miércoles, 22 de noviembre de 2017

Nikki Hill: La nueva voz del Rock

Resultado de imagen de nikki hill sala albeniz
Nikki Hill. Sala Albéniz. Sábado 11 de noviembre.

Soul, rock sureño, blues y Rock and Roll son los estilos en los que se mueve la voz y el ritmo de Nikki Hill. Estilos de música en los que cuesta destacar porque están muy explotados y es difícil aportar algo nuevo.  Pues la voz negra de Nikki Hill destaca y lo hace como pocos, con tan solo dos discos en el mercado. Procedente de Carolina del Norte, parece que le ha cogido el gusto a pisar escenarios españoles, y si el año pasado causó impacto entre el público presente en el concierto de Avilés, esta vez en la sala Albéniz de Gijón dio un paso más y sorprendió a muchos que no habían tenido ocasión de verla en directo. 

Hora y media de concierto en el que la intensidad iba in crescendo, conectando con una sala abarrotada hasta los topes con ganas de cantar, bailar y pasárselo bien. Temas de su último disco “Heavy heart hard Fists”, una selección de versiones de gran peso y algún tema de su primer álbum conformaron el repertorio de la noche, acompañada por dos guitarras, bajo y batería. La tónica más destacada fue el duelo de guitarras al incorporar una guitarrista que competía en inferioridad de condiciones con Matt Hill, marido de la cantante y fundador de la banda. Inferioridad en cuanto a volumen porque en calidad de ejecución se andan a la par. Los dos son muy buenos pero el jefe es el jefe.

En cuanto a Nikki, posee una seductora voz bien afinada, con toques góspel y con una forma de emitir que nos recuerda ligeramente a Tina Turner en sus comienzos. Pero  Hill se dosifica y calienta motores poco a poco, de hecho en la primera parte del concierto estuvo bien –en su línea- pero sin más. La segunda mitad se entregó más a fondo destacando en las canciones de tempo rápido como “Let Me Tell You Bout”. Ya en los últimos temas del concierto consiguió atrapar a la multitud,  interactuando con el público y consiguiendo que la sala en pleno respondiera a sus coros, rajando la voz a tope y desprendiendo energía a raudales.


   Para terminar un bis, con la voz vibrando a fuego y el efectista solo de  guitarra –colocada detrás de la cabeza con mucho postureo- de Matt Hill en “Twistin’ the night away “, de su segundo álbum, logrando que alguna prenda interior volara desde las primeras filas hasta aterrizar en la cabeza del guitarrista. En definitiva, un buen concierto con un público entregado al máximo a una banda bien empastada, que calienta motores hasta llegar a transmitir buenas vibraciones y mucha energía  a ritmo de rock. Nikki Hill gana solidez y se convierte poco a poco en la nueva voz negra del rock.

Mar Norlander - Musicóloga

  

BILL LAURANCE: Un Grammy bien merecido


Resultado de imagen de BILL LAURANCE GROUP

BILL LAURANCE GROUP. Festival Jazz Gijón. Teatro Jovellanos, sábado, 11 de noviembre

La programación del Festival Jazz Gijón en la presente edición venía cargada de grandes figuras pero, sin duda, Bill Laurance Group era la más esperada. Hablamos de un grupo liderado por el pianista Bill Laurance que representa a lo más selecto del jazz contemporáneo actualmente, que tiene en su haber un Grammy y numerosos premios avalados por la crítica. Llegó al Teatro Jovellanos y no defraudó.

Composiciones complejas llenas de armonías profusas con acordes abiertos o tensiones encadenadas, continuas modulaciones, virtuosismo, cambios de ritmo en compases de amalgama, amplia paleta de timbres,…  Dicho así puede dar la impresión de que su música está dirigida a oídos demasiado selectos y exigentes. De otro modo, parece música para entendidos, pero no es así.  El nivel musical de este compositor y su grupo es tan alto que logra que parezca fácil toda esa complejidad y, por lo tanto, fácil de escuchar para cualquier público profano en la materia.

Intentar destacar alguna de las diez composiciones que ofreció durante hora y media es ardua tarea. El repertorio traía varios cortes de su último disco “Live at Union Chapel” y algún tema de sus anteriores trabajos, bien en solitario o con el grupo “Snarky Puppy”. Impresionó la versión en directo de “December in New York”, con un aire minimalista que por momentos nos recuerda a pasajes de Ludovico Einaudi fusionado con Pat Metheny y The Bad Plus.  En formato trío también pudimos escuchar  el animado “The Pines”, más tradicional contemporáneo, donde el batería Joshua Blackmore se lució con la compleja polirritmia, creando la base para el virtuosismo del piano y una preciosa melodía de Bill Laurance. Y viajamos al espacio interestelar con composiciones como “Aftersun”, con una base arpegiada que funciona como riff para que Laurance  pueda explorar con su teclado Nord abriendo y cerrando  filtros para modificar el sonido en directo, cambiando al piano eléctrico Rhodes o experimentando con sonidos lead de sintetizadores.  Todo un despliegue de medios que era completado por el batería con la utilización de un Octapad y el bajista Chris Hyson, que fue saltando durante toda la velada entre el contrabajo, el bajo eléctrico y un sintetizador. Del mismo álbum “Aftersun” también pudimos escuchar “Golden Hour” con gran riqueza de matices y colorido instrumental.

Su particular versión del clásico “Cucurrucucu Paloma” terminada en un pianísimo exquisito despertó la sonrisa de los presentes que llenaban la butaca del teatro. Un público que aplaudía cada intervención y disfrutaba de un trío instrumental capaz de fusionar todo lo que podamos imaginar. Bill Laurance Group destaca por creatividad, por calidad técnica y por cuidar al detalle cada sonido, cada timbre y cada matiz. Así lo comprobamos en el Jovellanos. Por ello Bill Laurance recibirá y recibe tantos premios, entre ellos un Grammy como he dicho antes, y bien merecido que lo tiene.

Crítica de Mar Norlander para La Nueva España


Sheila Jordan: Buen jazz por muchos años

Resultado de imagen de sheila jordan festival jazz gijon
Sheila Jordan. Festival Jazz Gijón.  Teatro Jovellanos, viernes 10 de octubre.

A punto de cumplir ochenta y nueve años, llegó al Festival Jazz Gijón la gran dama del jazz Sheila Jordan. Con una dilatada carrera iniciada en la época dorada del jazz, junto a Charlie Parker, George Russell o Lennie Tristano, y que cuenta entre sus muchos méritos haber sido la primera mujer en grabar con el emblemático sello Blue Note, congregó a un numeroso público dispuesto a disfrutar de la actuación de un mito viviente.

Desde el primer tema el público supo apreciar su calidad, su puesta en escena,  su simpatía y  su energía, dejando claro que la edad no es ningún impedimento para mantenerse encima del escenario haciendo lo que mejor sabe hacer. Para su gira por España, -recordemos que la noche anterior actuó en Madrid y que cumple un calendario como si se tratara de una artista mucho más joven- se acompañó del trío “CCD”, utilizando la primera letra del nombre de los tres componentes: César Latorre (piano), Cord Heineking (contrabajo) y Daniel García Bruno (batería).  Tres músicos como la copa de un pino que manifestaban con sus instrumentos sentirse orgullosos de formar parte de algo tan grande como es acompañar a la mismísima Sheila Jordan. Los arreglos de César Latorre al piano engrandecían cada pieza.

De su repertorio podemos destacar su versión de “Bird Alone”, un precioso tema de Abbey Lincoln tocado al estilo bossa o la manera de improvisar y los arreglos de “Autumn in New York”, para lucimiento del contrabajo. En la mayoría de los temas nos sorprendía con improvisaciones al estilo scat – como lo hacía la gran Ella Fitzgerald- pero, además, Sheila Jordan convierte piezas estándar en canciones divertidas, cambiando las letras y haciendo guiños a personajes e historias que han formado parte de su dilatada vida. El público se lo agradecía con espontáneas carcajadas.  Así ocurrió en “Willow Weep for me”, un tema que formaba parte del repertorio de grandes cantantes del jazz como Billy Holliday o Nina Simone.  También hubo varios momentos de infinito agradecimiento y devoción por Charlie Parker, quien confió en ella en sus inicios al decirle “Chica, tienes un oído de un millón de dólares” y le enseñó a ser ella misma y a expresarse con su propia voz. Dedicatorias, también, para Clint Eastwood por dirigir “Bird” y contribuir a acercar al público ajeno al estilo la figura de Parker, de apodo “Bird” o “Yardbird”.


Sin duda, una noche mágica en la que Sheila Jordan dejó patente que es una grande y se morirá encima de los escenarios.  Esperemos que tarde mucho tiempo y que podamos seguir disfrutando de su buen jazz. 


Crítica de Mar Norlander para La Nueva España 

Isaac Turienzo: “30 años de Jazz”

Resultado de imagen de isaac turienzo festival jazz gijon
 Festival Jazz Gijón 2017.  Teatro Jovellanos, 9 de noviembre, 2017.

El Festival Jazz Gijón inauguró la temporada con el pianista más internacional y más respetado que tenemos en Asturias.  Isaac Turienzo, nacido en Gijón, cumple “30 años de Jazz” y quiso celebrarlo con sus paisanos en el Teatro Jovellanos. Dónde mejor. 

Con aire flamenco inició su primer tema, “Lush Life” de Billy Strayhorn, y lo transformó en bebop pasando por la bossa nova, estilos que fusiona habitualmente en su repertorio.  Todo un espectáculo de virtuosismo y de riqueza armónica en un tema de diez minutos, que supo  dulcificar por momentos  para que al público le diera tiempo a coger aire y exponer sus oídos al siguiente fraseo.  Pero no nos engañemos, Turienzo no se caracteriza por buscar sonoridades consonantes afines a un público mayoritario.  Y se lo agradecemos.  Para eso ya hay muchos otros.
 
Velada de homenajes, comenzando por el flautista Jorge Pardo, un habitual compañero de escenarios, y para ello Turienzo interpretó el precioso tema “De Picos Pardo”, con un estilo menos flamenco que el original y unas improvisaciones más cercanas al bop y al cool jazz.  Homenaje también para el gran Tete Montoliu -que siempre está en su memoria-, ya con Miguel Ángel Chastang (contrabajo) en el escenario, formando un dúo lleno de ricos matices.  El estilo inconfundible de  Thelonious Monk también estuvo presente para lucimiento de Turienzo y Chastang, cómplices de cada sonido y cada fraseo.

El trío al completo, tras la incorporación del batería Fernando Arias,  ofreció un recital  muy variopinto consiguiendo que el tiempo se detuviera para los presentes en el teatro:  la balada de Ivan Lins “Começar de novo”, con la que Turienzo acostumbra a abrir sus recitales, una versión muy especial de “Bésame mucho” a compás ternario o el estándar de origen francés “Autumn Leaves”, con aires renovados por el pianista, comenzando en tempo lento y alcanzando una velocidad vertiginosa donde captamos sonoridades originales.  A estas alturas es difícil escuchar alguna versión novedosa de este tema, pero ahí estaba.  

En los conciertos de Turienzo no puede faltar algún tema tradicional asturiano, y para la ocasión una magnífica versión jazz de “Santa Bárbara bendita”, que lleva con orgullo por los escenarios de todo el mundo. Para cerrar el recital, después de “Caravan” (Duke Ellington) en el que destacó el magnífico solo de batería,  “Balada para Tete”, una genial composición de Turienzo con la que disfruta y exhala admiración por todos los poros hacia el gran Tete Montoliu.

Un gustazo escuchar  la cantidad de registros que ofrece el trío, mostrando calidad técnica, empaste, virtuosismo y amor por lo que hacen.  El público supo recompensar el trabajo y la trayectoria de tres décadas con una gran ovación.



Crítica de Mar Norlander publicada en La Nueva España 

¿Conocemos a Chet Baker?


Homenaje a Chet Baker.  Sala Acapulco del Casino de Asturias. 26 de octubre.

Con un ambiente acogedor, a modo de club de jazz con mesas y sillas distribuidas por la pista de baile -sólo faltó el humo para recrear los grandes clubs de jazz de los años 50’-, se dio cita en la sala Acapulco la primera producción de una serie de conciertos dentro de “El tiempo delicuescente”, un título que hace honor a la novela  “Rayuela” de Julio Cortázar.  En esta ocasión se rinde  homenaje (no confundir con tributo) al gran trompetista de jazz Chet Baker, un músico que abrazó el bebop de la mano de Charlie Parker y se forjó una carrera como figura clave del cool jazz. 

Para profundizar en la música más representativa de la trayectoria jazzística de Chet Baker se seleccionó un repertorio bien estudiado y unos músicos bien escogidos entre los grandes del jazz de la escena asturiana.  El concierto se inició con “I fall in love to easy” en la voz sensual de Jorge Viejo y continuó con “I could happen to you”, destacando la breve improvisación al piano de Jacobo de Miguel. La famosa composición de Cole Porter “Every Time We Say Goodbye”  sirvió de presentación del trompetista Aitor Herrero, con un solo de trompeta correcto caracterizado por su brevedad ceñida a los ocho compases por influencia de Charlie Parker. Él decía que los solos si eran largos era un ensayo y ensayar se hacía en casa. Chet Baker lo aprendió y Aitor Herrero captó el mensaje.

Algún tema instrumental como “Lover Man” y clásicos como “Autumm Leaves” o “Summertime” con un estupendo solo de saxo de Jorge Viejo , fueron interpretados con calidad por los músicos mencionados  junto con Manu Molina a la batería y Javi San Marcos al contrabajo; los dos se encargaron se mantener el tempo y el pulso con precisión.

No faltó “My funy Valentine”, susurrada por  la voz de Jorge Viejo emulando la versión que popularizó Chet Baker al grabarla, primero como versión instrumental y seguidamente cantada por él mismo con tanta fragilidad que se convirtió en una forma estándar de cantarla y quizás su tema más representativo. La genial interpretación de todos los músicos levantó sonoros aplausos. 

Otros grandes temas como “Just Friends” o “Almost Blue” de Elvis Costelo se pudieron escuchar durante hora y media en una velada caracterizada por una buena sonoridad, destacando la técnica y afinación de Jorge Viejo en la voz y sobremanera la interpretación con el piano de cola de Jacobo de Miguel que se lucía en cada fraseo y cada improvisación.  Sin duda un gran concierto que nos dio a conocer al gran Chet Baker y nos despertó la curiosidad por adentrarnos en su particular genialidad jazzística.

Crítica de Mar Norlander publicada en La Nueva España