martes, 18 de julio de 2017

Un brindis por La Fura dels Baus



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Festival de Música Antigua de Gijón. La Fura dels Baus y Divina Mysteria. Teatro Jovellanos, sábado 15 de julio
Dirección, idea y guión: Miki Espuma, David Cid
Dirección musical: Pavel Amilcar, Thor Jorgen, Miki Espuma

Cantaora: Mariola Membivres
Mezzosoprano: Eulália Fantova
Barítono: Joan García Gomá
Violín: Elisabeth Bataller
Viola: Letizia Moros
Violone: Thor Jorgen
Clavicémbalo: Andrés Alberto Gómez

Video: David Cid
Esculturas: Fernando Bravo
Producción: Marta Coll
Iluminación: Jaime Llerins, David Hoyo
Sonido: David Casamitjana
Maquinista: Roger Serra
Actores video: Jürgen Müller, Gemma Doblas, Atilá Puig. 

Para concluir el Festival de Música Antigua de Gijón, en su XX aniversario, se apostó  por un espectáculo innovador y creativo, como no podía ser de otra forma si hablamos de arte concebido por “La Fura dels Baus”, una compañía de teatro que no deja a nadie indiferente en cada una de sus propuestas.  Para la ocasión el protagonista era J.S. Bach y su “Cantata campesina”, subtitulada como "Cantate burlesque" con texto de Picander, una de las obras más alegres y burlescas del gran compositor barroco.

La pequeña trama amorosa entre una pareja de campesinos es el hilo conductor de una obra que contiene veinticuatro movimientos muy breves con alternancia entre recitativos y arias, incluyendo  varias danzas (zarabanda, mazurka, minueto, bourrée, polonesa…), para concluir con un coro alegre y jovial que recapitula lo sucedido.  La “Fura dels Baus”, siempre transgresora, respeta puntillosamente la partitura original y cuenta para la ejecución de la misma con “Divina Mysteria”, un conjunto de gran calidad que se caracteriza por una interpretación historicista de las obras, en esta ocasión con violín, viola, violone y clavicémbalo. Pero si hablamos de innovación y transgresión hay que aportar algo más y en este caso “La Fura dels Baus” hace una relectura libre de la cantata, añadiendo nuevos movimientos con aires flamencos, electrónica de vanguardia y danza. La puesta en escena se complementa con interesantes proyecciones de imágenes propias del cine mudo con funciones narrativas, creadas por David Cid, que nos sumergen en la trama de los campesinos y su interacción con el recaudador de impuestos, al que se rinde homenaje en la cantata.

Es de aplaudir las intervenciones, tanto de “Divina Mysteria” como de la mezzosoprano Eulália Fantova y el barítono Joan García Gomá, con sus voces expresivas y afinadísimas. Varios números de aire flamenco cantados por Mariola Membrives se intercalaron y la cantaora, dotada de una gran voz y una buena interpretación, los salvó con gran profesionalidad, incluso en algún momento en que el micrófono fallaba. Hubo brillantes pasajes de música electrónica a cargo de Miki Espuma y otros más oscuros y de difícil comprensión dentro de la trama. Muy destacable, a pesar de algún desliz en los tempos y algunos problemas de megafonía, es el movimiento carnavalesco en el que Miki Espuma crea la base rítmica con un charango junto con las melodías de las cuerdas de Divina Mysteria y el barítono entona la canción de Molotov “Gimme the power”,  con una letra muy venida a cuento. Levantó la primera ovación de la noche. 

Para el número final en la taberna, aunque no sonaron las cornamusas (como dice la letra del coro), sí cantaron todos unidos con alegría y brindaron con cerveza, pues un brindis es lo que se merece la propuesta de La Fura dels Baus y Divina Mysteria. Y cómo no, otro brindis también se merece el Festival de Música Antigua de Gijón, bajo la dirección de Eduardo G. Salueña, por traer a Gijón una propuesta tan creativa e innovadora. 
Crítica de Mar Norlander para La Nueva España
 

Bach, revivido con éxito por "La Fura dels Baus"



 


La compañía catalana entusiasma al público del teatro Jovellanos con una propuesta a medio camino entre la música clásica, la electrónica y el flamenco

16.07.2017 
Foto:
 
 
Johan Sebastian Bach es todo un clásico y "La Fura dels Baus", abanderados de la innovación. Si se suma todo y se agita con contundencia el resultado es un espectáculo sorprendente que ayer convenció al público en el Teatro Jovellanos . "Free Bach 212" se llevó aplausos sonoros en una propuesta que no deja indiferente .
El espectáculo arrancó con el patio de butacas a rebosar para presenciar una puesta en escena que parte de la hibridación entre la partitura original de la cantata de los campesinos de Bach, la electrónica de vanguardia y el cante flamenco. El libretista Picander celebra una fiesta en honor al ministro de Hacienda, y el hilo conductor es un enredo amoroso entre dos campesinos.
A partir de ahí, y respetando la partitura original interpretada por un cuarteto de cuerda, "La Fura" va añadiendo diferentes números, alternando cuadros de línea flamenca con composiciones electrónicas disparadas por Miki Espuma, director de una propuesta programada en el marco del Festival de Música Antigua. Los números, de corta duración y en ocasiones completamente entremezclados, entusiasmaron al público.
A pesar de que hubo algún pequeño desajuste con el micrófono de la cantaora y algunos problemas de sincronización rítmica entre las bases electrónicas y la interpretación del cuarteto, la propuesta resultó fantástica, acompañada en todo momento de proyecciones de imágenes para ambientar las diferentes escenas en las que se sucede la obra.
Como buena recreación germana, la representación concluyó con un brindis de cerveza entre todos los componentes de la obra. Y Miki Espuma, el director, se dirigió al finalizar la puesta en escena a los asistentes, ya sin micrófono, para decirles que les invitaría a todos a un brindis cervecero, pero "hay una ley que prohíbe beber en los teatros". Una conclusión con vis cómica que fue muy aplaudida, al igual que sucedió con toda la obra en la que buscan mezclar lo burlesco, los humorístico, la crítica social o la invitación a los placeres más mundanos.
Como ellos mismos afirman, con el objeto de "conmover y deleitar sin barreras ni limitaciones". Anoche en Gijón, sobre las tablas del Teatro Jovellanos, lo consiguieron.

Hamlet, sin evolución



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Hamlet, Concierto de la Semana Negra. 14 de julio

La banda de metal Hamlet era el cartel más destacado de los conciertos de la Semana Negra, en su XXX edición. Llegaron a Gijón y convencieron a una parte del público que buscaba ese sonido pesado y contundente,  a base de afinaciones alternativas por debajo del estándar, para dislocar sus cuellos y bailar el pogo.

Comenzaron con “Vivo en él”, un tema del 2002 en la línea del groove metal y reeditado en el 2014, en el que podemos apreciar que el cantante se deja la garganta pero no se oye lo suficiente. Varios temas de su último álbum “La ira” y otros tantos de sus once discos anteriores eran interpretados por los cinco componentes de una banda que logra mantenerse en el tiempo pero que no evoluciona, quizás por falta de variedad en los riffs de las guitarras y solos bien ejecutados. 

Por otro lado, la presión sonora estaba bastante lograda, no así los niveles de los distintos instrumentos: la guitarra Les Paul estaba demasiado alta, devorando al resto de la banda y la voz, por mucho que se esforzaba, no llegaba con claridad ni a las primeras filas.  Una lástima porque está claro que J. Molly, fundador de Hamlet, es el pilar fundamental de una banda que ha sabido sobrevivir tres décadas, que se dice pronto. El cantante, conocido fuera de las fronteras del metal por ser el ex de la famosa Pilar Rubio, se mueve por el escenario con la misma energía que  hace treinta años, dejándose la piel y forzando las cuerdas vocales en sus alaridos guturales hasta límites peligrosos. Además de cantar la interacción con el público es constante: continuamente dando saltos, se sube y se baja del escenario, se cuelga de los andamios de las plataformas y se lamenta una y otra vez porque la valla que separa el escenario del público está demasiado alejada y limita sus interacciones con los casi mil espectadores presentes.  

Al sexto tema “Lamento”, una parte del público inició el ritual del pogo, esa frenética forma de dar saltos y entrechocar cuerpos heredada de los Sex Pistols y absorbida por los aficionados al metal más pesado.  El pogo no cesó en todo el concierto, cobrando su máximo apogeo cuando Molly se entremezcla en el círculo de los danzantes incitando al público a agacharse y a cantar “Denuncio”, uno de sus mayores éxitos. Algunos moratones se harían visibles horas después de la contienda, pero dicen que “sarna con gusto no pica”, así que todos contentos. 

El público despidió a Hamlet con una gran ovación tras el último bis “J.F.”,  y quedó con un sabor agridulce por la falta de respeto de las carpas circundantes al disparar su música enlatada a todo volumen, sin dejar concluir por completo la actuación de una banda que está tocando en directo. ¡Qué poca educación y qué mala organización! 
Crítica de Mar Norlander para La Nueva España 

Barroquismo exquisito




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Festival de Música Antigua de Gijón. Jueves 13 de julio, 2017

La “Accademia del Piacere”, bajo la dirección de Fahmi Alqhai, llegó a Gijón para ofrecer un exquisito concierto dentro del marco del Festival de Música Antigua, que ya cumple su vigésimo aniversario. Para la ocasión regaron los oídos de un aforo completo y fiel a este tipo de eventos con obras de Marin Marais, Antoine Forqueray y Jean-Phillippe Rameau. Los tres compositores están enmarcados dentro del barroco francés, un período histórico en el que la ambigüedad entre el bien y el mal o entre lo pomposo y lo  sobrio definen el ambiente cultural de la época. Además, es un momento histórico en el que se está asentando la tonalidad, una jerarquía  musical  muy vigente hoy en día y difícil de desbancar, aunque haya habido varios intentos a lo largo del siglo XX.

Desde la primera pieza, “Marche tartare” de Marin Marais, los tres integrantes nos sumergieron en una vorágine de sensaciones capaces de trasladarnos a la época del Rey Sol. Las piezas se sucedían una tras otra con las pausas necesarias para comprobar y corregir la afinación de las dos violas da gamba en las manos de Fahmi  y Rami Alqhai, instrumento muy sensible a los cambios de temperatura y humedad. Junto con los dos violagambistas también disfrutamos de la interpretación  de Javier Núñez, un virtuoso del clavicémbalo que cuenta con una larga trayectoria discográfica, tanto al clave como al órgano.  

Cuatro piezas de Marais conformaron la primera parte del recital, destacando múltiples fraseos y adornos de grandísima dificultad: prueba de ello  es la interpretación de “Allemande La superbe”, donde la viola de Fahmi dibuja una dulce melodía que se apoya en los vertiginosos arpegios del clave y la alternancia del rasgueo de los acordes y la ejecución con arco de la viola de Rami. Terminó en un pianissimo exquisito.

Después de la gran interpretación de  “La reveuse” y “L’arabesque”, es momento de lucimiento solista para Fahmi Alqhai, con dos piezas de Marais,  “Les voix humaines” y “La guitare” en las que se aprecian las cualidades del instrumento: la capacidad de parecerse a la voz humana por un lado y la capacidad de acompañamiento como en la guitarra. Extraordinaria ejecución.

Impecable técnica es requerida para darle la importancia que tiene a cada voz presente en una amplia gama de registros simultáneos, para interpretar “Marche persane La savigny” y “Les folies d’Espagne” y los tres músicos, de nuevo juntos en el escenario, lo bordaron. Es el momento de las obras de Antoine Forqueray destacando la versión para clavicémbalo de “Le couperin”, donde Javier Núñez pone en evidencia sus grandes dotes para el instrumento. Es en la obra que más apreciamos sus cualidades, ya que en el resto se quedaba absorbido por la gran sonoridad que emiten las violas da gamba. Después de la gran riqueza sonora de “La Rameau” y “Jupiter” es el momento de la breve “Les sauvages”, una de las piezas más conocidas de Rameau y, probablemente, de todo el barroco francés.
Un concierto magnífico con pocas concesiones al historicismo, de la mano de tres músicos que, dentro del programa “Las voces del cielo y del infierno”, dejaron  claro que la buena música es atemporal e imperecedera. 
Crítica de Mar Norlander para La Nueva España 
 

La bendición de Ilegales




Concierto de Ilegales en Metrópoli, Gijón
 Foto: Ángel González
Concierto de Ilegales en el Festival Metrópoli. Domingo 9 de julio

Metrópoli quiso despedir esta edición, dejando el listón muy alto, con la mejor banda posible para el escenario grande. Y nadie mejor que “Ilegales” para tal cometido. Con sonido impecable, desde el primer bombo-caja de Jaime Belaústegui en “Los chicos desconfían” hasta el más enérgico final de “Destruye”, todo estaba matizado: volúmenes, frecuencias, timbres, potencia... De todas las bandas que desfilaron a lo largo de la semana por este escenario “Ilegales” fue la que mejor sonó. Un aplauso para los técnicos de sonido, imprescindibles y mencionados solamente cuando algo va mal.

Varios temas de su último álbum “La vida es fuego” y una selección de sus joyas más cañeras y controvertidas formaron el amplio repertorio de la noche. Comenzaron con “Los chicos desconfían”, destacando el potente sonido Hammond del teclado Nord conseguido por el último fichaje de la banda, Miguel Vergara, que estuvo saltando de la guitarra a los teclados durante todo el concierto. Muy fino con ambos instrumentos, en especial con los teclados en “Hombre solitario” o “Suena en los clubes un blues secreto”. Después de este tema Jorge Martínez agradece a LA NUEVA ESPAÑA su distinción como “Asturiano del mes” y continúa con “Agotados de esperar el fin”, con muchos efectos en la voz para dar un timbre singular y característico en varios temas de “Ilegales”. 

Veintitantos años después vuelve a incorporarse a la banda el bajista Willy Vijande, en sustitución del tristemente fallecido Alejandro Blanco. Resuelve su papel de empaste de bajo y bombo con nota, destacando en canciones como “No me gusta el trabajo” o “Enamorados de Varsovia”, uno de los más singulares cortes de “Ilegales” que sonó potentísimo en este concierto. 

Para regresar al “Sexo químicamente puro” toca cambio de guitarra Stratocaster por una Gibson Les Paul Supreme, “¡qué le vamos a hacer, tengo tantas!”, dijo Jorge en una de las pocas frases que soltó durante toda la noche. También, con gran solemnidad y emulando a Arias Navarro, pero sin titubeos, dijo “españoles, Europa ha muerto”, para interpretar uno de los temas más conocidos de la banda y más aplaudidos de la noche, junto con “Hola mamoncete”, “Tiempos nuevos, tiempos salvajes” o “Soy un macarra”.

Muchos asistentes esperaban que Jorge Martínez tirara de más verborrea y más provocación para soltar algún alarido contra lo políticamente correcto entre canción y canción, pero el líder de “Ilegales” se mantuvo impávido y dejó sus mejores perlas para el final del concierto. Un magnífico discurso en el que reivindica las “salidas de tono” de los artistas para poder “ampliar las libertades individuales y colectivas”,  alude a las restricciones impuestas por la Ley Mordaza y, por último,  “en calidad de esperpento”, “como todo el mundo que se sube a un escenario” nos ofrece su más sincera “bendición ilegal”. Un gran discurso que puso el remate final a un concierto memorable en el que el público se lo pasó en grande.
Crítica de Mar Norlander para La Nueva España