lunes, 22 de abril de 2019

OSPA: Música apropiada para la Semana Santa



Concierto Extraordinario de Semana Santa: Orquesta Sinfónica del Principado de Asturias (OSPA), Coro de la Fundación Princesa de Asturias, Rossen Milanov (director), Ewa Tracz (soprano, Mireia Pintó (mezzosoprano), David Menéndez ( barítono). Teatro Jovellanos, 11 de abril.

La elección de dos obras creadas en el siglo XX para celebrar el “Concierto Extraordinario de Semana Santa”  no consiguió despertar la curiosidad del público y la butaca del teatro Jovellanos se quedó a medias, aunque el anfiteatro casi se llenó. Y es una verdadera lástima, porque un concierto de esa magnitud necesita un gran despliegue de medios y de recursos: gran parte de los componentes de la OSPA, el Coro de la Fundación Princesa Sofía y tres cantantes solistas de gran nivel; casi había más personas en el escenario que en la butaca. También hay que decir que entre las dos obras musicalmente no llegan a la hora de duración y eso es algo negativo a la hora de pagar una entrada.  Aún así, es triste que el público no sepa apreciar la calidad musical que tenemos en Asturias.


“Los Improperios” de Federico Mompou fue la primera elección del concierto, una de las grandes obras maestras del compositor catalán basada en los versículos que se cantan en el oficio del Viernes Santo, durante la Adoración de la Cruz. La carga dramática del texto que narra los reproches de Dios al pueblo de Israel por haberle llevado a la crucifixión, fue musicada por Mompou de manera sublime, cargada de contrastes y armonías expresivas sobre las que se dibuja una gran belleza melódica. El preludio orquestal dio paso a la voz de David Menéndez como barítono solista, con un precioso timbre y magistral dominio de la voz, sobre todo en las secciones más piano. El coro sublime en las respuestas y apoyado por la orquesta, cuya labor en esta ocasión es enfatizar el texto de las voces.

Para la segunda parte se escogió “Stabat Mater” de Karol Szymanowski, una obra que significó un cambio ideológico en el compositor polaco y está basada en la secuencia del siglo XIII que expresa el sufrimiento de la Virgen María ante la crucifixión de su hijo. Las tres voces solistas (soprano, mezzo y barítono) se repartieron el protagonismo, siendo la más destacada la soprano Ewa Tracz,  en cuya biografía cita haber obtenido el doctorado como cantante solista en la Academia K. Szymanowski: este dato corrobora el acierto al seleccionar a la soprano para un papel tan significativo. Mireia Pintó también estuvo magnífica en su papel de mezzosoprano, al igual que David Menéndez. El coro muy comedido y bien afinado, se encargó de darle sentido a la carga emocional que requiere tan magnífica obra y brilló en el cuarto número “Hazme contigo llorar”. Muy equilibrada la dirección coral con la dirección orquestal a cargo de Rossen MIlanov, al que siempre destacamos por su elegancia a la hora de dirigir.

El poco público presente correspondió gratamente ovacionando dos obras breves y con sonoridad del siglo XX, pero dos obras magníficas y muy apropiadas para adentrarnos en el significado de la Semana Santa.
Crítica de Mar Norlander publicada en La Nueva España

Alejandro Gómez: Joven pero sobradamente preparado

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Alejandro Gómez Pareja (violonchelo). Sociedad Filarmónica de Gijón. Teatro Jovellanos 10 de abril.

Una gran  carrera musical como intérprete solista es lo que le espera a Alejandro Gómez Pareja de la mano de su violonchelo. Su actuación en el teatro Jovellanos, invitado por la Sociedad Filarmónica de Gijón -dentro del “Ciclo Jóvenes Intérpretes” de la Fundación Alvargonzález-, dejó al público sorprendido, primero por su gran interpretación de obras muy osadas y segundo por su juventud. Con su expresividad y gestualidad llenaba el escenario, y captaba las miradas de todos. Visto de cerca sorprendía su cara de niño: tan sólo tiene diecisiete años. “¡Tan joven y con tanto talento!”, fue la frase más escuchada al finalizar el concierto.   
La “Sonata para violonchelo y piano Op. 5 nº 2 en Sol menor” le supuso a Beethoven una caja llena de luises de oro de parte del rey Federico Guillermo II de Prusia para quien fue compuesta y, según nos cuenta la musicóloga Carla Miranda en las notas al programa, Beethoven decía que no era un regalo cualquiera, sino el mismo que se les hacía a los embajadores. Una gran obra dividida en tres movimientos en la que destaca la interpretación del “Allegro molto piú tosto presto”. El chelista estaba acompañado por la pianista Rosalía Pareja Flores cuya limpieza y claridad en la ejecución de toda la obra es muy destacable, si bien se mantuvo en segundo plano para no robarle protagonismo a su hijo.

En la “Introducción, tema y variaciones Op. 82 nº 2” fue, quizás, donde más se evidenció la  juventud del chelista al atravesar las endiabladas ornamentaciones de las variaciones con alguna dificultad en la afinación. Quizás requiera algunos años más para lucir esta obra  de Franz Schubert.

La “Sonata para violonchelo y piano nº 1, Op. 38 en Mi menor” de Brahms bebe de muchas influencias y estilos compositivos anteriores, principalmente de Bach y Mozart. Una obra de gran dificultad por la expresividad y el dramatismo que emana en algunos pasajes. Destaca la compenetración del dúo que se intercambiaban frases con gran empaste. Gómez Pareja brilló en la interpretación y levantó una gran ovación entre los presentes. Como propina la “Danza de Fuego” del “Amor Brujo” de Manuel de Falla. Fantástica.

Sin duda, el ganador del primer premio del XX concurso “Villa de Llanes” del 2018, es un joven talento que ha estudiado mucho, que vive la música con intensidad y entusiasmo y lo transmite en el escenario. Buen futuro en la música clásica le espera a este joven madrileño.
Crítica de Mar Norlander publicada en La Nueva España

jueves, 18 de abril de 2019

Rufus Wainwright: Más allá del pop

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Rufus Wainwright: Gijón Sound Festival. Teatro de la Laboral, domingo 7 de abril.

El Gijón Sound Festival clausura la presente edición con el cantante canadiense Rufus Wainwright, una de las figuras más carismáticas y sobresalientes del pop alejado del  mainstream, si es que podemos englobar dentro del género pop toda la música que hace Wainwright. Con unos cuantos álbumes que consolidan su larga trayectoria -entre los que figuran dos óperas y varias bandas sonoras-, celebra el vigésimo aniversario de su primer trabajo (1998) y arranca la gira en Gijón, presentando un concierto dividido en dos partes: la primera basada principalmente en temas de su primer disco y la segunda con canciones de “Poses” (2001), su segundo trabajo y responsable de su éxito.

Ataviado con impecable traje de rayas y un sombrero propio de los cuentos de Charles Dickens cantó “April Fools”, tal como hacía en sus primeros conciertos. Con una canción fue más que suficiente para comprobar que mantiene la voz en plena forma: su buena técnica vocal y la calidad de su  timbre es más notable en directo que en sus grabaciones. La vena folk está presente en sus melodías y en parte de sus arreglos,-es hijo del famoso cantante de folk Loudon Wainwright III y de la cantante canadiense Kate McGarrigle, de las legendarias hermanas McGarrigle-. La buena formación musical que ha tenido a lo largo de su vida es evidente y lo transmite en sus composiciones, como en “Foolish love” con arreglos propios del music-hall.

Aunque la primera parte del concierto languidecía por momentos, con demasiados temas lentos, siempre había algún t arreglo sorprendente que te sacaba del ensimismamiento, como “Blue” dedicado a Joni Mitchell por su reciente 75º Aniversario en el que Wainwright estuvo presente.

Después del breve descanso salió a escena con una colorida capa para interpretar el disco  “Poses”. Gran disco y curiosos arreglos en directo, con temas como “Greek Song”, cuya melodía está extraída de una ópera de Mascagni. Acompañado por buenos músicos durante toda la actuación sonaron brillantes interpretaciones, como en “Cigarettes and chocolate milk”, con pinceladas sonoras extravagantes y de gran calidad. Para cerrar el concierto una estupenda versión de Lennon y McCartney, “Nothing’s gonna change my world”, que puso al público en pie.

Rufus Wainwright tiene la capacidad de decorar una canción con armonías complejas, modulaciones y timbres sorpresivos más propios de otros géneros  y hacer que encajen en una melodía pop sin que suene a pastiche. Algunos de sus temas son óperas contemporáneas de tres o cuatro minutos de duración. Y es que con las composiciones de Wainwright el género pop amplía sus fronteras, por eso es tan diferente y por ello es tan respetado.

Crítica de Mar Norlander publicada en La Nueva España

El Gijón Sound y Rozalén



Rozalén: Festival Gijón Sound, 2019. Teatro de la Laboral,
sábado 6 de abril, 2019.


“Identidad, cooperación, sostenibilidad,[...] son los VALORES
por los que apostamos desde Gijón Sound”, con esta frase se
define el Festival más emblemático de la ciudad en esta
edición del 2019. Y todo esto suena muy bien sobre papel
pero viendo el cartel yo me pierdo en el primer adjetivo:
“identidad”. A estas alturas creo que ni el gran musicólogo
y experto en la materia Eduardo Viñuela,  podría definir la
identidad del Gijón Sound. La noche del viernes en la sala
Acapulco pudimos ver a “Jacco Gardner´s Somnium”, que,
sin entrar a valorar la mediocridad de su propuesta, su
sonido es más propio de otro emblemático festival de Gijón,
el L.E.V. Después, en el mismo recinto “The Mani-Las”: un
trío femenino de punk-rock” que encajaría mejor en el
“Tsunami” si se lo tomaran en serio e hicieran algo más que
un pase de cuarenta minutos con versiones resultonas,
porque materia prima hay y de la buena. El sábado Rozalén
en la Laboral, fácil de entrar en cualquier festival excepto en
los anteriores, y de noche en el Ayuntamiento “Morgan”y
“La Casa Azul”. Estos dos últimos  encajan perfectamente en
mi concepto del Gijón Sound. Creo que pretender abarcar
tanto, en aras de la “diversificación” y de la “inclusión” hace
que las identidades se diluyan y me recuerda a las propuestas
de algunos partidos políticos en esta campaña electoral.
Cientos de fans se quedaron sin entradas para el concierto de
Rozalén, sin embargo, las primeras filas detrás del foso de la
Laboral estaban vacías. El motivo, la venta de abonos para el
festival, es decir, muchos de los abonados estaban
interesados en otros conciertos o simplemente no querían ver
a Rozalén y dejaron sus asientos sin ocupar. Muy lícito,
pero raro. Yo me pregunto, ¿esto de los abonos no sería más
práctico para conciertos que se disfrutan de pie? Amén de que
los horarios no están bien estudiados y varios conciertos se
solapan: los que asistieron al de Rozalén no llegaron a tiempo
para ver a Morgan, por ejemplo. Creo que sería conveniente
darle alguna vuelta a este asunto y evitar estos infortunios.


Pero mi cometido es hablar del estupendo concierto que
ofreció la gran artista manchega Rozalén. Prácticamente el
mismo que ofreció en febrero del 2018, el mismo repertorio
extraído de sus tres discos pero en otro orden. Si
exceptuamos la ausencia de Marisa Valle Roso como artista
invitada, también vimos la misma puesta en escena que en
el concierto anterior: los mismos discursos, los mismos
músicos, la fabulosa  traducción de las letras en lenguaje de
signos por parte de Beatriz Romero, el mismo decorado, etc.
Sin embargo, esta vez sonó mejor, si cabe. Con más
presión, más empaste y todo mucho más trabajado, fruto del
tiempo de rodaje. Aunque Rozalén no haya aportado ningún
tema nuevo la evidente complicidad entre los componentes
de la banda y la calidad artística provocaba que los temas
fluyeran uno tras otro, con pequeñas diferencias en los
arreglos y una gran riqueza de matices.
Un gustazo de concierto de casi dos horas y media.
Por lo tanto, siempre es agradable asistir a un concierto de
Rozalén, aunque no encaje en un festival como el Gijón Sound.


Crlítica de Mar Norlander publicada en La Nueva España

Revólver arranca en Gijón

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Revólver. Teatro de la Laboral, viernes 29 de marzo.


La banda “Revólver” vuelve con toda su artillería a Gijón para iniciar la gira de su álbum “Básico IV”,
que saldrá a la venta a finales de abril. El lugar escogido según Carlos Goñi es porque “empezar
la gira aquí hace que me sienta más cómodo”. Quinta vez que arranca en Gijón y todo un privilegio
para los fans que nunca fallan, de hecho abarrotaron el teatro sabiendo que el concierto iba para
largo, porque Carlos Goñi tiene cuerda para rato y los conciertos de “Revólver” son así.


Después de una larga parrafada de bienvenida por parte de Goñi sonó  “Boulevard de los idiotas”
y el clásico “Lisa y Fran” sólo con guitarra y voz. Estuvieron correctas porque son buenas
canciones, pero con todo el grupo suenan mejor y se notó la presión de los músicos cuando llegó
“Más tequila” o  “Frío de Madrid”, adornada con las sutilezas del clarinete sobre el piano,
empastado perfectamente con la guitarra y la base rítmica.


“Básico IV” está formado por las canciones más emblemáticas de la larga trayectoria de
“Revólver”, que comienza con “Básico I” -álbum que significó el primer “unplugged” de la
música española-  y que en 2018 celebró el vigésimo quinto aniversario desde su nacimiento.
Además de las más aclamadas en los conciertos aciertan rescatando algún tema menos
frecuente, como “21 gramos”, recuperada del disco del 2008 y tocada con aires nuevos.
También se rescató “Eso de saber”, después de diecisiete años sin volver a tocarla, un tema
que no suena tanto a “Revólver” pero que tiene su aquello.  


Este nuevo disco también trae dos canciones nuevas, que en el concierto fueron intercaladas
entre el repertorio más exitoso. La primera “No escupas al suelo”,  creada por Goñi un día que
se fue a un pueblo de Euskadi “a descargar un poco la mochila”. Un tema intrascendente sin
nada nuevo que aportar. La segunda, más original  y llamada a ser un nuevo himno, es esa
de estilo sabinero cuyo estribillo dice: “Olvidé nuestra canción/ la que nunca se escribió/
cuando en el próximo baile/ mientras barren el salón/ cuando  ya no quede nadie/
que nos amargue la tarde/ queriendo ser tú y yo/ cuando en el próximo baile/
ahora que los dos volvemos/ a dejar de ser los dos”.
Esta canción está muy bien construida con una armonía enriquecida, una  guapa melodía
y una fantástica letra. El único defecto es que está demasiado baja de tonalidad y la voz se
oye forzada en graves. Un tono y medio más alto estaría perfecta.

El resto del repertorio fue a base de grandes temas como la mítica “El Dorado” o
“Faro de Lisboa” que sonó más fresco, “Dentro de tí”, donde el saxo se crecía con buen
sonido y sugerentes fraseos, al igual que en “Black-Jack”. Muy guapo el empaste entre
acordeón y piano en la canción “Odio”, que fue la tónica en casi todo el repertorio. Echamos
de menos la voz de Luz Casal cuando gritaba aquello de “que el amor es un misterio y que
importa sólo a dos”, en la famosa canción “Besaré el suelo”, cuyo compositor es Carlos Goñi.
Y es que el líder de “Revólver” se mantiene en la primera línea del pop español porque, además
de ser buen músico, es capaz de crear grandes canciones para él y para otros artistas.
Un privilegio tenerlo aquí.
Crítica de Mar Norlander publicada en La Nueva España