domingo, 24 de mayo de 2015

One, two, three, four…con Richie Ramone ¿Qué queda del punk?

Richie Ramone, en la gira “Smash You Live 2015 World Tour”. Sala Acapulco del Casino de Asturias, martes 19 de mayo.

Llevar el apellido artístico “Ramone”, haber formado parte de la banda pionera del movimiento punk en Nueva York y haber compuesto varios temas punteros para el grupo (entre ellos el himno “Somebody Put Something in My Drink”) no fue suficiente para atraer público al concierto de la gira “Smash You Live 2015 World Tour”, que se inicia en Gijón y pasa por varias ciudades de España. Entre prensa, espectadores y personal de la sala Acapulco no sumaban ni medio centenar.

¿Qué queda de aquel movimiento y aquella banda que inspiró a millones de jóvenes de varias generaciones con la filosofía de que cualquiera puede ser músico sin saber tocar y cualquiera puede convertirse en una estrella de rock? A juzgar por lo que Richie Ramone  ofrece en su concierto  queda su atuendo con zapatillas de lona y camiseta, queda la preferencia por tocar en salas pequeñas, la sencillez de sus letras y muchas canciones de tres minutos y tres acordes. Nada más, bueno sí, que la mitad de las canciones no llevan punteos, dato fundamental de la primera oleada del punk. Con la nueva formación de Richie Ramone desaparece la rabia, las protestas sociales (!qué bien nos venían en los tiempos que vivimos!) y ese sonido característico que diferenciaba claramente a unas bandas de otras.

Para su gira por España cuenta con músicos como Alex Kane, que sí sabe tocar la guitarra, de hecho en la mitad de los temas del concierto se marca espléndidos solos virtuosos que contradicen el espíritu punk. También cuenta con la bajista Clare Misstake, con una estética heredada del legado de Vivienne Westwood y una forma de tocar el bajo con púa que se ajusta bien a los cánones de lo que eran los Ramones. El último componente de la banda es Ben Reagan, segundo guitarra que toca la batería en varios temas para que Richie pueda saltar a la primera línea del escenario para cantar las  canciones de su disco “Entitled” junto con otras muy famosas de los Ramones. El feedback con el público se mantuvo durante todo el concierto, de hecho Richie bajó del escenario para saludar personalmente a varios fans entregados que no dejaron de cantar tema tras tema.

Otro legado que conservan de los Ramones es el inicio de los temas; el grito  “one, two, three, four”, popularizado por el bajista Dee Dee Ramone, también estuvo presente en la voz de la joven bajista Clare Misstake, que vive el escenario con emoción y verdadero espíritu punk. El resto de lo escuchado se asemeja más a cualquier banda de rock con toques punk, medianamente decente, que a nada que tenga que ver con el movimiento cultural llamado punk. 
Crítica de Mar Norlander para La Nueva España

El regreso del fado

Asociación Amigos del Fado de Asturias y Teatro Jovellanos. Sábado 16 de mayo.
Casa de Fados: Catia de Oliveira y José Manuel Clemente

Los aficionados al fado tuvieron ocasión de disfrutar de una velada en la que la expresión musical más internacional de Portugal cobró vida de nuevo en Gijón. El decorado del escenario  del Teatro Jovellanos estaba ambientado a la manera tradicional de las auténticas casas de fados de la zona antigua de Lisboa:  mesas y sillas ocupadas en una esquina del escenario simulando una taberna, un biombo con retratos de grandes fadistas, tres músicos sentados y una pareja de artistas que expresan emociones y construyen relatos a través de la voz, dialogando con el público al que se le invita a permanecer en silencio mientras se canta, pues en el fado así debe ser.
La actuación comenzó con una “guitarrada” -nombre con que se designan a los temas instrumentales del género- a cargo de Ángelo Freire (guitarra Portuguesa), Flávio Cardoso (viola) y Daniel Pinto (guitarra baja). Los tres músicos crearon un entramado melódico-rítmico y un soporte armónico de gran riqueza para que los cantantes fadistas Catia de Oliveira y José Manuel Clemente pudieran desarrollar su personalidad musical.   Fue un lujo contar con la presencia de uno de los guitarristas más cotizados del mundo del fado, pues Ángelo Freire es un gran virtuoso al que recurren las grandes fadistas como la genial Mariza, Ana Mora, Carminho o Mafalda Arnauth entre otras.

Tras la guitarrada, la contralto Catia de Oliveira tomó presencia en el escenario, vestida de negro como manda la tradición,  para deleitarnos con diversos tipos de fados, desde los más primitivos como el fado menor o el corrido hasta los actuales triplicados o tangos, con composiciones de autores de prestigio  como José Marqués o Joaquim Pimentel, entre otros. La voz de Catia destaca en los fados tristes que requieren más dramatismo y fuerza vocal, pues su voz es cálida y dotada de un vibrato natural fruto de la experiencia. Menos brillante resulta su voz para los fados más ligeros, ya que su particular forma de alargar los glissandos más de lo habitual, sin resolver a la vez  que la instrumentación, produce efectos de desafinación. Se despidió entre fuertes aplausos tras cantar un fado triste popularizado por Amalia Rodríguez.


Otra pieza instrumental de gran virtuosismo por parte de Freire dio paso al fadista José Manuel Clemente. Se ganó a los presentes por su esfuerzo para comunicarse en español  y por sus dotes líricas cultivadas a base de experiencia y saber estar encima de un escenario.  Al igual que Catia también nos regaló una variedad de fados con letras de grandes poetas fadistas, algunas tristes que expresan sentimientos profundos y otras más divertidas e irónicas. No faltó algún tema en el que se invitó a cantar al público, dispuesto a participar de la esencia portuguesa.  Una gran actuación que fue muy ovacionada por el público.  Para despedirse contó de nuevo con la presencia de Catia de Oliveira para ofrecernos una “desgarrada” en la que los dos fadistas “discuten” y luego se reconcilian.  Los aplausos insistentes del público reclamaron un bis y los dos cantantes volvieron al escenario para desvelarnos una vez más el misterio del fado. 
Crítica de Mar Norlander para La Nueva España.

Horisont, buena banda sueca.

 

Horisont + Estramonio en la sala Acapulco del Casino de Asturias. Miércoles 13 de mayo.

Los suecos Horisont, con su tercer álbum “Time Warriors” llegan a la sala Acapulco mostrando madurez y consolidación como banda que apuesta por un estilo hard rock a caballo entre los 70 y los 80,  cercano a los Judas Priest, Cathedral o Black Sabbath, pero con ciertas diferencias. La excusa para esta gira, que arranca en Gijón y pasa por varias ciudades españolas, es dar a conocer tres temas nuevos que conformarán el próximo disco -aún por editar- y la presentación del nuevo guitarrista, Tom Sutton, procedente de la banda de doom metal “The order of Israfel”.
Horisont fueron teloneados por el cuarteto mierense Estramonio, un grupo de rock ochentero sin demasiadas ambiciones, cuyo objetivo es tocar para disfrutar haciendo lo que les gusta. Lo más llamativo del grupo son las estridentes  presentaciones del cantante,   quedando a medio camino entre hortera pasado de moda  y gracioso. Todo un personaje.
En cuanto a la banda sueca, formada en el 2006,  hay varias cosas que destacar.  Como nunca hay hueco para hablar del batería empezaré valorando la calidad musical de un tipo que se hace llamar Pontus. Con un set de batería más reducido de lo habitual en este estilo de bandas le sacó  partido al máximo,  regalándonos muchos matices y  varios solos  en los que demostró que sus oídos no sólo se alimentan de hard rock; hay mucha más variedad musical.
Los dos guitarristas mostraron un buena ejecución en los dúos a lo Thin Lizzy y mucha calidad en algunos solos vertiginosos, además de un buen empaste con el bajo tocado con púa.  La voz de Axel, en una tesitura de contratenor que a veces recuerda al mismísimo Robert Plant, muestra cualidades vocales prodigiosas pero, quizás, un poco falto de técnica.   En  algunos temas se nota una mala elección de las tonalidades, quedando demasiado al límite y sin fuerza. Es una lástima porque posibilidades hay todas las del mundo pero estos excesos le  pasarán factura más temprano que tarde.  Esperemos que no.

Canciones estructuradas con partes bien diferenciadas, algunas cercanas al mainstream y otras más originales y trabajadas, forman el repertorio de su último disco con temas como “Writing on the wall”, “Brother” y “Eyes of the father” junto con  los nuevos “Break the limit” y “Yellow Blues” entre otros. Temas que fueron muy ovacionados por poco menos de un centenar de aficionados que optaron por disfrutar de buen hard rock antes que ver un partido de Champions. La banda sueca lo agradeció con tres bises.  
Crítica de Mar  Norlander para La Nueva España

martes, 19 de mayo de 2015

Albert Plá, sin polémica ni ruido.


Albert Plá en su gira “A pleno pulmón”. Sala Acapulco del Casino de Asturias. Viernes 8 de mayo.

Después de que su último espectáculo “Manifestación” fuera censurado en Gijón, tras las polémicas declaraciones a La Nueva España al manifestar que "a mí siempre me ha dado asco ser español, y espero que a todo el mundo", vuelve con “A pleno pulmón”, más pacífico, más tranquilo, más indiferente y menos controvertido. No hubo alusiones a la polémica censura y tampoco hubo nada nuevo en este espectáculo.

Se presenta en la sala Acapulco  ataviado con su habitual túnica desaliñada, una guitarra acústica, máquina de humo y un sofá en medio del escenario, dispuesto a hacer un repaso por sus canciones más emblemáticas rescatadas de los nueve discos que  conforman su carrera discográfica. Un repertorio de melodías sencillas entre rumba y pop muy fáciles de digerir, cantando en su estilo habitual  entre susurros y sonrisas infantiles, en contraposición con el mensaje de sus letras irónicas, cargadas de denuncia social, surrealismo y toques de divertida locura.  

Tras el saludo inicial “Muy buenas noches mis queridos ciudadanos de Madrid” nos contó lo que le pasa a su  “Corazón” cuando se sale de la teta y va al Puente de los Suspiros para encontrarse con otro corazón.  Una historia original rescatada de su disco “La Diferencia” que arrancó los primeros aplausos sonados del público.   Del mismo disco también nos contó la que se puede armar con “La colilla” de  Carlos Cuesta, último descendiente de Montezuma, capaz de incendiar todo el territorio de Estados Unidos. Tras el “incendio” la sala Acapulco se quedó totalmente a oscuras y Albert Plá con tres lamparillas sujetadas en su cabeza se coló entre los asientos del público para cantar “Ciego” y disparar su provocador monólogo de la película “Murieron por encima de sus posibilidades” en el que se carga  y se caga encima de los banqueros, la policía y los políticos.

No faltó la rumba que describe a los inadaptados sociales “Enterrador de cementerios” y “El gallo Eduardo Montenegro” un tema de su polémico disco “Veintegenarios en Alburquerque”. Con “Carta al rey Melchor” es capaz de renunciar a sus ideales republicanos por amor  y con   “Teófilo Garrido” se pregunta “¿quién escribe las letras de las manifestaciones, Alejandro Sanz?”. El público se divertía con las ironías y cantaba   gran parte de las letras de un cantautor que también mostraba estar a gusto entre los asistentes.

La versión del tema de Bob Dylan “El lado más bestia  de la vida”, publicado en su quinto disco de versiones “Supone Fonollosa” fue el tema más coreado junto con la divertida “Insolación” que sirvió para despedirse con una gran ovación.  Pero el público reclamó más y Albert Plá volvió a salir “encantado de cantar un par de canciones más”. Al final fueron tres las que cantó, a cual más surrealista.  Así pudimos escuchar “El bar de la esquina”,  “Los ojos” y despidió con “Adiós terrícolas que os den po’l culo” para irse a su “planeta alojado en el fin de los  mundos”.


Esta versión austera de Albert Plá está bien, es entretenida y divertida pero se queda un poco sosa. Ya que no ofrece nada nuevo “filosóficamente” hablando, al menos me hubiese gustado disfrutar de algunos arreglos musicales que regala  en otros conciertos cuando se rodea de buenos músicos. Sería una buena  justificación para ir a sus espectáculos y no verlos desde youtube.
Crítica de Mar Norlander para La Nueva España


jueves, 14 de mayo de 2015

El lamentable concierto de Micah

Micah P. Hinson. Sala Acapulco del Casino de Asturias.  Jueves 7 de abril.

La pésima actuación del cantautor americano dejó al público estupefacto.  Alrededor de 100 personas acudieron a la sala Acapulco para ver de nuevo al que fue considerado hace 10 años el artista revelación de la escena folk-rock. Un músico de 34 años, nacido en Memphis que ha sido capaz de cautivar a miles de seguidores en toda Europa por su particular forma de cantar, desde el sentimiento más profundo y por sus letras controvertidas y sinceras que hablan de amor, soledad, tristeza y todo lo relacionado con la vida de un perdedor. Un personaje que encaja perfectamente con la descripción de la música alternativa-indie.

Después de su última visita a Gijón hace dos años, volvió a subirse al mismo escenario, ataviado con una guitarra acústica y varios pedales de efectos, para explicar el motivo de la gira que le trae por varias ciudades de España: el 10º aniversario de su "Micah P. Hinson And The Gospel Of Progress".

Desde los primeros acordes que sonaron la pregunta era ¿Qué le pasa a Micah? Voz temblorosa y desafinada, incapaz de concluir una estrofa completa sin atascos.  A veces se olvidaba de cantar o lo hacía sin micrófono, y no era a propósito. Con la guitarra parecía un principiante probando acordes para ver cuál quedaba mejor y utilizando distorsiones sin ningún control del volumen.  Sus canciones ralentizadas, sin medida,  sin empezar ni terminar, sin entusiasmo, sin nada que decir.  Entre tema y tema largos discursos incoherentes y entrecortados.  A la media hora de ridícula actuación en la que ni una sola canción sonó medianamente aceptable optó por tomarse un descanso de 15 minutos.  A la vuelta todo siguió igual de lamentable.  En definitiva, el mayor desastre de un artista que he presenciado en mi vida.  


El comportamiento del público impecable, algunos optaron por irse discretamente y una gran parte aprovechó el descanso para abandonar la sala porque  el asunto no tenía ni un atisbo de mejoría. Los que se quedaron aplaudían tímidamente, con respeto por alguien que  en su día les tocó alguna fibra sensible. Según los organizadores, no había bebido nada  y si toma drogas no me consta, como diría la infanta.  Especular sobre lo que le pasa a Micah no es asunto mío y no voy a entrar en ello, pero, subirse a un escenario en esas condiciones es una gran falta de respeto al público y alguien tendría que haberlo evitado. Esperemos que haya sido sólo una pésima noche y que aún quede algo de artista dentro de Micah P. Hinson. 
Crítica de Mar Norlander para La Nueva España

“El Intérprete” y sus amigos invisibles.


Compañía Factoría Madre Constriktor en el Teatro Jovellanos. Viernes y sábado, 1 y 2 de mayo.
Asier Etxeandía: El Intérprete
Tao Gutiérrez: Dirección Musical
Guillermo González: Piano

El escenario del Jovellanos se convirtió por dos noches consecutivas en la habitación de un niño raro de nueve años que soñaba con ser cantante e interpretaba sus canciones para un montón de amigos invisibles. Asier Etxeandía, en el papel del “Intérprete” nos sitúa en una noche de mayo de 1984, cuando tenía nueve años,  y convierte al público en sus cómplices amigos invisibles para los que va a actuar.
El planteamiento es sencillo y perfecto para ofrecer un espectáculo original y divertido en el que los presentes pudimos bailar, cantar, reír, emocionarnos y hasta beber tequila. Un punto de encuentro entre lo musical y lo teatral que sólo es posible si el “intérprete”  que lo pone en escena  tiene el talento artístico de Asier Etxeandía, que pasa por  su mejor momento profesional. También es fundamental la calidad de los músicos que abordan una gran variedad de estilos musicales dando a cada tema su esencia. Pero el éxito de esta obra es la sinceridad con la que está hecha. El discurso se construye a partir de un diálogo capaz de darle protagonismo y dignidad a las rarezas y los miedos de la infancia y capaz de empatizar e identificarse con el público, pues todos hemos sido en algún momento niños raros. “Defiende tu sombrero por ridículo que parezca” o “No estás solo” y “Eres maravilloso”, se convirtieron en mensajes positivos repetidos por Asier.


La interpretación del tema “El cantante” de Héctor Lavoe con el que abre el show  dejó muy claro que estábamos ante un espectáculo  original  y que las sorpresas no iban a parar en toda la noche.  Así fue. Entre “Luz de Luna” de Rocío Durcal,   “Like a Virgin” de Madonna, la versión especial del famoso tema de Lou Reed “Walk on the wild side”, Alaska, David Bowie, Camilo Sexto o un tango de Gardel el show iba in crescendo y cuando ya creíamos que la cosa no daba más de sí todavía nos sorprendía con algo mejor.  El punto culminante llegó con la aparición del Coro Minero de Turón cantando “El pozo María Luisa” desde el fondo del pasillo de butacas, vestidos de minero. La lamparilla de sus cascos era la única luz que había en el Jovellanos !Qué bonito  y qué emocionante! Y, como decía, las sorpresas nunca se acababan así que  ver al Coro Minero cantando “Under Pressure” y “Somebody to love” de Queen junto con Asier fue lo máximo. Espectáculo único e irrepetible que se llevó una ovación más que merecida para todos los integrantes de la compañía, pues está claro que un espectáculo de este calibre solo funciona cuando hay buena química y un trabajo en equipo. Hacía tiempo que no escuchaba tanto estruendo de aplausos y zapateos en el suelo del Teatro Jovellanos.
Crítica de Mar Norlander para La Nueva España.

Las sorpresas del LEV



IX Festival Internacional de Creación Audiovisual de Gijón. Laboral Ciudad de la Cultura.Mayo 2015.

Diversas propuestas  llegaron  a la novena edición del Laboratorio de Electrónica Visual (LEV) celebrado en Gijón. Unas más acertadas y otras no tanto, pero el  LEV siempre es una gran oportunidad para vivir experiencias diversas que combinan el arte visual con el auditivo. La inauguración corrió a cargo de  Playmid ofreciendo un  espectáculo gratuito de sinestesia, a base de juegos de luces y sonidos en el Puerto deportivo que sonaban muy bien sobre el papel pero la realidad quedó más deslucida.  

Interesante fue la videoinstalación de Quayola, y su “Strata #4”, que trata de mostrarnos qué   hay detrás de algunas pinturas de Van Dyck y Rubens. Mediante la proyección visual pudimos ver  la descomposición en pequeños fragmentos de pinturas religiosas en la Iglesia de la Laboral.  Sonidos de sintetizador de carácter minimalista con efectos sonoros  nos introducen en las cualidades de la composición que presentan  estas pinturas.

La primera sorpresa llegó de la mano de Jacaszek, un artista sonoro polifacético que, en su presentación de “Glimmer”,  resultó novedoso por una particular mezcla de instrumentos clásicos con texturas electrónicas y por la fusión sonora  de pasajes  barrocos, minimalistas y vanguardistas más actuales. Ignacy Wisniewski  demostró ser un brillante músico adaptándose metronómicamente a las secuencias prefijadas en la interpretación con un clavicordio.    Andrzej Wojciechowski, alternando entre un clarinete en Si b y un clarinete bajo, imprimía a la obra otras frecuencias sonoras que combinaban perfectamente con la electrónica industrial.  Pero no todo lo grabado era industrial, el artista Jacaszek también recurrió a sonidos de  cordófonos renacentistas,  láminas de madera y pianos pregrabados junto con la grabación a tiempo real de fragmentos de clarinete y clavicordio, interpretados en directo para volver a volcar la muestra en vivo y así crear un ambiente sonoro  perfectamente orquestado. Además de la satisfacción auditiva nuestros ojos también disfrutaron con los paisajes visuales abstractos creados por Alba G. Corral en directo. Una muestra de interdisciplinariedad cuyo resultado fue más que interesante. El público lo agradeció con estruendosos aplausos.

Cabaret Voltaire era el reclamo más popular de la novena edición del LEV. La presentación como proyecto personal de Richard  H. Kirk  no defraudó pero tampoco sorprendió.  Acierta al huir de los viejos temas que le consagraron como pionero y referencia de la música británica industrial y techno  de hace 30 años pero en su actual propuesta no deja claro por dónde van los tiros. Siguiendo una línea más comercial para consumo de ambientes ibicencos aporta alguna pequeña novedad, más en lo visual que en lo sonoro, pues en esto último aparte de romper de vez en cuando estructuras habituales de ocho compases, utilizar alguna polirritmia y mezclar de manera particular voces en off de radio y televisión con sonidos electrónicos poco más hay.  En una pantalla gigante dividida en tres secciones se proyectan imágenes a gran velocidad con saturación de color sobre fondo blanco y negro. Las imágenes muestran episodios claves de la civilización del siglo XX, principalmente de guerras, personajes políticos, luchas femeninas y superhéroes de ficción. Mientras, las composiciones sonoras se movían por diferentes bases rítmicas que se iban superponiendo con pequeñas variaciones e incrementando los niveles de audio. Al final de la sesión el volumen y la saturación de agudos rozaban el umbral del dolor en los oídos.  Suerte que la organización del LEV obsequiaba a cada visitante con tapones.  Se ve que estos del LEV están en todo.  


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La segunda sorpresa, aunque esperada, fue Ben Frost y el artista visual MFO, que consiguieron  cautivar a todos los presentes del abarrotado teatro de la Laboral con la presentación en directo de uno de los mejores discos del año en su género, “A U R O R A”. Un espectáculo de luces,  sombras y sonidos cuidado al máximo detalle para atrapar la mente y sumergir al espectador en una experiencia única y diferente. Aunque suene  a anuncio de película de ficción así nos sentimos la mayoría de los asistentes con el trabajo de Ben Frost y MFO, artistas que pasarán a la historia, seguramente.
Crítica de Mar Norlander para La Nueva España


La esencia de "Casablanca"


Casablanca + Grim Comet en la sala Acapulco del Casino de Asturias.  Miércoles 30 de abril.

La  banda sueca Casablanca en su anterior gira por España dejó el listón muy alto.  Es la segunda vez que visitan Gijón, aunque en esta ocasión hay cambios de personal y no para mejor.  La falta del guitarrista Ryan Roxie,  que ya trabajó con Alice Cooper o Slash entre otros, se hizo  notar en los solos de guitarra y en los riffs.  Lo bueno que tiene esta banda  es que, a diferencia de otras del estilo,  no todo se centra en los sonidos de la guitarra.  La puesta en escena  del cantante Anders Ljung y la potente pegada de la baterista Josephine Forsman  son la esencia de Casablanca.  El quinteto lo completan el bajista y ex-futbolista de la liga profesional sueca Mats Rubarth, el segundo guitarra Erik Almströn y Jon Sundberg en sustitución de Ryan Roxie.
La presentación del nuevo single “My Shadow Out of Time” fue la excusa para esta pequeña gira, antecesora de lo que será su nuevo álbum a finales de año, y la sorpresa fue la poca asistencia de público para ver a una  de las bandas con más proyección internacional que hay  en este momento.

El trío madrileño de Rock stoner Grim Comet, con sus graves afinaciones y la presentación de su primer disco “Pray for the victims”, se encargaron de telonear a la banda sueca, cuyo cantante apostó por un cambio de look mucho más impactante para esta gira. Pero Anders Ljung además de cuidar su aspecto físico al detalle también controla sus cuerdas vocales. Tiene un buen cambio de registro y sabe rajar la voz con buena técnica, aunque en el concierto de Gijón tuvo algunos pequeños patinazos, sin importancia.  El  resto de la banda más o menos bien, el bajista muy correcto y, entre los dos guitarras formaban uno medio bueno. Pero lo más destacado del concierto de Casablanca es la batería, sin duda.  Josephine Forsman, con un metrónomo implantado en su cabeza y una impactante seguridad al golpear los timbales se convierte en el motor de la banda,  logrando un buen empaste de bombo y bajo.  Lástima que este instrumento sea tan poco visible, aun así buen futuro le espera a esta chica en el mundo del rock.

Crítica de Mar Norlander para La Nueva España

Buenas ideas barrocas


Orquesta  de Cámara de Siero (OCAS).  Dirección: Aarón Zapico
Higiénico Papel Teatro. Guion y Dirección de escena: Laura Iglesia
Danzasturias.  Coreografía: María Larroza
Teatro Jovellanos, domingo, 26 de abril.

La magnífica interpretación del actor Félix Corcuera en el papel del diletante rey Jorge II fue el hilo conductor  del divertido espectáculo “Una de fuegos artificiales”, recreación  del estreno de “Música para los reales fuegos de artificio” de Haendel, compuesta para celebrar el fin de la Guerra de Sucesión austriaca  en la Inglaterra de 1748. El hecho histórico fue un auténtico desastre, sin embargo en el espectáculo del Teatro Jovellanos no hubo ningún incendio y fue un gran éxito en las dos sesiones del domingo.

La jovencísima  Orquesta de Cámara de Siero, junto con “Danzasturias” y la escenografía de “Higiénico Papel Teatro” se unieron para ofrecer al espectador música y danzas barrocas (y también actuales), luces y mucha pirotecnia.  Hay que destacar la labor de los dos jóvenes violinistas de la orquesta: Carlos García y Luís Campa, que se encargaron de la parte de los efectos especiales, totalmente inocuos, por supuesto,  con muy buenos resultados.

La fanfarria inicial del eurovisivo  himno de Charpentier,  con dos trompetas en los palcos, quedó un poco deslucida  por el nerviosismo propio de los jóvenes intérpretes, pero rápidamente el resto de la orquesta se hizo con el control para dar paso a la llegada de Jorge II y su ayudante. Ambientado por los acordes de una tiorba el rey narra los acontecimientos que tuvieron lugar aquella trágica noche. Un guion escrito  con gran inteligencia y mucho sentido del humor por parte de la directora de escena  Laura Iglesia nos traslada al siglo XVIII, en el que se dan cita diferentes músicas barrocas, principalmente de Haendel y Telemann, con guiños al “La, la, la” de Massiel, a Michael Jackson y algún fragmento de rock. La música, interpretada por una orquesta muy joven y amateur y conducida magistralmente por Aaron Zapico,  sorprendió a los presentes por las dinámicas conseguidas, con  momentos brillantes en la sección de cuerda y la incorporación de detalles contemporáneos, sobre todo en la sección de percusión.


Los decorados, la buena colocación en el escenario y los “fuegos artificiales” a base de globos luminosos y mucho confeti disparado desde los palcos más altos del teatro completaban un espectáculo muy actualizado en el que no hubo ningún elemento  histriónico,  todo estaba justificado. Las pompas de jabón cayendo del techo para que el rey  pudiera “nadar”, ataviado con bañador y gorro años 20,  mientras la orquesta interpretaba el tercer movimiento de la sinfonía de Telemann, quedó magistral. También hubo lugar para bailes de hip-hop y personajes como Félix Rodríguez de la Fuente o Buzz Lightyear y su  “Hasta el infinito….¡y más allá!”, con el que el rey Jorge II despidió la actuación. Un espectáculo hecho con más inteligencia que medios y con unos resultados que ya quisieran otras grandes producciones.  Por si fuera poco la recaudación se hace con fines solidarios. ¿Quién da más por menos?
Crítica de Mar Norlander para La Nueva España.

viernes, 8 de mayo de 2015

Un "Revólver" bien cargado


Concierto de Revólver en el Teatro de la Laboral, Gijón. Viernes 25 de abril.
Carlos Goñi, voz y guitarra
Manuel Bagües, bajo
Julián Nemesio, batería.

Hace tiempo descubrí que para disfrutar de la música de Revólver hay que saberse las letras porque si no se hace pesado.  Fui al concierto de Gijón para ver la presentación del nuevo disco “Babilonia”  con media lección aprendida, es decir, con varios temas memorizados. Menos mal, porque si alguna pega le puedo buscar a este concierto de dos horas es que cuando la banda está  a pleno rendimiento apenas se entiende lo que dice Carlos Goñi. No porque tenga mala vocalización (bastante buena por cierto), es más bien porque  la  contundencia del trío envuelve la voz dejándola un tanto sumergida.  Es curioso, porque el formato  trío es el más pequeño que ha tenido Revólver en su larga trayectoria de más de 25 años, pero los arreglos que han hecho y la energía con la que tocan hacen que suene a una banda mucho más numerosa de auténtico rock americano.

Después de este pequeño apunte el resto son halagos.  Buenas composiciones siguiendo las líneas marcadas desde hace tiempo y una buena construcción de letras muy actualizadas, de crítica social y de sentimientos muy humanos hacen que cada oyente se identifique (cada uno a su manera) con los 10 temas que conforman “Babilonia”.  Pero no todo fueron novedades, también pudimos disfrutar de clásicos, referentes del pop español, como “Si es tan solo amor”, “Duro de llevar”, “El roce de tu piel”, “Mi rendición” o “Si no hubiera que correr”. 

Tras tocar el primer tema  “Babilonia”, Goñi se ganó  a los gijoneses recordando que uno de los mejores momentos de su vida fue en el Náutico cantando  “El Faro de Lisboa”, tema que volvió a interpretar ganándose una gran ovación.  Hubo otras anécdotas narradas entre canción y canción, mientras Perucho, “el mejor técnico de guitarra del mundo” (mencionado en cada ocasión),  le cambiaba los cables o las guitarras. Contó que hace 15 años en un pueblo de Asturias (Pola de Lena, le gritó una espectadora) lo pasó muy mal porque se le olvidaron todas las letras, por eso lleva atril y, aunque para esta gira prefería prescindir de él hay canciones que lo necesitan, pues contienen letras que no quiere interiorizar,  como “La moral mora en la moneda”,  un tema muy bien narrado que habla de la situación de España en los últimos años.


Entre temas acústicos con guitarra y voz y otros de sonido más cañero transcurrió el concierto para finalizar con el emblemático “El Dorado”, donde Carlos Goñi se marcó un largo solazo de guitarra demostrando lo buen instrumentista que es, no sólo cantautor. Me dejó con la boca abierta y levantó al público de sus asientos dando botes. El trío se fue bailando por el fondo del escenario mientras recibían una estruendosa ovación. No hubo lugar para ningún bis, ya estaba todo cantado y contado. 

Crítica de Mar Norlander para La Nueva España

Un ensayo de blues-rock

John the Conqueror en la sala Acapulco del Casino de Asturias.  Jueves 23 de abril.

Tenía buenas expectativas con el concierto del  trío John the Conqueror.  Nunca les había visto en directo pero sí conocía sus dos álbumes: el primero, con título homónimo  y el que grabaron hace poco más de un año “The Good Live”, con el que llegan a Gijón en medio de una gira europea.  Hablamos de un grupo de blues-rock que fusiona estructuras y riffs clásicos en la línea de  Muddy Waters, B.B. King o John Lee Hooker con un sonido más actual y enérgico como The Black Keys.
Bandas de este estilo de música hay en cada ciudad, así que, destacar haciendo blues-rock no es tarea fácil.  Sin embargo John the Conqueror han sabido traspasar la frontera local del Mississippi, y se posicionan entre los buenos de segunda liga.  Como el Sporting.

John the Conqueror se caracterizan por un sonido denso y contundente y una carga de energía que no decae ni suena vacía cuando hay solos de guitarra, pues el relleno de la batería con los platos y el bajo, crean un continuum sonoro potente. Una guitarra que, más que solos virtuosos construye riffs contundentes,  junto con una voz desgarrada, firme y seductora, -de las que no desafinan ni queriendo-, convierten a Pierre Moore en líder indiscutible de la banda; su primo Adam Williams a la batería y Ryan Lynn,  con una forma particular de tocar el bajo, cierran el trío norteamericano.


Pero mis expectativas se fueron disipando según avanzaba el concierto.  Más que una sólida formación dispuesta a conquistar a sus seguidores parecían tres colegas en un local de ensayo pasándoselo bien. No es que me moleste el disfrute de los artistas, todo lo contrario, si un músico no siente placer con lo que hace ¿qué puede ofrecerle al público? Técnica vacía. Pero no es el caso de John the Conqueror que, precisamente la buena técnica  instrumental no es su fuerte, excepto la voz.   Tampoco me molesta que hablen entre ellos riéndose, que paren para beber whisky, ni que el bajista deje de tocar para ir al camerino a por un cigarro o que el batería haga estiramientos musculares, pues tocar la batería cansa. Estos y otros detalles carecen de importancia, e incluso se pueden aplaudir  como parte de la “naturalidad” y el “feeling” con que se vive la música de blues, rock y soul.  Me molesta un poco más que los solos de guitarra no fluyan y se atasquen a medio camino del desarrollo, sin conclusión.  Pero lo que más me molesta es que se ignore al público. Éramos pocos pero ahí estábamos y parece que la banda no se dio cuenta, excepto en  momentos puntuales.  Quién sabe si es por timidez, por el whisky o por falta de profesionalidad, el caso es que el trío se metió en una burbuja de diálogo entre ellos haciendo caso omiso de los presentes, los cuales, aun así, con gran generosidad lo perdonaban todo e incluso reclamaron por dos ocasiones la vuelta al escenario del trío. Quizás, en otra ocasión se disipen mis dudas.  

Crítica de Mar Norlander para La Nueva España 

Paco Loco y los Jayhawks en el Gijón Sound Festival.

The Jayhawks + The Ships. Gijón Sound Festival. Sala Albéniz.  Sábado 18 de Abril.

Los norteamericanos The Jayhawks llegan al Gijón Sound Festival precedidos por la banda The Ships,  formada por el respetadísimo Paco Loco, junto con Juan Ewan y Dani Llamas, con disco recién estrenado y totalmente entregados al aforo completo de la sala Albéniz.  Tras su brillante actuación el buen rollo estaba servido, en parte  porque cualquier hazaña en la que se involucre  Paco será bienvenida en Gijón, pero, además porque conectaron perfectamente y dejaron al público con ganas de pasárselo muy bien el resto de la noche.
Tras los cambios de instrumental oportunos con la mayor brevedad posible llega la actuación de los Jayhawks, abriendo con “I’m gonna make you love me”,  tema que recuerda a los Credence Clearwater  Revival. The Jayhawks es de esas bandas  que se pueden permitir el lujo de vivir de rentas sin sacar nada nuevo o anunciando eternamente que están en ello, aunque lleven cuatro años con el mismo discurso, pues el líder de la banda Gary Louris está dotado de ese particular duende que le hace crear melodías que se convierten rápidamente en himnos.
Muchos cambios ha habido en esta banda de rock alternativo country, pero es en esta última formación donde más se acercan al pop. Gary Louris con sus guitarras “Gibson SG” y “Flying V” lleva el peso de los solos y las composiciones melódicas, pero también contribuyen a esa creación la teclista Karen Grotberg, que se encarga de los sonidos de piano y de Hammond, además de los coros, el bajista Marc Perlman, el más antiguo de la formación junto con el propio Gary, Tim O’Reagan a la batería y cantante principal en algún tema y el segundo guitarra Kraig Johnson que no me dijo en particular salvo que aporta grosor al sonido.
Durante hora y media el público cantó y tarareó los temas más emblemáticos rescatados de sus discos anteriores, temas como   “Ain’t no End”, “Big Star”, las coreadísimas “Save it for a Rainy Day” y “Bad Time”,  el hit “Blue”, “All the Right Reasons” “Angelyne”, etc. El momento cumbre del concierto se logró  con la participación en el escenario de Paco Loco, al que Gary reclamó su presencia contando con la complicidad del público para que subiera. Con su particular forma de solear conquistó a todos los presentes que no dejaron de corear “Paco, Paco….”.  Ya en el último bis se reclamó de nuevo su presencia para acompañar con la guitarra el tema “Tailspin”. Un gran éxito.


A base de buen rollo por parte de todos la noche fue especial, no importaba que la guitarra de Kraig Johnson se pasó medio concierto semitonada, tampoco importaban los desafines puntuales de la voz y de los coros (muy evidentes en “I’d Run Away” y en otras), los gambazos de las guitarras, los solos blandengues o los desajustes rítmicos que provocaron que en dos temas tuvieran que volver a empezar.  Las composiciones están ahí para disfrutar y el público iba  a eso.
Crítica de Mar Norlander publicada en La Nueva España

Un trovador australiano para el Gijón Sound Festival

Scott Matthew en la sala Acapulco del Casino de Gijón. Gijón Sound Festival, viernes 17 abril.

El australiano Scott Matthew era uno de los artistas más esperados  para la tercera edición del Gijón Sound Festival, sin embargo,  paradójicamente  no es una de las figuras que más público atrae.  Su particular forma de cantar y contar historias sobre la vida cotidiana está reservada para minorías que buscan una tranquila alternativa a lo que se escucha en la radio fórmula.
Alrededor de 100 personas ocuparon las sillas dispuestas en medio de la pista de la sala Acapulco  para presenciar el  estreno del quinto disco del cantautor residente en Nueva York, ”This Here Deafeat”. Un álbum con 10 temas lentos que hablan de tristezas, desamor, desencuentros y derrotas como el título del álbum.  Su  peculiar voz dotada de cierto encanto desgarrado y llena de melancolía imprime un sello de identidad un tanto diferente, pero que no haya malos entendidos, a pesar de la temática de sus letras huye del victimismo recurrente y cuenta lo que cuenta con cierta lejanía.  Como buen trovador que es.

Su participación en la banda sonora y en algún fragmento (como músico) de la película “Shortbuss”, dirigida por John Cameron Mitchell, contribuyó enormemente a su despegue comercial. El film fue muy polémico porque contiene algunas escenas con sexo real y, como todos sabemos,  no hay nada que venda más que el sexo, bien sea para aplaudirlo o para repudiarlo. La cuestión es que muchos se fijaron en su música y la demanda de sus conciertos hace que actualmente tenga colapsado el calendario de su gira.  Basta con echarle un ojo a su página web y podemos ver los pocos días de descanso que hay intercalados en el mes de abril, sólo tres, y si miramos los destinos aparecen  Alemania, Suiza, Portugal, Francia, Italia y tres conciertos en España Barcelona, Madrid y Gijón. ¡Agotador!

Un tema tras otro fuimos conociendo su nuevo trabajo, acompañado por sus tres amigos tocando el piano, la guitarra y el chelo para imprimirle un plus de melancolía a su música.  En ocasiones Scott Matthew se agarra al ukelele, instrumento al que le tiene un cariño especial, como manifestó él mismo sentado en un taburete con una copa de vino en la mano. También pudimos escuchar algún cover,  entre ellos el  tema popularizado por Whitney Houston  "I Wanna Dance With Somebody", compuesto por George Merrill y Shannon Rubicam. Por supuesto, su forma de interpretar  este tema dista mucho de la versión bailable y alegre de la fallecida cantante. Fue chocante pero estuvo logrado.   


En definitiva, el público que asiste a los conciertos de Scott Matthew va en busca de una experiencia emocional diferente, así que mencionar que me hubiera gustado escuchar mejores arreglos instrumentales, no tan básicos, repetitivos y carentes de recursos, quizás esté de más. 
Crítica de Mar Norlander para el periódico La Nueva España

El poeta y sus músicos


 
Joaquín Sabina en su gira “500 noches para una crisis”.   Jueves, 17 de abril. Palacio de Deportes Adolfo Suárez.

“En Macondo comprendí que al lugar donde has sido feliz no debieras tratar de volver”, dice la letra de “Peces de Ciudad”,  pero Joaquín Sabina miente. Dijo que “Gijón no es cualquier sitio”, puesto que algunos de sus mejores conciertos y, desde luego,  las mejores juergas las pasó aquí. A Macondo no volvió, eso se lo deja a Gabriel García Márquez y sus personajes, pero a Gijón sí. Por lo tanto miente,  porque en Gijón fue feliz y vuelve a repetir una vez más para el delirio de los miles de espectadores que abarrotaron el recinto y para desgracia de otros tantos que se quedaron sin entrada al poco de ponerlas a la venta. Yo tengo claro que  Joaquín Sabina es uno de los peores cantantes que tenemos en España y no creo que  nadie le admire por el desagradable sonido que sale de sus cuerdas vocales. Pero también tengo claro que Sabina es uno de los más grandes poetas que se han parido en nuestra tierra.  Un maestro del verso y de la prosa, único e irrepetible.

Dicho esto no me apetece seguir hablando del cantautor, ya está todo dicho,  pero sí hacer referencia a sus músicos, porque  el oficio de Sabina no es vender libros (aunque hay unos cuantos). Vende música,  compuesta y arreglada por musicazos con mayúsculas que, como él mismo dijo, “no son mercenarios de la música” contratados para una gira concreta, son sus compañeros de viaje durante muchos años, pues  “conviven, ríen y lloran” con el poeta. Son su “familia”.

 La banda que acompaña al cantautor es la élite  de los artistas que figuran en los créditos de las carátulas de los discos con letra pequeña.  Sus nombres y sus caras no ocupan portadas de tirada nacional ni acuden a programas de televisión de máxima audiencia.  Es más, probablemente una gran mayoría de los seguidores del espectáculo no conozcan sus nombres,  pero sin ellos ni el propio Joaquín Sabina ni otros muchos como Ana Belén, Víctor Manuel, Luz Casal, Miguel Ríos...estarían donde están.


Jaime Asúa, Pancho Varona, Pedro Barceló, Mara Barros, José Miguel Pérez Sagaste y Antonio García de Diego,  son esa élite que conforma la gira que lleva por título “500 noches para una crisis”. Cada uno de ellos se merece un espacio más amplio que éste y un reconocimiento de primer nivel, más allá de portadas de revistas o de periódicos. Son músicos de grandes recursos,  capaces de triplicar la sonoridad de una simple  acorde de Do Mayor y de extraer de sus instrumentos las vísceras y el alma para alimentar los oídos de los melómanos más exigentes. Por ello quiero dejar reflejada mi admiración por todos ellos  y en especial por el guitarrista, pianista y  compositor Antonio García de Diego. Un crack, al igual que el poeta, único e irrepetible. 

Crítica de Mar Norlander para La Nueva España