martes, 12 de enero de 2016

Analizando la banda sonora de "091, policía al habla", de Augusto Algueró



En 1960 se estrena la película 091, Policía al habla, inspirada en hechos reales y dirigida por José María Forqué. La música corre a cargo del compositor Augusto Algueró y cuenta con la participación del saxofonista Pedro Iturralde. Basta escuchar las partes de saxofón incluidas en la banda sonora para apreciar que hay un gran músico detrás del instrumento, aunque en los créditos del film no aparece su nombre.

Según Padrol el catalán Augusto Algueró es el responsable de la evolución de la canción española, convirtiéndola “de folklórica en moderna” (Padrol 2009:390). Hijo y nieto de músicos (su abuelo fue el pianista de Raquel Meller y su padre fue pionero de los editores musicales españoles), tiene una solvente trayectoria como arreglista, director de orquesta, pianista y compositor. Estuvo muy influenciado por el jazz y la música norteamericana, y sus inicios en la música de películas se sitúan en el “Teatro Cómico” del Paralelo de Barcelona, situado enfrente de los Estudios Iquino de Cine. A finales de los 50 se convirtió en una de las figuras claves de la música moderna española, con canciones popularizadas por Marisol, Rocío Dúrcal o Los Cinco Latinos, entre otros. Compuso numerosas bandas sonoras de diferentes estilos, para una gran variedad de films, sin embargo, el único premio que se le ha concedido hasta la fecha es la Medalla de Oro del Cine Español, concedida con motivo del Centenario del Cine (Padrol 2009: 394).

El argumento de la película "091, Policía al habla" trata de la vida de un policía que atiende las llamadas de emergencia nocturnas en su coche patrulla. Su hija de 7 años es víctima de un atropello a la salida del colegio y el conductor se da a la fuga. Cuando consiguen localizar el coche del siniestro, el policía (interpretado por Adolfo Marsillach) quiere encargarse personalmente de detener al conductor. Mientras, el cuerpo de policía tiene que resolver diferentes sucesos que se desarrollan a través de distintas historias paralelas: la mala relación del protagonista con su mujer a raíz de la muerte de su hija, un grave accidente de coche con dos muertos por los efectos del alcohol, una mujer que se pone de parto, un niño que necesita urgentemente una bombona de oxígeno para respirar y un robo a gran escala, son algunos de los sucesos a los que se enfrenta la patrulla de policías en el transcurso de una noche. Dos cacos de poca monta, interpretados por Tony Leblanc y Manolo Gómez Bur, aportan la comicidad necesaria a una película basada en la tragedia, para aligerar la tensión. Este tipo de contrastes es una herencia de la zarzuela, del sainete y en general del teatro español.

La finalidad de la película, además del entretenimiento, es mostrar al cuerpo de policía en labores heroicas y al mismo tiempo humanas, con un marcado carácter apologético. Es destacable el desarrollo y la estructura del film, así como los apuntes costumbristas de la época (Aguilar 2013:93). En este aspecto es necesario destacar el papel de la esposa del policía, prototipo femenino de la mujer servicial, generosa y todo un conjunto de virtudes necesarias para asumir lo que debe y puede hacer en la vida una mujer de la época: ser esposa, madre y ama de casa. Con la pérdida de la niña la relación se desmorona, pero aun así ella está dispuesta a resolver la situación siempre que su marido la necesite. Otra pincelada costumbrista que está presente en el film es el que da lugar a la frase “estar de Rodríguez”, mientras las esposas se van de vacaciones a la playa con los niños.

La película se enmarca en un contexto histórico en el que cobra gran importancia la crónica criminal, en parte debido al auge del semanario El Caso, fundado en 1952 (Benet 2012: 306). El reparto es excepcional, contando con algunos de los actores más importantes de la época: entre ellos Adolfo Marsillach, Tony Leblanc, Susana Campos, José Luis López Vázquez, Manolo Gómez Bur, María Luisa Merlo, Francisco Cornet, Julia Gutiérrez Caba, Gracita Morales, Antonio Casas, Asunción Balaguer, Irene Gutiérrez Caba, Agustín González o Antonio Ferrandis.


La secuencia inicial es especialmente interesante para ver la relación que se produce entre música e imágenes ya que sin música no tendría el mismo sentido. Esta escena nos muestra diferentes planos de niñas  vociferando a la salida del colegio, en un hábito muy común, alternándose con planos de un coche que circula de manera sospechosa y el ruido del frenazo al dar la curva con excesiva velocidad. La integración música-efectos de sala crea un continuum sonoro que nos sitúa emocionalmente dentro de la secuencia. La salida del colegio se orquesta con un ritmo constante de percusión, con un acorde obstinato construido con un tritono (Fig. 1) y va tomando cada vez más presencia, incrementándose la instrumentación y acelerando el pulso rítmico. Es la música la que nos comunica la gravedad de los hechos que van a acontecer.
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Inmediatamente la niña es atropellada y hay una explosión de metales con un glissando descendente sobre tres notas (Fig. 2), cuatro pulsos más de percusión en un registro más grave y de nuevo metales con intervalos disonantes anunciando la tragedia (Fig. 3). De hecho, el plano cenital junto con el acorde en los metales en glissando descendente nos comunica que la niña ha muerto.

La música, por tanto tiene una función narrativa puesto que sin música sólo sabemos que una niña ha sido atropellada. La película continúa sin música mientras se informan de quién es la víctima, tan sólo se alternan diálogos con sonido ambiente, ruidos de coches y máquinas de escribir.

La banda sonora que acompaña a los créditos iniciales tiene una orquestación claramente inspirada en la película “Vértigo” dirigida por Alfred Hitchcock, con música de Bernard Hermann. El estreno de Vértigo es de 1958, dos años antes de la película de Forqué, y Hermann se había convertido en una referencia para numerosos compositores de bandas sonoras. La música de Augusto Algueró presenta un aire de fusión entre el jazz y ritmos caribeños. Un motivo circular en obstinato con corcheas sobre compás ternario, surge cuando le comunican al policía a través de la emisora que es su hija la que ha muerto y da lugar al inicio de los créditos (Fig. 4). La banda sonora  de Vértigo también se construye con un motivo circular en obstinato que forma una espiral con tresillos de negra sobre compás binario (Fig. 5). En las dos películas los motivos circulares sirven de fondo para desarrollar la sección de metales, siempre de agudo a grave, con cromatismos que tienen su máximo clímax en registro grave, tan característico del estilo de Herrmann. Otros elementos característicos de este autor son: el uso de motivos muy pequeños que somete a una constante repetición con un elaborado tratamiento sinfónico y el privilegio del registro grave en la orquestación a cargo de los instrumentos de viento en detrimento del lirismo de las cuerdas. Estas características se aprecian en la banda sonora de Augusto Algueró pero adaptándolas a la música de jazz. 

En el siguiente vídeo podemos ver el inicio de la película Vértigo de Alfred Hitchcock con banda sonora de Bernard Hermann.

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Como comentamos anteriormente 2 personajes aportan el tono cómico a la obra. Se trata de dos ladronzuelos que roban un pequeño coche (muy moderno para la época) y unos melones para intentar impresionar a unas chicas (que no aparecen en el film). Estos dos personajes cómicos suelen aparecer después de escenas de máxima tensión y dramatismo y generalmente todas las fechorías que llevan a cabo les salen mal. Para narrar su presencia, el compositor crea un motivo musical sobre la escala pentatónica de Mi (Fig. 6), sobre una base armónica de tónica y dominante. Para cerrar la melodía, a modo de pregunta y respuesta utiliza un turn around, característico de la música de blues y la mayoría de las veces está interpretada por marimba y guitarra de caja.



El mismo motivo podemos escucharlo cuando los cacos intentan vender un maletín de relojes que se han encontrado en el coche robado, sin saber que tienen un alto precio. Cuando les van a pagar el importe de la venta de 2 de los relojes se asustan y deciden devolverlo al lugar de origen (el coche robado), ya que son ladrones “honrados”. Para narrar esta escena, el compositor utiliza el mismo motivo, pero la melodía está interpretada por una flauta sobre un ritmo de swing llevado a cabo con percusiones. 
https://www.youtube.com/watch?v=JMTtBSKQxoQ

Poco después de haber devuelto el coche al mismo lugar donde lo habían sustraído, son detenidos, pero en ese momento el policía (Adolfo Marsillach) quiere llegar al aeropuerto cuanto antes para evitar que su esposa se marche a Barcelona. Por ello deciden dejar a los ladrones libres y en ese momento vuelve a sonar el motivo, con saxofón a ritmo de swing orquestado e improvisaciones de clarinete.

Los motivos comentados hasta ahora son los más significativos y tienen lugar a lo largo de todo el film para ambientar diferentes escenas, principalmente de carga dramática (Fig, 1, 2 y 3). Además, la banda sonora contiene otras músicas que ayudan a narrar las distintas situaciones a las que se ven sometidos los diferentes personajes. También encontramos música diegética para situarnos en lugares de ocio (una bolera, un pub, un tablao flamenco…). La máxima tensión se produce al final de la película en el aeropuerto de Barajas ya que, por un lado, el policía protagonista quiere evitar que su mujer se vaya y, por otro lado, han sido movilizadas numerosas patrullas para detener a una banda organizada de ladrones, que intentan huir con el botín a Lisboa. Se producen escenas de persecución y disparos con máxima tensión, típicas de cine policiaco. Para ambientar esta escena (que dura casi 5 minutos), Augusto Algueró recurre a todo el arsenal de motivos y melodías que ha utilizado durante toda la película: los tres acordes de metales cuando los ladrones son descubiertos; motivo de espiral con marimba, percusión y metales, junto con las sirenas de policías al iniciarse la persecución; una improvisación de estilo be-bop sobre base del motivo de espiral; la música de los créditos iniciales junto con los golpes en obstinato de la primera escena  aderezado con sirenas de policías y múltiples disparos. El policía protagonista cae herido y suena una variación de los 3 acordes de metales (Fig. 2). Su esposa acude en su ayuda, mientras, la escena de la persecución continúa desarrollándose in crescendo, hacia el agudo, hasta el momento en que disparan al ladrón.
La música nos informa de que la persecución ha terminado al morir el ladrón, con una sinuosa melodía de saxofón. Unos instantes sin música, tan sólo con el sonido ambiente de los ruidos de motores y la ambulancia que se lleva al policía herido junto con su esposa. Para los breves créditos finales se utiliza  el motivo de los cacos desarrollado con gran orquestación, a modo de big-bang con ritmo de swing.

En definitiva, una interesante película que nos acerca a algunos aspectos de los usos y costumbres de la sociedad española en los 60', con una banda sonora a la altura de cualquier película de cine negro hollywoodiense. 

Bibliografía:

AGUILAR, Carlos. Cine y jazz. Ediciones Cátedra, Madrid, 2013. 
ALCALDE DE ISLA, Jesús. “Pautas para el estudio de la música cinematográfica”. Área Abierta, Nº 16, Marzo 2007
BENET, Vicente J. El cine español: Una historia cultural. Paidos, Barcelona, 2012. 
PADROL Joan, “La música del cine español de los años 50: Augusto Algueró, Xavier Montsalvatge e Isidro B. Maiztegui” en OLARTE, Matilde. Reflexiones en torno a la música y la imagen desde la musicología española. Plaza Universitaria Ediciones, Salamanca, 2009. P. 389-402.
SANCHEZ BARBA, Francesc. Brumas del Franquismo: el auge del cine negro español (1950-1965). Edicions Universitat Barcelona, 2007.