miércoles, 15 de marzo de 2017

Donovan no convence.



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Foto: Juan Plaza. LNE

Donovan.  Teatro de la Laboral, sábado 11 de marzo. 

Imagínense la escena.  Un gran salón  privado y en el centro, sentado encima de una alfombra de pelo claro (de oveja, creo), el mismísimo Donovan, con un micrófono y su inseparable guitarra verde, de nombre “Kelly”. Luces tenues, -con velas estaría perfecto- y alrededor del compositor varios cientos de colegas, afines e incondicionales, sentados y dispuestos a escuchar unas cuantas historias contadas por alguien que las ha vivido con intensidad. Dispuestos a absorber todo lo posible de un icono universal que ha sabido conectar parte de la filosofía oriental con la música occidental, encontrando el sentido de la vida a través de la meditación con sabios como el gurú Maharishi Mahesh Yogi – al igual que los Beatles o Mick Jagger, entre otros-, y que ha sabido convertir todas estas vivencias en grandes canciones. Imagínense que ese gran artista viene con ganas de compartir parte de sus historias y sus canciones con todos nosotros. ¡Qué emoción!
Con esa filosofía llegó Donovan a Gijón, con el propósito de ofrecer a sus fieles un repertorio sin novedades. La excusa  era el 50th aniversario de su mítico “Sunshine Superman” y la intención cantar todos aquellos temas por los que es quien es. Pero el Teatro de la Laboral no es un salón privado donde se pueda extender la alfombra  en el centro y cantar en posición de yoga. Los asistentes no tienen libertad  para sentarse o ponerse de pie cuando quieran danzar libremente, al sentirse poseídos por el espíritu de la psicodelia, escuchando “The hurdy gurdy man”,  o cantar y danzar con los versos de “Donna, Donna”, “Lalena” o “Remember the Álamo”.  El teatro cuenta con un escenario difícil de llenar. Enfrente, en una gran oscuridad, unas cuantas butacas que ocupan los asistentes desde el principio del concierto hasta el final, -al menos según el protocolo de buenas costumbres- sin levantarse.
Pues bien, dado que el entorno no era el ideal el concierto de Donovan presentó demasiadas carencias para los asistentes que no se conformaban sólo con revivir nostalgias de la época hippie. El público que buscaba cierta calidad sonora no la encontró. Es sabido que Donovan nunca estuvo dotado de una voz prodigiosa, más bien se queda en una voz agradable que supo cantar buenas historias Tampoco nunca fue un virtuoso de la guitarra, dejémoslo en que su técnica era correcta. Si a esto le sumamos que los excesos y los años pasan factura, el resultado es que su timbre ya no es tan agradable: un vibrato demasiado forzado en los finales de frase y una afinación inestable, muy pronunciada en temas como “To try for the sun” o “Mellow Yellow”.  Amén de su ejecución con la guitarra: el tempo se le iba y los acordes se quedaban, en ocasiones, mudos.
Con lo fácil y satisfactorio que hubiera sido arroparse de una buena banda de músicos y alguien haciendo los coros para suplir sus carencias –como hace Sabina, por ejemplo- o, al menos un  guitarrista de primer nivel que resolviera e iluminara el oscuro escenario. De esa forma hubiéramos podido ver a un gran artista, creador de  grandes canciones que forman parte del acervo cultural de varias generaciones y de las que se han nutrido grandes estrellas de la música.  Pero no fue así. O, al menos, no del todo. 

Crítica de Mar Norlander publicada en La Nueva España el 13 de marzo, 2017. 

sábado, 11 de marzo de 2017

La buena trayectoria de Rozalén



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Concierto de Rozalén  en el Teatro de la Laboral. Sábado, 25 de febrero. Teloneros Alberto & García, con la participación de Marisa Valle Roso.

Tres integrantes del grupo Alberto & García, fueron los encargados de calentar el ambiente para la entrada triunfal y casi despedida de la gira de Rozalén en el Teatro de La Laboral de Gijón. Pero antes de hablar de Rozalén, quiero mencionar la sensación tan agradable y buen sabor que me causó la banda ovetense Alberto & García, presentando parte de su disco “Voladores”.  Este grupo tiene buen sonido, buenos músicos y buenas ideas, contando historias cercanas a la par que bien elaboradas.  Su breve actuación me supo a poco, así que les seguiré la pista, sin duda.
Tenía curiosidad por ver a Rozalén en directo dada la trayectoria tan vertiginosa que ha tenido en tan poco tiempo.  El éxito que ha alcanzado con tan sólo dos discos en el mercado, es muy difícil de conseguir si no estás muy bien apadrinado por alguna esfera de la “Radio Fórmula” o no te apuntas al ritmo de reggaetón. Pues de momento Rozalén pasa del reggaetón (gracias a Dios) y, aunque sí ha tenido buenos padrinos creo que está donde está por méritos propios, vista su actuación en Gijón.  No tiene un gran físico, aunque agradable,  resulta un tanto alejado del canon de belleza que estipula no sé quién, pero que ahí está. Tampoco tiene una gran voz, aunque es afinada.  Si a esto le sumamos que el concierto del Teatro de la Laboral era uno de los últimos de la gira (el día anterior estuvo en Amsterdam) y que su voz presentaba evidencias de cansancio (con acentuada ronquera y quiebro en los agudos) puede ser que el resultado no fuera todo lo bien que se deseaba, sin embargo fue un éxito.
Cantó  temas pop de su último disco “Quién te ha visto…”, intercalando con otros éxitos anteriores. Hubo temas en inglés como el fantástico “Wings”, canciones de otros artistas a ritmo de corrido, como “Me arrepiento”, un vals peruano “La flor de la canela”, de Chabuca Granda, la cumbia “Somos”, el tema “Los artistas” en un estilo de Gypsy jazz, otros temas más lentos como “Mi fe”, etc.  Todo esto junto, así contado, puede sonar a grupo de pachanga que se apunta a lo que funciona, sin embargo Rozalén tiene una identidad propia, diferente, conectando todos los temas y englobándolos dentro del mismo estilo. Además de un repertorio muy bien escogido se rodea de estupendos músicos que ayudan a hacer aún más grandes las buenas canciones que trae consigo. Destaco el precioso arreglo del pianista y director musical Álvaro Gandul en la interpretación de “La Belleza”, de Luís Eduardo Aute y el equilibrio tan perfecto que suman los dos guitarristas Samuel Vidal e Ismael Guijarro durante todo el repertorio. Beatriz Romero aporta originalidad en el escenario, danzando con el lenguaje de los signos para que la música “pueda llegar a todo el mundo”. También contó con la colaboración de la cantante Marisa Valle Roso para interpretar a dúo la canción de Chabela Vargas “Llorona”.  Las dos juntas una delicia.
En definitiva, Rozalén apunta maneras para convertirse en una gran artista acaparadora de masas, pues sabe escribir buenas letras, sabe cantar, sabe rodearse de un buen equipo y, sobre todo, derrocha una simpatía que hace que sienta ganas de comprarme su próximo disco y de volver a verla en el escenario. 
Crítica de Mar Norlander publicada en La Nueva España.