viernes, 22 de noviembre de 2019

Chassol: Jazz de vanguardia

Resultado de imagen de chassol jazz gijon
Chassol. Festival  JazzGijón. Teatro Jovellanos, viernes 8 de noviembre  

El teatro Jovellanos acierta al programar en el Festival de Jazz una propuesta avanzada y diferente de la mano del pianista Christophe Chassol.  Teniendo en cuenta que el Festival de Jazz en los últimos años se ha extendido por diferentes puntos de la ciudad, con programaciones en distintos centros culturales situados en barrios periféricos, donde podemos escuchar jazz más tradicional y donde se repiten una y otra vez los sempiternos estándares de jazz extraídos del Real Book, es labor del Jovellanos ir un paso más allá y apostar por las nuevas creaciones y las propuestas más vanguardistas; aunque rocen los límites de la clasificación dentro del género jazzístico y aunque el público no responda, como es el caso de este concierto que se quedó en media butaca. 

Chassol presentó  “LUDI”, una obra inspirada en la novela  “El juego de los abalorios” del premio Nobel de Literatura Hermann Hesse, en la que combina proyecciones fílmicas, música grabada y música en directo. La obra de Chassol se estructura en cinco partes y una introducción, en la cual queda explícita la conexión con la obra de Hesse con la proyección del texto, bien sobre pentagramas o directamente del libro, y en la que Chassol captura cada sílaba de los versos con notas musicales al estilo Hermeto Pascoal.  Impactante fue la sincronización de imagen y sonido de la primera parte “Un Jeu de Peries de Verre”, en la que disfrutamos de una mezcolanza de sonoridades emitidas por niños jugando en parques, improvisaciones en directo del batería Mathieu Edouard junto con los teclados de Chassol y un trío de voces y una flauta travesera que formaban parte de la proyección. 

La segunda parte “Arcades & Jeux de Mains”, en la que los videojuegos clásicos eran los protagonistas, estuvo excesivamente larga y menos inspirada al crear ambientes oníricos sin definición. Algunos espectadores se aburrieron y optaron por abandonar el teatro perdiéndose lo mejor de la obra de Chassol a mi juicio: la recreación de “Concerto pour Flute & Basket Ball”. Esta parte ofreció una amalgama rítmica compleja y rica en texturas en perfecta sincronización con los movimientos del balón, destacando la labor del batería y las improvisaciones de la flauta travesera. Todo un espectáculo que dejó ensombrecidas las dos últimas partes, que también presentaron aspectos novedosos e interesantes musicalmente hablando, aunque no tanto como la recreación del baloncesto. 

Como propina los dos músicos presentes en el escenario demostraron sus habilidades técnicas y creativas en directo, causando el agrado del público que reclamó algo más. En el bis se ofreció la proyección de un trabajo anterior titulado “Odissi”, en el que pudimos ver danzas de mujeres indias. Resulta singular ver la deconstrucción de las danzas al incorporar música totalmente diferente y darle un sentido totalmente nuevo. Sin duda, una novedad muy atractiva. 

Chassol entiende el jazz de una manera singular y es capaz de sumergir al espectador en ambientes sonoros que invitan a la reflexión sobre los límites de la música. Todo un acierto para este Festival de Jazz que se consagra como referente del género. 

Crítica de Mar Norlander publicada en La Nueva España

lunes, 28 de octubre de 2019

Cooper: Adiós al abanderado del mod


Imagen relacionada
Cooper. Sala Albéniz, sábado 26 de octubre.

Con el Festival Euroyeyé -el más importante del mundo centrado en la cultura mod-, en plena incertidumbre respecto a las próximas celebraciones y la despedida de Álex Cooper de los escenarios,  la cultura mod se queda a las puertas de la orfandad en España. Gijón era una cita obligada en esta gira despedida de uno de los principales abanderados del movimiento mod después de más de tres décadas de carrera musical. La sala Albéniz fue el lugar escogido para reunir  a una buena representación de esta tribu urbana, que aprovechó la ocasión para sacar del armario las parkas y otras muestras de elegancia sartorial cargadas de pequeños detalles, para complementar las caras sin sombras con peinados a lo garçon o french crop.

El público no estaba allí para escuchar exquisiteces musicales, de hecho hubo unos cuantos errores de ejecución y no sonó especialmente bien, salvo excepciones. Daba igual, lo que pretendían  los asistentes era pasárselo bien recordando grandes temas de “Los Flechazos” y de “Cooper” en solitario. Objetivo cumplido, porque sonaron canciones chulas y porque durante todo el concierto se transmitió muy  buen rollo desde el escenario. Acompañado por teclado, bajo, batería y guitarra (este último a medio gas por una lesión en la muñeca), puso al Albéniz a votar con canciones como “En el Club”, el gran éxito de su paso por “Los Flechazos”. Saxo y trompeta completaron el escenario en algunos temas, aportando un sonido más contundente y brillante como en “Islandia” o “En el asiento de atrás”. Con arreglos a tres voces para ensalzar los estribillos lo mejor que pudimos escuchar fueron los coros, sin duda.

Las muestras de cariño y las ovaciones estuvieron presentes durante toda la velada y Álex Cooper fue generoso con los bises (nada menos que seis). “Me conformo”, una canción de los 60’ del grupo “Los Mitos” que Cooper dedicó a todos los amigos mod de Asturias, puso la nota final del concierto y todo apunta a que no habrá arrepentimiento. O quizás sí, ya se sabe que los artistas sufren la adicción a los escenarios mientras viven. Sin embargo, Álex Cooper siempre ha sido coherente con sus principios, con sus ideas y con el respeto que siente por una cultura calada en la working class. A partir de ahora cabe preguntarse qué será de la escena  mod. Puede que se apague poco a poco o que se reinvente de nuevo, aunque se suele decir que su modo de vida no tiene fecha de caducidad, por lo tanto, su música tampoco. 

Crítica de Mar Norlander publicada en La Nueva España

Me quedo con Jekyll y con Hyde

Resultado de imagen de jekyll & hyde el musical teatro laboral
“Jekyll and Hyde”, el musical. Teatro de la Laboral, viernes 25 de octubre.

Solamente por escuchar el poderío vocal del protagonista merece la pena ver el musical  “Jekyll and Hyde”, en su nueva representación en el teatro de la Laboral. La adaptación de la fascinante novela creada por Robert Louis Stevenson “El extraño caso del Dr. Jekyll y Mr. Hyde”, ha dado y sigue dando para mucho: películas de cine y televisión, adaptaciones teatrales y, por supuesto, diferentes versiones de musicales, con protagonistas de la talla de Raphael, que llenaba los teatros día tras día durante tres años de vigencia a principios del nuevo milenio. El mexicano Abel Fernando no tiene tanto gancho mediático como Raphael para llenar salas, de hecho había poco público en la sala. Sin embargo, su voz es espectacular, capaz de adaptarse a las exigencias de voz limpia, clara y potente que representa al Dr. Jekyll y voz ronca, casi gutural y desgarradora que representa al maléfico Mr. Hyde. Magnífico en ambos registros. El resto ya requiere sus matices. 

La puesta en escena está bastante lograda. Diferentes decorados con gran protagonismo de la niebla y unas luces austeras, sitúan al espectador en las escenas claves de la trama que se desarrolla en la época victoriana londinense. Algunas coreografías y cambios de vestuario contribuyen a que la historia sea creíble. 

En cuanto a los arreglos musicales se ha tirado de clichés efectistas que siempre funcionan bien. Se pueden apreciar los distintos leitmotivs para cada personaje, armonías muy consonantes con melodías pegadizas para representar al bueno de Jekyll, mientras que con el maligno Hyde se utilizan arpegios repetitivos y cíclicos habituales en este tipo de personajes (La Profecía, por ejemplo), con la aportación de un sonido de clavicordio. Las escenas del prostíbulo también muy estereotipadas, con ritmos cabareteros y sonidos de acordeón. Es decir, musicalmente hablando es prefabricado y no hay nada de originalidad, pero lo que hay funciona bien. 
Los coros estuvieron brillantes en todos sus números, con un gran empaste vocal e instrumental. Menos acertada estuvo la voz de Emma (novia del Dr. Jekyll), con ligeros errores de afinación en varias intervenciones, aunque muy acertada en el timbre y en las modulaciones vocales. Por el contrario, Lucy (amante de Mr. Hyde) destacó tanto en interpretación como en voz. 

Al igual que en la zarzuela, cantar para un espectáculo como este requiere tener una gran técnica vocal, principalmente por los continuos cambios de la voz hablada a la voz cantada. Por este motivo muchos cantantes de ópera rechazan la zarzuela y los musicales, porque conlleva un deterioro de las cuerdas vocales. Este musical, además, requiere un plus porque el protagonista tiene que representar dos personajes antagónicos. El papel le viene como anillo al dedo al barítono Abel Fernando. De hecho, fue impactante la escena final que representa la lucha entre Jekyll y Hyde, con los cambios medidos milimétricamente. Un gran trabajo en ambos registros en el que hay empate técnico, por lo tanto no se si me quedo con Jekyll o prefiero a Hyde. Sin duda, el papel del barítono es lo mejor del espectáculo y aunque sólo sea por escuchar su voz merece la pena ver, una vez más, este extraño caso convertido en musical.
Crítica de Mar Norlander publicada en La Nueva España

lunes, 21 de octubre de 2019

Amaia: Oportunidad perdida

Resultado de imagen de amaia teatro laboral

Amaia. Gira “Pero no pasa nada”. Teatro de la Laboral, viernes 18 de octubre. 

El disco debut de la eurovisiva ganadora de la última edición de Operación Triunfo está formado por un paquete de canciones que no sobrepasan la barrera de la mediocridad o como diría un asturiano de arraigo “cancionines de perrona”. El título del disco “Pero no pasa nada”,  podría interpretarse como una muestra de humildad, haciendo eco de la personalidad que Amaia ha mostrado en toda su trayectoria televisiva. Pero, en realidad sí que pasan muchas cosas. Pasa que esta chica ha tenido una serie de oportunidades con las que la mayoría de los artistas de su nivel no se atreverían ni a soñar. Y es que está muy bien querer tener el control de toda su carrera musical, evitando la manipulación del entramado de la productora Gestmusic, pero es importante ser consciente de las limitaciones propias y saber delegar en otros profesionales. Sobre todo, como he dicho antes, porque ha tenido una gran oportunidad. 

Su puesta en directo en el teatro de la Laboral agrupó a muchos fans y curiosos, logrando llenar tres cuartos de butaca. Empezó sola con el piano rodeada de un gran despliegue floral, entonando “No me interesa”. Luego se sumaron los cuatro músicos que forman su banda y una a una sonaron todas las canciones del disco. La voz,  por momentos mal ecualizada, sonaba chillona en algunos temas que requerían fuerza en tesituras altas. En cuanto al acompañamiento, los arreglos instrumentales que arropaban a las melodías eran de una simpleza que rozaban el aburrimiento.  

Muy osada su interpretación en directo de una de las piezas de la suite para piano “Iberia”, del compositor Isaac Albéniz. Aunque “El Puerto” sea una de las obras más cortas y sencillas de esta suite todo lo de Albéniz es difícil y requiere un gran dominio. Y no sólo es cuestión de dedos, se necesita madurez para que fluya. Ella misma confesaba que la había estudiado este año para examinarse en el conservatorio y también reconocía que algunas partes necesitaban más ensayo. Para una prueba de conservatorio está muy bien, pero para tocarla en directo en un teatro como el de la Laboral son necesarias muchas más horas de estudio. No basta sólo con una confesión de humildad. 

No todo es negativo, Amaia es una gran cantante con una potente voz y una perfecta afinación. Además, tiene cualidades más que suficientes para interpretar sus propias canciones con el piano, sin necesidad de tocar por Albéniz.  El problema es que las canciones no son buenas, no hay buenos arreglos ni melodías interesantes. Tampoco hay una buena producción, pero lo peor son las letras: parecen escritas por estudiantes de secundaria en el reverso de sus libretas cuando están aburridos en clase de matemáticas. 


En definitiva, esta chica ha tardado en sacar un disco el triple de tiempo que cualquiera de sus compañeros y, sin embargo, ha perdido una oportunidad de oro. Posiblemente tendrá más ocasiones. Si surgen,  lo mejor que puede hacer es arroparse de buenos arreglistas y buenos letristas, es decir, hacer caso a los profesionales. Si no lo hace caerá en el olvido, como tantos otros de OT. 
Crítica de Mar Norlander publicada en La Nueva España

Rosa Torres Pardo mejor que Lang Lang

Resultado de imagen de rosa torres pardo teatro laboral

Rosa Torres Pardo. XX Edición del Festival Internacional de Piano de Gijón. Teatro de la Laboral, jueves, 22 de agosto. 

Me consta que hay muchos aficionados a la música pianística que pagarían cientos de euros por asistir a un concierto de Lang Lang, sin embargo han estado reacios a pagar unos pocos euros por escuchar a una eminencia del piano como Rosa Torres Pardo, a juzgar por las múltiples butacas vacías del Teatro de la Laboral. Allá ellos y su supina ignorancia o esnobismo. Sin desmerecer al chino que va sobrado de dedos, de inteligencia, de técnica, de ideas y de todo lo concerniente al piano, pero yo me quedo con Torres Pardo, y más si interpreta a Debussy y Granados, como es el caso de su visita a Gijón para el vigésimo cumpleaños del Festival Internacional de Piano.

Varias veces ha visitado estas tierras y sus conciertos siempre son más que gratificantes, porque es una pianista brillante y segura. Así lo demostró abordando la “Suite Bergamasque” de Debussy, inspirada en las Fiestas Galantes del poeta francés Paul Verlaine. Los contrastes del “Preludio” dieron paso al singular “Menuet”, que Torres Pardo interpretó con soltura y delicadeza. Con la interpretación del famoso “Claro de Luna”, originalmente titulado “Promenade Sentimentale”, y los arpegios picados del “Passepied” dejó claro que la pianista domina totalmente al compositor francés, cuya obra está sólo a la altura de los grandes. 

De Debussy aún faltaba “Estampes”, estrenada por el pianista catalán Ricardo Viñes en 1904, que consta de tres piezas cortas e incluye la maravillosa “La Soirée dans Grenade”, de la que Manuel de Falla comentaba: "No hay ni siquiera una nota de esta música prestada del folklore español, y sin embargo, toda la composición en sus más mínimos detalles, expresa admirablemente España". Con la magnífica interpretación podíamos sentir el ritmo de las castañuelas y el zapateado de los pies. ”Jardins sous la pluie” es la última de las tres piezas de “Estampes” y la más difícil técnicamente, pero para Torres Pardo parecía un juego de niños. 
Pausa necesaria para desconectar del universo debussiano y sumergirse en Granados que, aunque contemporáneo del francés nada tiene que ver. A la pianista no le cuesta conectar con Granados, se podría decir que ya lo lleva en su ADN porque son muchas las horas que ha dedicado a este compositor muerto en un naufragio junto a su esposa, al ser bombardeado por un torpedo alemán durante la Primera Guerra Mundial,

Tres piezas de la historia de amor, de celos y al final la muerte, presente en “Goyescas” fueron la elección de Torres Pardo para finalizar su recital. Esta obra, inspirada en el pintor aragonés y convertida más tarde en ópera, fue interpretada por la pianista con gran solvencia y unidad estilística, mostrando todo el universo rico y complejo que Granados escribió.  Y es que Torres Pardo domina el repertorio español como pocos. En mi opinión, la pianista madrileña interpretando a Granados está a la altura de la gran Alicia de Larrocha, desaparecida hace una década.

Crítica de Mar Norlander publicada en La Nueva España.

Nikita Mndoyants: El pianista ruso sube el listón

Resultado de imagen de Nikita Mndoyants piano teatro jovellanos
Nikita Mndoyants. XX Festival Internacional de Piano de Gijón. Teatro Jovellanos, martes, 20 de agosto. 

Elegante y precisa fue la interpretación de Nikita Mndoyants, en su concierto del teatro Jovellanos. Sonatas de Beethoven y Brahms protagonizaron una de las jornadas más esperadas del Festival Internacional de Piano, que mantiene su gran prestigio con invitados de lujo como el pianista ruso.

Comenzó con la “Sonata para piano n.º 17 Op. 31 No. 2”, más conocida como “La tempestad” de Beethoven. Si el primer movimiento fue discreto pudimos comprobar en el “Adagio” la gran capacidad de Mndoyants para captar el drama de la obra, creada en uno de los momentos más duros de la vida del compositor al confirmarse su sordera.  Fue escrita al mismo tiempo que la Sinfonía nº 3 (La Heróica) y comparte con ésta ciertas reminiscencias de carácter apasionado. El pianista ruso concluyó con mucha solvencia el tercer y último movimiento “Allegretto”, para brillar técnicamente con la siguiente obra del programa, la  “Sonata Op. 31, No. 3” conocida como “La Caza”, también del de Bonn. Los dedos ya estaban en forma para interpretar magistralmente esta obra de interpretación difícil a la par que menos frecuente y el cuarto movimiento “Presto con fuoco” fluyó con absoluta destreza al galope, a ritmo de tarantella.

Tras la pausa, escuchamos “Intermezzo”, una breve composición propia de carácter impresionista que recorría todo el rango del piano con largos pedales manteniendo el “leitmotiv” de forma recurrente. 

La tercera Sonata compuestas por Brahms fue el broche final del recital de piano. Una larga y compleja obra estructurada en cinco movimientos que representa una obra maestra de la literatura pianística, a pesar de que Brahms contaba con sólo veinte años  de edad. Mndoyants supo plasmar el equilibrio entre el fondo y la forma, que tanto le preocupaba al compositor. De hecho, Brahms no volvió a componer más sonatas para piano, quizás porque buscaba más libertad en las estructuras y se sentía más cómodo con otras formas compositivas. El pianista ruso demostró un gran conocimiento de la obra, destacando sobremanera en el Scherzo y arrollando en el “Finale”. 

La larga ovación  propició tres propinas, y después de un arreglo de Bach y una Bagatela de Beethoven nos fuimos del teatro entonando la repetitiva melodía del rondeau “Les Sauvages”  de Jean Phillip Rameau, con la que Mndoyants concluyó su recital, dejando el listón un poco más alto (si cabe), en este Festival Internacional de Piano que ya se consagra como uno de los más importantes del territorio español. 
Crítica de Mar Norlander publicada en La Nueva España

martes, 20 de agosto de 2019

Los Berrones: ¡que sigan berrando!

Resultado de imagen de los berrones plaza mayor gijon
Los Berrones. Semana Grande, Plaza del Ayuntamiento. lunes 12 de agosto.

La plaza del Ayuntamiento de Gijón se quedó pequeña para albergar a tanto público dispuesto a celebrar el trigésimo aniversario de Los Berrones, la banda asturiana que ha sabido  captar la cultura rural (o mejor dicho, parte de ella) más que ninguna otra formación. De hecho, gracias a ellos sabemos donde está Tolivia (incluso aparece en wikipedia), el pueblo que los vio nacer y que sólo lo conocían sus 232 habitantes.  

En clave de humor, el periodista Pachi Poncela aportaba la oratoria antes de cada canción al estilo de Marcos Mundstock (Les Luthiers), pero  en versión asturiana y de pueblo, salvando las distancias. Nos recordó cual es el auténtico olor de los asturianos, que somos grandes artistas de la blasfemia, que lo medíamos todo con “santinas”, antes de que se inventara el sistema métrico y que seguimos trabayando pa’l inglés, pa’l indio o “pa’l primero que llegue con perres en bolsu”.  Magníficas las presentaciones cargadas de ironía, con un discurso crítico en el que cayó desde el árbol genealógico de la familia Rato hasta la realeza más rancia. 
El repertorio transcurrió con un repaso por lo más conocido del repertorio y varios temas de su nuevo disco ¿Ónde vas con eses traces?, que no tiene desperdicio.  Ramón Blanco y Olegario Méndez, originales de Los Berrones, se rodearon de grandes músicos de la escena asturiana que supieron imprimir la fuerza y la cadencia necesaria para que toda la plaza votara a ritmo de “Agárrate al mangu”, “Pueblos pequeños” o el punk-rock “Parásitos”, del último álbum. “La del estudiante” fue la primera que puso a toda la plaza a viva voz, con  “Tocata y fuga” de Bach precediendo al Gori-gori. A ritmo de rock, hasta los foráneos se enteraron de lo que significa “A cabruñar”, o el casi sinónimo “Calcar na tená”, con un lucido solo de guitarra, dicho sea de paso. “Menudo Talibán”, sonando al mismo ritmo que “Vaya gochu que yes”, del último álbum, ya consiguió calar entre el público con tan poco tiempo de rodaje (2018), al menos el estribillo. 

Casi al final llegó “Chacho”; acompañados por una banda de gaitas que aportaba una sonoridad muy asturiana, se vivió un momento estelar y emotivo antes de la famosa “Nun yes tu”. Toda la plaza cantando puño en alto. Antes de la traca final nos quedamos con las ganas de que Mon Blanco se arrancara a cantar “Child in Time” de Deep Purple, iniciada por José Ramón Feito al órgano, pero el cantante ya bastante tiene con defender honrosamente su repertorio, pues cantar, lo que se dice cantar nunca lo hizo del todo bien, ni tampoco lo pretendió. 

La habilidad de Mon, junto con Olegario, consiste en tomar nota de conversaciones de chigre o sentimientos patrios, y estrujar las letras  para formar versos hasta darle sentido en formato canción. Y en eso son unos artistas, porque los asturianos seremos todo eso que contaba Pachi pero, además, somos expertos en rechazar todo lo nuestro y aplaudir lo que viene de lejos. Por lo tanto, si aceptamos a alguien que sea de casa es porque algo de auténtico tiene. Treinta años jugando en casa, son muchos años y no se si habría que declararlos Patrimonio Nacional, como decía el presentador, pero sí estamos dispuestos a seguir escuchándolos berrar por muchos años.
Crítica de Mar Norlander publicada en La Nueva España  

martes, 13 de agosto de 2019

Amancio Prada: una voz y una guitarra, pura poesía

Resultado de imagen de amancio prada gijon 2019

Amancio Prada. Jardín Botánico. Domingo, 11 de agosto 

Después de escuchar un recital de Amancio Prada  sientes unas ganas incontenibles de llegar a casa corriendo y desempolvar algunos libros de poesía que han quedado semiocultos en alguna estantería, leer y releer para poder extraer toda esa magia que ha sabido plasmar en forma de canciones el poeta y cantautor nacido en el Bierzo. Pero no basta solo con leer poesía una y otra vez, porque el arte de Amancio Prada no consiste en poner música a poemas, él extrae la música que hay dentro de cada palabra y cada verso. Por eso es un artista singular. 
Poesías de grandes como Juan Ramón Jiménez , Rosalía de Castro, Fernando Beltrán, Juan Carlos Mestre o Chicho Sánchez Ferlosio, junto con versos propios, sonaron en la voz de Amancio Prada sin más revestimiento que su guitarra, en un entorno mágico como es el Jardín Botánico y para un público selecto que se mostró encantado durante toda la velada, a pesar del frío nocturno. 

Como novedad, presentó algunas canciones reunidas en su último disco  junto a Juan Carlos Mestre. De “Cavalo Morto” pudimos escuchar “Compañerita” y comprobar que mantiene la voz tan clara y tan limpia como cuando era un jovencito. Y es que Amancio Prada es de esa minoría de artistas que lucha por mantener vivo el rico acervo poético con el que contamos. Cantada con mucha emoción sonó “Jaula en el pecho”, primer poema del libro “Canciones y Soliloquios” de Agustín García Calvo. Nos sumergimos en los paisajes que vieron crecer a la gran Rosalía de Castro escuchando las “Campanas de Bastabales” y pudimos comprobar la gran admiración que profesa al poeta y cantautor Chicho Sánchez Ferlosio, o la pasión que siente por la poesía de San Juan de la Cruz. 

Entre canción y canción había lugar para numerosas anécdotas, algunas divertidas, otras tristes y muchas históricas apelando a la emoción, pero, al fin y al cabo, cuenta sus vivencias a lo largo de su dilatada carrera. Si bien es cierto que para la presentación de cada canción siempre cuenta las mismas anécdotas, palabra por palabra, las hace tan de verdad que el público siente que está escuchando algo en primicia. Quizás porque las tiene interiorizadas y porque disfruta del ambiente que él mismo es capaz de crear, el caso es que funcionan muy bien. 

Es de agradecer que entre las miles de canciones que hay en su repertorio escoge temas apropiados para empatizar con el público asturiano. Así sonó “Oviedo crece” (“con perdón”, se excusó Amancio ha sabiendas de la rivalidad entre Oviedo y Gijón), una bella canción basada en un poema de su amigo Fernando Beltrán. También nos cantó y contó cómo descubrió en chile “Si la nieve resbala” del compositor Julio Domínguez y gran parte del auditorio le acompañó con el coro de principio a fin. 

Lorca sirvió para despedir una magnífica velada en la que hubo momento para risas, para nostalgia y sobre todo para apreciar la importante labor que hace un artista tan singular, que con su voz y una guitarra es capaz de detener el tiempo y alejarnos por un momento del ruido en el que estamos continuamente sumergidos. 

Crítica de Mar Norlander publicada en La Nueva España

El poderío vocal de Diana Navarro

Resultado de imagen de diana navarro  gijon 2019
Diana Navarro. Escenario de Poniente, Semana Grande de Gijón. sábado, 10 de agosto. 

A la copla en España le pasa lo mismo que al gospel en Estados Unidos, todos los giros y los fraseos vocales están tan estandarizados que es difícil aportar algo nuevo sin que sea rechazado por el público. Muchos aficionados al género se habrán flagelado al escuchar “Encrucijada”, la copla de Marifé de Triana en versión Trap, último lanzamiento de Diana Navarro que formará parte de su nuevo disco cuyo título lo dice todo: “Inesperado”. Cierto que hay que hilar muy fino para que no suene a pastiche, pero la tremenda voz y las tablas de la artista le permiten abordar este nuevo mapa sonoro y apuntarse al exitoso carro del estilo de Rosalía. ¿Y porqué no? 

El concierto en el escenario de Poniente fue de lo más ecléctico en cuanto a repertorio, dentro de los parámetros de la cantante. Canciones teatralizadas como el bolero “Me bebo tus secretos”,  un desgarrador tema dedicado a los migrantes a través de “Olivia Ovidia”, la historia real de una mujer que le cautivó al pedirle ayuda para volver a su país, Bolivia. De su disco “Resiliencia” (probablemente, el mejor hasta ahora), rescató varios temas, entre ellos el intenso y reivindicativo vals “Los niños no”. Pero sus momentos cumbre llegaron con temas clásicos como “Señora” de Rocío Jurado o el cuadro flamenco que montó con “Ojos verdes” o “Campanera” de Joselito, entre otros. 

Abundantes cambios de vestuario lució en casi dos horas de concierto. Ella sabe que el vestuario, la elegancia y las poses son un plus muy valorado por el público aficionado al género. Y yo encantada, porque mientras se cambiaba pudimos disfrutar de magníficos instrumentales, como el “Adagio” del “Concierto de Aranjuez” o el espectacular “Orobroy” de Dorantes, interpretado por Javier “el Capitán” (guitarra), Juan Bandera (percusión) e Iñaki García (piano). Tres musicazos que tuvieron momentos para demostrar lo buenos que son. Quizás, faltaban más instrumentos (bajo, cuerdas, guitarra eléctrica, etc.), y así evitar disparar pistas pregrabadas en algunos temas más pop como “El Perdón” que, por otra parte, su despliegue vocal no puso al público de pie porque ya lo estaba, pero la ovación fue sonada. 

El escenario de Poniente con la voz de Navarro era el momento perfecto para entonar  “La Praviana”, esa tonada popular que ha sido incorporada al repertorio flamenco tiempo ha, y que de vez en cuando algún cantaor la rescata. Para más detalles el teclista se encargó de añadir un sonido tenido a modo de roncón de gaita,  contextualizando la canción asturiana como es debido. Magistral. 

 “Sola” comenzó tenue con voz y guitarra, para luego sumarse el resto de instrumentos y desplegar todo el potencial y el poderío vocal que exhibe en su mayor éxito. Una gran canción que marca una línea de estilo particular en la malagueña. No hay duda de que Diana Navarro es una de las mejores voces de este país y una artista singular, solo le falta escoger mejor sus canciones para que haya homogeneidad en el estilo.  Creo que, aunque a veces da tumbos con el repertorio, el tema “Sola” representa su esencia y el camino a seguir. 
Crítica de Mar Norlander publicada en La Nueva España

Manel Fuentes: Mala copia de Springsteen

Resultado de imagen de manel fuentes gijon 2019
Manel Fuentes & the Spring’s Team, Semana Grande. Escenario de Poniente, viernes 9 de agosto. 

“Nunca un concierto puede ser igual que el anterior”, es una de las máximas de Manel Fuentes y su banda Spring’s Team, y lo cumplieron con creces. Probablemente el de Gijón, como inicio de la Semana Grande, haya sido uno de los peores de su larga trayectoria imitando a Bruce Springsteen. Comentábamos en estas páginas en agosto del año pasado que el escenario de la carpa del Botánico le quedaba pequeño, sin embargo, el escenario de Poniente le quedó demasiado grande. Si a los problemas de sonido que hubo durante la primera parte del concierto, le sumamos la evidente falta de ensayo de la formación y la falta de fuerza en la voz de Manel Fuentes, el resultado fue lamentable y el concierto se convirtió en un sucedáneo mal copiado de Bruce Springsteen.


Independientemente de la mala ecualización que hubo durante toda la actuación,  la guitarra no sonó durante los primeros temas. Teniendo en cuenta el protagonismo del instrumento en las canciones del Boss, una banda de un caché nada modesto bien podía permitirse tener otra guitarra de repuesto. Pues se ve que no había, de hecho el guitarrista acabó cogiendo la Telecaster de Manel a partir del “No Surrender”. Para entonces ya habían sonado media docena de canciones con ruidos de fondo, desajustes en los volúmenes del saxo y el teclado y una batería y bajo que se adivinaban más que se oían. Como si no hubieran tenido tiempo suficiente para la prueba de sonido. Tocaron fondo con “Born to Run”: desafinado, modulaciones y progresiones de acordes mal ejecutadas, falto de medida...en fin, un desastre. 
A partir de ese momento muchos espectadores se fueron y los que quedaron rebajaron sus expectativas para entregarse a los himnos creados por Springsteen y pasárselo bien. Nos acostumbramos al mal sonido y todo fue mejorando. Manel no dejaba de recorrer el escenario de un lado a otro con la sonrisa permanente, los gestos de Bruce Springsteen calcados y esforzándose por agradar y mover al público. Él sabe que cae bien y que en Asturias es bien recibido, por ello en cada actuación cuenta alguna anécdota vivida con los asturianos. En esta ocasión volvió a repetir la del álbum de cromos firmada por todos los jugadores del Barça gracias a Quini, su ídolo antes que Bruce.


Decentes sonaron “Drive all Night” o “Wrecking Ball”, atrapando al público con los coros. Soltó toda la artillería pesada en los últimos temas, con “Born to the U.S.A.” o “Glory Days” y el público reclamaba alguna propina. Habitual en esta banda, se extendieron en los bises sin escatimar tiempo hasta lograr que los asistentes se olvidaran de la fatídica primera parte. 


En definitiva, un concierto que defraudó a muchos fans de Springsteen, sin duda, pero también dejó contentos a muchos espectadores que estaban en el recinto para ver a Manel Fuentes, el carismático presentador que sabe colarse en las pantallas del televisor cada semana y enamorar a la audiencia. Como decía una fan de Manel “No lo hizo muy bien pero ye tan ricu”. 
Crítica de Mar Norlander publicada en La Nueva España

sábado, 10 de agosto de 2019

Un Tsunami con menos fuerza


Resultado de imagen de tsunami 2019
Resultado de imagen de tsunami 2019
Festival Tsunami Xixón. Teatro de la Laboral, sábado, 3 de agosto

El Tsunami ha llegado para quedarse y la clausura de esta tercera edición con todo vendido es una buena muestra de ello. Este festival es capaz de atraer a multitudes -8.000 aprox.-, de muy diversas edades y culturas, desde perroflautas hasta pijos progre, pasando por una buena representación de “los del montón”, viejos roqueros, punkarras, reivindicativos sociales o políticos, etc., cuyo objetivo común es escuchar a algunas de sus bandas favoritas, beber alcohol y pasárselo bien. Pues bien, que toda esta masa de gente pueda convivir durante dos días sin que se produzcan altercados se debe a dos cosas: la primera, una buena organización por parte de la directiva del evento y la segunda que, por el hecho de llevar tatuajes, pelo largo o ponerse camisetas agresivas no significa que sean delincuentes. Por lo tanto, todas estas protestas que ha habido meses atrás por parte de un sector de la población, con intención de cargarse el festival es una muestra de los prejuicios que tiene cierto sector de la sociedad ante estéticas más agresivas y diferentes al establishment.

En cuanto a la musical, creo que en esta edición se ha bajado un poco el nivel que veníamos manteniendo en las dos anteriores ediciones, aunque hayan conseguido traer otra vez a The Offspring. Con mucho postureo y poca calidad sonora tuvo su actuación la banda salmantina “El Altar del Holocausto”. La M.O.D.A., acrónimo de La Mavarillosa Orquesta Del Alcohol, fue la atracción para el público menos adicto a la distorsión y el doble bombo. El uso de instrumentos tradicionales (acordeón, banjo, saxo tenor, mandolina…), junto con la guitarra, bajo y batería aportan un colorido diferente. Tienen algunas letras que merecen la pena y, sobre todo, un potente directo que, por suerte, se aleja mucho de sus grabaciones. Se notaba que estaban muy motivados y fueron capaces de atrapar a muchos poco afines a la banda.  

 Tras la actuación de los suecos “No Fun at All”, que no aportaron nada salvo algunos vertiginosos solos de guitarra, pudimos ver en el escenario grande a los navarros Berri Txarrak (Malas Noticias), que no estuvieron a la altura de su concierto del 2017. Este grupo mueve mucho público y es uno de los referentes del panorama nacional en el estilo, sin embargo, su actuación pecó de una presión sonora rozando el límite de lo molesto, con una reverberación descomunal y una ecualización sucia. Maravillosamente bien sonó la grabación del “O bla di o bla da” cuando los Berri Txarrak concluyeron y bajaron el fader de la mesa de sonido del directo. El público vibró entonando a los Beatles.

Una de las actuaciones más esperadas era la de la banda británica “Kaiser Chiefs”, que acaban de presentar su nuevo disco “Duck”. De este disco pudimos escuchar algunos temas como “Golden Oldies” que en directo suena potente y no tan blandengue como en el disco. También sonaron clásicos como “Na na na na naa”, con el que calentaron al público hasta llegar al éxito de “Ruby”, donde el desmadre ya fue considerado. Tienen un repertorio heterogéneo y algunos temas no acababan de encajar en un festival como este, sin embargo, muy mencionable la labor del cantante Ricky Wilson, que defiende cada tema con mucho sudor.

Para concluir la noche y el festival, los anárquicos californianos NOFX. Siguiendo en su línea hablan más que cantan, se interrumpen unos a otros y sus canciones no dejan de ser básicas e intercambiables como cromos con Green Day o The Offspring. Como peculiaridad es de agradecer la armonización de voces que aportan a temas tan básicos.
En definitiva, un festival que concluye su tercera edición consagrándose como referente en la escena internacional del género, con un altísimo nivel de organización, pero, en cuanto a lo musical, este Tsunami ha perdido algo de fuerza.
Crítica de Mar Norlander publicada en La Nueva España 

miércoles, 5 de junio de 2019

El poderío de Falete junto a la OCAS

Resultado de imagen de falete ocas teatro jovellanos

“De Norte a Sur”: Falete, Orquesta de Cámara de Siero (OCAS), “La Bejazz” y Ángela Bonilla. Teatro Jovellanos, sábado 25 de mayo.

La idea de crear un espectáculo que engloba  una orquesta de cámara como la OCAS de Siero, un grupo de flamenco jazz, una bailaora sevillana, cuatro compositores de diversas procedencias y un cantante de copla muy popular como Falete, era una propuesta osada y el resultado bastante satisfactorio.

La obertura “De Norte a Sur”, que también da título al espectáculo, es una bella partitura de una gran complejidad por sus cambios de ritmo y armonías que fusionan sabores del norte con muchos toques flamencos, mezclando la sonoridad de los arreglos orquestales con el grupo de jazz flamenco “La Bejazz”. El taconeo de Ángela Bonilla ponía el broche de oro a esta composición. Buena interpretación por parte de los músicos y estupenda bailarina que protagonizó otros números a lo largo del espectáculo.

Más dificultades tuvieron en cuadrar perfectamente los tempos en “Intimad”, pieza compuesta por Pablo Carmona cargada de síncopas endiabladas y contrastes rítmicos, donde pudimos apreciar la calidad de los fraseos del saxofón. Pequeños desajustes rítmicos que ya no se volvieron a percibir en toda la velada, destacando la sonoridad de “Fuente de Lágrimas”, en homenaje a Lorca con más influjo árabe y jazz clásico.  “A mi tío Enrique”, sonó de lujo en las cuerdas de Melchor Díaz, tema dedicado a su tío el gran Enrique de Melchor.

Falete se hizo esperar, pero llegó con su potente voz entonando versos de Machado a ritmo de rumba con arreglos jazzeros y recibió una gran ovación.  Su tema más popular “SOS” fue cantado con gran emotividad y poderío andaluz. Pero, sin duda, lo más sorprendente fue su interpretación de la canción asturiana “Ayer vite na fonte”, demostrando así que Falete se atreve con todo. Cantada con mucha corrección y con humildad desde un lado del escenario, quiso dejar el protagonismo a la orquesta dirigida por Manuel Paz, que ejecutó una magnífica interpretación de un arreglo de Flores Chaviano.

El programa estaba muy bien estudiado, aportando una gran diversidad musical con magníficos arreglos, pero no podía faltar el plato fuerte de Falete, la copla. Una magnífica versión del bolero “Ponme otra copa”, la copla  “Te lo juro yo” de Rafael de León y Manuel Quiroga y como colofón final “María de la O”, donde Falete se lució como en una de sus mejores interpretaciones. Muy fino y atento estuvo Manuel Paz en el final de la copla entrando perfectamente a tiempo con toda la orquestación, tras las pausas que hacía Falete para los requiebros de la voz. El público pataleó y aplaudió hasta conseguir que Falete se arrancara con un pupurri de bulerías a modo de improvisación y sin micrófono. No lo necesitaba, su potente voz llegaba hasta los pasillos del Jovellanos.  
En definitiva, todos juntos ofrecieron un magnífico espectáculo que supo a poco. Una lástima que no tenga continuidad.

Crítica de Mar Norlander publicada en La Nueva España

Alonzo King: Un visionario de la danza


Resultado de imagen de alonzo king lines ballet

Alonzo King Lines Ballet. Teatro Jovellanos, viernes 24 de mayo.  


Las ocasiones las pintan tan calvas que ver una coreografía de danza contemporánea en Gijón no tiene precio, y si está fraguada por la mente de uno de los grandes de la disciplina ya no se puede pedir más. Alonzo King es “uno de los pocos maestros auténticos del ballet de nuestra época”, en palabras del famoso coreógrafo William Forsythe y su espectáculo en el Teatro Jovellanos lo constató.


La primera coreografía titulada “Art Songs” fue breve e impactante. Diez bailarines expresaron su forma de vivir el sonido a través de movimientos grupales o por parejas, recorriendo el escenario del Teatro Jovellanos con trazos geométricos muy visuales. No había pausas, cuando la música se detenía el ojo del espectador era atrapado por sutiles movimientos, algunos imposibles. Breves piezas de Bach, Haendel, Schumann y Purcell, con la voz grabada de la mezzosoprano israelí Maya Lahyani, fueron el telón de fondo de la expresividad de los diez bailarines, que mostraron su altísimo nivel uniendo la técnica del ballet clásico con la creatividad de la danza contemporánea. Gran coreografía bajo una austera iluminación y puesta en escena. No hacía falta más.


La segunda parte del espectáculo es de gran originalidad: “Figures of Speech” es una danza creada con un fondo sonoro diseñado por el compositor canadiense Alexander MacSween, formado en su mayor parte por voces humanas captadas en rincones de distintas partes del planeta. La premisa era una llamada de atención por los 7.000 idiomas que corren el riesgo de desaparecer a finales de siglo y explorar el poder de las lenguas perdidas. Las formas de vida de algunos pueblos remotos y su relación con el mundo natural (animales, bosques, juegos de niños, tormentas, etc), están representados en las coreografías, no de manera descriptiva sino expresiva. Los bailarines también son emisores de sonidos a través de la voz como parte de la expresión corporal, contribuyendo así a la unión completa de sonido y danza. Con esta coreografía la funcionalidad de la música en algunos pueblos indígenas se eleva al plano artístico al descontextualizar el porqué de los cánticos. Impactante el número de la cuerda, en el que un bailarín se ahorca sin dramatismos y una chica es atrapada por otra con la propia cuerda. También resultan muy atractivos los contrastes entre las violentas danzas bajo el sonido del didgeridoo y los movimientos muy lentos cuando se emite un sonido contínuo, sin variación de altura.  
Alonzo King fue nombrado uno de los “Tesoros de Danza Insustituibles” de Estados Unidos, en 2015 y para los aficionados ha sido una vivencia emocionante haber podido contar con la compañía de danza contemporánea “Lines Ballet”, bajo la dirección de uno de los coreógrafos más visionarios del momento.

Crítica de Mar Norlander publicada en La Nueva España  

lunes, 20 de mayo de 2019

Miriam Rodríguez: mucho que pulir

Resultado de imagen de miriam rodriguez teatro de la laboral
Miriam Rodríguez, gira "Contigo". Teatro de la Laboral, viernes 17 de mayo
Teniendo en cuenta que la mayoría de los concursantes de Operación Triunfo caen en el olvido rápidamente o ni siquiera llegan a grabar disco y hacer gira en solitario, el vertiginoso éxito que está teniendo Miriam Rodríguez sorprende. Tercera finalista de la edición 2017, su paso por el programa “Lo siguiente” de Televisión Española o “La Voz”, en la que hizo de ayudante del cantante y coach Pablo López, amén de su exitoso single “Hay algo en mi”, canción promocional de la serie “Vis a Vis”, contribuyeron en gran medida a este éxito. Otra cosa es mantenerlo y para ello  hace falta pulir unos cuantos detalles, al menos en la puesta en directo.

Llegó al Teatro de la Laboral para presentar su álbum debut “Cicatrices”, que lleva medio año a la venta. Salvo algunos pequeños fragmentos, no es un álbum cargado de grandes canciones, ni mucho menos, sin embargo, su actuación en directo causó una gran sensación a un público mayoritariamente femenino y adolescente. Sonó “Aquí estás” con un volumen de micrófono excesivamente alto y una reverberación descomunal. La mala ecualización de los instrumentos fue mejorando, excepto la voz que se mantuvo sin definición y con mucha reverberación todo el concierto.

Acompañada por batería, bajo, guitarra y teclado disparó una a una las canciones de su disco, quedando en evidencia que los músicos están al servicio de las canciones para lucimiento de la voz, sin ninguna concesión a solos instrumentales. Una pena, porque seguro que son buenos músicos.

Pero lo peor de la puesta en directo de la cantante gallega no son ni sus canciones insulsas, aunque algunas sean autoría de Pablo López, ni sus letras creadas a base de frases demasiado manidas, ni que no haya hueco para lucimiento de los músicos, ni siquiera que su voz no esté bien ecualizada y, por lo tanto, no se entienda lo que dice. Lo peor son las presentaciones que preceden a cada tema: son discursos aprendidos que rayan la falta de credibilidad, poco adecuados para conectar con las vivencias  del público que acude a sus conciertos (mayoritariamente quinceañeras) y sobre todo falta de espontaneidad. Hay demasiada rigidez para que todo salga según lo previsto y eso le quita la gracia.

Por otro lado, Miriam Rodríguez tiene cosas positivas que pueden llevar a convertirla en una gran estrella con el paso del tiempo. Lo primero tiene una gran voz, con un vibrato peculiar que le aporta una identidad distinta a otras voces “extriunfitas”, por lo que es una lástima que quede enmascarado por una pésima ecualización y no lo explote más. Además, su puesta en escena es muy buena, de una auténtica rockera aunque no se dedique a este género (una lástima). Sobre todo, lo que demostró Miriam Rodríguez en el Teatro de la Laboral es que tiene ganas y eso es importante. Espero que encuentre un camino fructífero y que no caiga en el olvido al tercer disco.  

Crítica de Mar Norlander publicada en La Nueva España