo demás es correcto si consideramos el rutinario movimiento de manos y algún paseo por el escenario como coreografía. Fue una performance aburrida, falta de ideas, de coordinación, de luz y de sonido. La perfecta excusa para echar una siesta en las cómodas butacas del teatro después de haber vivido una intensa noche de música electrónica en la Nave de la Laboral por parte de muchos de los asistentes.
Caterina Barbieri se ha convertido en un referente de las investigaciones sonoras en este tipo de eventos. La italiana y el artista visual Ruben Spini presentaron su primer show “A/V”, un proyecto de interacción entre humanos y naturaleza que no sorprendió tanto como se esperaba. A través del ordenador y la mesa de mezclas ofrecieron una muestra de sonidos  procedentes del techno más ochentero, época en la que los sintetizadores analógicos tuvieron su auge. A base de arpegiadores y secuenciadores manipulados más o menos en directo la música iba transitando por distintos cuadros sonoros con imágenes de gran colorido y movimiento lento. Algún pasaje recordó a la música del famoso Tetrix, solo que con más calidad al no ser una muestra de 8-bits  Con este proyecto Barbieri, a diferencia de otros que ha presentado a lo largo de su trayectoria, no aporta nada nuevo.

Traer un espectáculo de la creadora visual Alba G. Corral es una apuesta segura para el L.E.V. Ya estuvo en anteriores ediciones, siempre dejando el listón muy alto y en esta ocasión volvió a sorprender con una propuesta junto con el músico  Alex Augier, que nos visitó hace un par de ediciones. Los dos, metidos en una especie de jaula ovalada cubierta con una tela semitransparente crearon un universo sonoro y visual a base de luz, color, muestras de sonido originales y tiempos bien medidos, convirtiendo el espectáculo en una experiencia hipnótica. El público lo agradeció con una estruendosa ovación.

Por lo tanto, aunque esta no haya sido una de las mejores ediciones del L.E.V., en lo que se refiere a los conciertos del Teatro de la Laboral, hay que seguir apostando por este festival, porque es necesario para dar cabida a todas esas inquietudes creativas que, sin duda, marcan el futuro audiovisual.

Crítica de Mar Norlander publicada en La Nueva España

L.E.V.: Estrenos efímeros

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Schnnitt + Gianluca Sibaldi; Myriam Bleau; Elias Merino & Tadej Droljc: XIII Festival Internacional de Creación Audiovisual de Gijón. Teatro de la Laboral, viernes, 3 de mayo.
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La programación musical del Laboratorio de Electrónica Visual (L.E.V.) llegó el viernes al Teatro de la Laboral con un cartel que prometía sobre el papel, pero visto lo visto defraudó bastante. En los foros especializados se había creado expectación por ver el estreno mundial “ScanAudience”, una propuesta del compositor italiano Gianluca Sibaldi junto con “Schnnitt”, formado por Marco Monfardini y Amelie Duchow. Como se propio título indica, “ScanAudience” es una performance donde se escanea al público -concretamente a las primeras filas-, generando distintos sonidos e imágenes en tiempo real a partir de las características de los espectadores.  El resultado no deja de ser algo anecdótico que dista mucho de convertirse en una obra de arte. Visualmente resulta monótono y nada entendible, magnificado por una pantalla gigante donde concurren diferentes líneas en varias direcciones, con predominio de los colores grises, rojos y negros. Musicalmente (por decirlo de alguna manera), se trataba de una amalgama de sonidos industriales poco originales y sobrepasados de volumen, que por momentos provocaron cierto temor a sufrir algún daño en los tímpanos. En definitiva, nada interesante.

Las performance de la compositora y artista digital Myriam Bleau no suelen pasar inadvertidas: en sus propuestas siempre aporta algún elemento original y en esta edición del L.E.V. no iba a ser menos. Presentó por primera vez en España su proyecto “Ballistics”, en el que unas esferas luminosas equipadas con sensores de movimiento y mapeadas por láser, se desplazaban por el escenario con movimientos pendulares provocados por la artista canadiense, produciendo diferentes sonidos y dinámicas.  La idea es compleja y se notaba muchas horas de trabajo detrás, pero el escenario no es el más adecuado para poder apreciar la calidad y el esfuerzo. En un entorno más pequeño hubiera lucido mucho más. Y de nuevo es necesario resaltar el altísimo volumen por momentos de la performance. ¿Para qué tanto?

Otro estreno mundial tuvo lugar de la mano del español afincado en el Reino Unido Elías Merino, junto con el compositor audiovisual esloveno Tadej Droljc. En esta ocasión correspondía a la segunda parte de la instalación “Spaceless Latitudes” -presentada en la edición anterior del L.E.V-, titulada “Synspecies”, que abordaba el proceso de desintegración de espacios estelares, inspirado en ecologías virtuales. En la pantalla quedaba visualmente muy llamativa cuando se producía la ruptura de distintas figuras y, además, perfectamente sincronizada con los sonidos algorítmicos, por ello la primera mitad del espectáculo resultó bastante creativa. La segunda mitad fue más monótona al no aportar ningún elemento nuevo sonoro o visual.  En esta ocasión el volumen estaba perfecto.

En definitiva, una noche cargada de estrenos muy vanguardistas pero difícil de constatar como obras de arte en este terreno tan efímero como es la electrónica visual.
Crítica de Mar Norlander publicada en La Nueva España