viernes, 2 de octubre de 2015

Stacie Collins, una bomba en el escenario


Stacie Collins presenta su disco “Roll The Dice”. Sala Acapulco del Casino de Asturias. Jueves, 24 de septiembre.

La cantante americana Stacie Collins pasó por Gijón para ofrecer en primicia su quinto disco “Roll The Dice”, a la venta en un par de semanas. Poco más de un centenar de asistentes se reunieron para disfrutar del trabajo de una banda capitaneada por una mujer que se deja la piel en el escenario cada noche.
Sobre los temas del nuevo disco poco hay que decir, son canciones nuevas pero sin novedades. La línea es la de siempre: más rápido o más lento se trata de rock and roll y blues fusionado con country, con estructuras clásicas y letras que hablan de cuestiones cotidianas. Pero los seguidores de Stacie Collins no están ávidos de novedades ni buscan sorpresas, saben lo que se van a encontrar en cada sala y saben que van a disfrutar de lo lindo. Y así fue.
La carrera de Stacie se ha ido forjando día a día durante miles de horas por escenarios de medio mundo. Tiene buena voz, buena afinación y transmite seguridad. Conoce perfectamente sus capacidades vocales y las utiliza sin artificios ni falsedades. Con la armónica cumple sobradamente, esgrimiendo solos en pentatónicas y alargando los bendings para resolver en el momento adecuado. Muy efectiva. Pero lo más destacable de esta cantante es su derroche de energía. Toca, canta, baila, hace coros, recorre el escenario de fondo a fondo con media barra de micro (a lo Freddy Mercury), no pone reparos en mezclarse entre el público o contonearse encima de la barra del bar en algún momento y, siempre con una gran sonrisa. Es simpática y cercana y le gusta ver las caras de su público, por ello pidió más intensidad en la luz de la sala. Y con tanta luz no perdimos detalle de sus movimientos, su sonrisa permanente y su complicidad con el resto de la banda formada por Al collins (bajista y marido de la cantante), Jon Sudbury (guitarra) y Ryan McCormick (batería).

Poco a poco fueron calentando motores alternando temas nuevos con éxitos de sus anteriores trabajos hasta llegar a “Baby sister”, el tema que desató las ganas de bailar de los presentes. A partir de ese momento la complicidad con el público, la lujuria y los decibelios fueron in crescendo.

No faltaron temas muy conocidos, entre otros“Shakin’All over” de Johnny Kidd & The Pirates, una versión acelerada de “Baby please don’t go” y otra muy particular de “Walking by myself” (Gary Moore), cantada por el guitarrista y tocando un solo que, si bien no supera el original (difícil, por otra parte) no le anda a la zaga. Stacie sabe rodearse de buenos músicos.
Después de hora y media de concierto el público quería más (“otres diez”, exclamaban algunos). Estratégicamente la cantante había reservado para el bis el más exitoso tema de su carrera, “Hey Mister”, todo un himno. Para finalizar y dejar la adrenalina a tope y las pilas bien cargadas versionaron “Long way to the top” de AC/DC, coreada a grito pelado por el público. Solo faltaron fuegos artificiales.


Acudir a un concierto de estas características siempre es un placer porque Stacie Collins y su banda reflejan perfectamente el concepto de grupo como tal. Se llevan bien, se lo pasan bien, les gusta lo que hacen y lo comparten con los demás. En definitiva, toda una lección de buen trabajo y buen saber hacer.
Crítica de Mar Norlander para el periódico La Nueva España

lunes, 22 de junio de 2015

El Circo de los Sentidos/ “Madre África”.

Un espectáculo multicolor con ritmos africanos

Teatro Jovellanos, domingo, 31 de mayo.

El “más difícil todavía” fue constante a lo largo de todo el espectáculo ofrecido por el Circo de los Sentidos. Su propuesta, “Madre África”, nos trasladó  al continente mediante una amalgama de sonidos, ritmos y sensaciones multicolores que cubrió el Teatro Jovellanos durante la tarde del domingo. Para empezar seis artistas dan la bienvenida con un canto espiritual bailando alrededor de seis talking drums gigantes, mientras los percusionistas tocan djembés y tambores africanos. Una banda llamada “Inafrika Band” formada por siete músicos mezcla ritmos africanos con armonías occidentales y ambienta el transcurrir de diversos números circenses, comenzando con una virtuosa del hula-hop y un equilibrista sobre  una escalera demasiado delgada y demasiado alta. Pero hay mucho más: dos chicas tumbadas en unas sillas que hacen bailar barriletes de madera  al ritmo de la banda y del canto de otras tres chicas, un contorsionista con articulaciones de goma capaz de girar todo el cuerpo (¡de infarto!), malabarismos con múltiples pelotas a ritmo del “Wanna be startin’ somethin’” de Michael Jackson, equilibrios cada vez más altos en una tabla apoyada sobre artilugios imposibles de sostenerse, piruetas, saltos, etc.
  
También hay varios números en los que el protagonismo se lo lleva la música y el baile.  Muy colorista quedó la danza salvaje de patadas extremas y movimiento de culo tipo “dança do creu” que se marcó el cuerpo de baile mientras otros cantaban y proferían gritos bereberes, logrando la complicidad con el público que no dejaba  de dar palmas a ritmo de los percusionistas. Muy bonito quedó el número en el que una chica toca una kalimba gigante colgada del cuello con forma de cesta mientras canta una especie de nana. Más intriga causó el número en el que una especie de  saco recorre el escenario con movimientos muy rápidos mientras otros bailan, talmente parecía que había algún sistema motorizado  debajo del saco, pero el misterio no se desveló hasta el final. Y, por supuesto, no había motor.

Después de los equilibrios de un adulto y un  niño con huesos de silicona llegó el final con todos los artistas encima del escenario, ataviados en multicolor,  cantando y bailando la parte más africana del “Waka waka”  y haciendo una pequeña exhibición de sus habilidades.  “Celebration” de Earth, Wind and Fire y “Gonna Be All Right” de Bob Marley ambientaron el jolgorio final en el que los artistas bajaron a bailar entre las butacas e invitaron a subirse al escenario a algunos espectadores.


Pero los números presentados en sí no son nada nuevos, salvo algunas danzas todos los hemos visto en múltiples ocasiones. Lo que tiene de particular este circo es el sentido de comunidad.  Todos son protagonistas y cuando no lo son hacen las funciones de ayudantes, todos participan en la danza y en el canto porque todos conciben el espectáculo como una unidad en la que cada uno tiene que dar lo mejor de sí mismo, transmitiendo alegría, simpatía y ganas. Porque en eso consiste el circo.
Crítica de Mar Norlander para La Nueva España

sábado, 6 de junio de 2015

Diego el Cigala, el duende estaba serio

Diego El Cigala. Concierto en el Teatro La Laboral de Gijón.
Sábado  30 de mayo, 2015.

Pasadas las ocho y media el cantaor se arrancó con “Las doce acaban de dar”, un martinete popularizado por Camarón de la Isla que Diego El Cigala dulcificó con su voz a capella. Digo que lo dulcificó porque en los melismas le faltaba un pellizquito de agudos y desgarre natural, pero le añadió sentimiento y profundidad a un precioso timbre cargado de armónicos.  Siguió con el cante de minas “Se me apagó el Candil”, acompañado a la guitarra por Diego del Morao, el hijo del consagrado Moraito Chico. Es increíble cómo toca este guitarrista y qué lujazo  escuchar a los dos Diegos mano a mano haciendo lo que mejor saben hacer. Puro arte. Las dos figuras estaban acompañadas por los palmeros Juan Grande y Ane Carrasco y por el compás de Sabu Porrina en el cajón. El cuadro flamenco se lució en pleno a ritmo de alegrías con su “tirititran tan tan”, que encendieron a un teatro casi lleno y con ganas de cantar, aunque se contuvieron. La noche pintaba flamenca como si de un tablao se tratara.

El Cigala vino para presentar “Vuelve el flamenco”, un álbum dedicado a Paco de Lucía y grabado  en el Palau de la Música en directo.  Pocos temas de su disco escuchamos en esta velada de hora y media, el cantaor optó  por escoger un repertorio más amplio rescatando temas de discos anteriores (tocados al más puro estilo flamenco) y temas muy populares de grandes del cante como Camarón o Enrique Morente.  
Una versión especial de  la soleá “Fuí piedra” sonó muy grande con la introducción complejísima y espectacular del guitarrista Diego del Morao, pero la euforia de los presentes la desató su interpretación personal del conocido tango “Nostalgias”, extraído de su disco “Cigala y Tango”. Precioso tema y preciosa versión.
Después de que el cuadro flamenco se desatara en un vertiginoso tema instrumental (talmente parecía que había tres guitarristas) volvió El Cigala al escenario para cantar el fandango “La fuente del querer”, tema que sí está en su último disco.  También rescató las canciones “Compromiso” y “Corazón loco” de su trabajo “Dos lágrimas” que cantó con mucho sentimiento, y terminó  por  bulerías con fragmentos de Camarón y aquel verso que dice “era tan grande mi dolor (...) por Dios llamarme a otro doctor”. Es una pena que El Cigala tenga esa costumbre de levantarse y alejarse del micrófono antes de concluir la última frase. Sólo le escuchan las primeras filas.
El público reclamó insistentemente más flamenco y Diego el Cigala volvió a salir junto con sus músicos para darnos pequeñísimas propinas.  Un par de versos cantados y tocados sin micrófonos fue todo. Los que estábamos de la mitad hacia atrás no le oímos.

Quizá, su voz no estuvo del todo afilá, quizá, la cejilla de Diego del Morao se bajó algún traste para comodidad del cantaor, quizá, alguna pena o nostalgia le corroía por dentro, quizá, estaba más serio de lo normal, quizá, las críticas hayan sido demasiado duras con Diego en las últimas semanas. Sin duda alguna, El Cigala es uno de los más grandes cantaores que hemos tenido y, sin duda alguna, aunque no fue su mejor noche, por los aplausos recibidos el cantaor sabe que siempre será respetado y bienvenido a Asturias. 
Crítica de Mar Norlander para el periódico La Nueva España


martes, 2 de junio de 2015

Lylia Zilberstein y la OSPA, talento y firmeza.



Concierto de la Orquesta Sinfónica del Principado de Asturias (OSPA). Teatro Jovellanos, jueves 28 de mayo.
Lylia Zilberstein, piano
Rossen Milanov, director

Ejecución brillante y perfecta. Así interpreta la pianista rusa Lylia Zilberstein el Concierto para piano nº 3 en Do mayor op. 26,  de su compatriota Sergei Prokofiev.  Los tres movimientos de que consta la obra fueron transcurriendo  con una seguridad y una delicadeza exquisita, sumergiendo al público en sonoridades clásicas y románticas salpicadas de disonancias propias de principios del siglo XX. 
Un gusto escuchar a Lylia tocar y un placer poder ver el movimiento de sus manos  bailando por encima de las teclas como si fueran una prolongación de sus dedos. Su forma de sentir y de interpretar este concierto mucho me recuerda a Martha Argerich y su grabación para el sello “Deutsche Gramophon”, principalmente en las dinámicas, la agógica, la expresividad y su elección de las líneas a destacar. No es de extrañar, pues las dos grandes pianistas han compartido muchas veces escenario interpretando fantásticos dúos.
La composición de Prokofiev mantiene una relación entre el piano y la orquesta muy equilibrada a lo largo de los tres movimientos, de tal manera que la función de acompañamiento tiene gran peso orquestal, a diferencia de otros conciertos. A la altura del talento de la pianista se mantuvo en todo momento la OSPA, bajo la dirección de Rossen Milanov, produciendo un continuo diálogo con el piano desde el andante del primer movimiento hasta la brillante y explosiva coda con que finaliza el tercer movimiento, cerrando en un tutti fortíssimo.  Destacable es la ejecución de toda la obra por parte de todos los componentes de cada sección. Todo estaba en su medida y su sitio preciso, siendo  lo más brillante la cuarta variación del segundo movimiento, por su complejidad rítmica y melódica. Lo único que no estuvo a la altura de la música fue el escaso entusiasmo del público.  Aplaudieron, sí, pero sin hacerse daño en las muñecas, no vaya a ser.


Tras la pausa oportuna para la retirada del piano llegó “Una vida de héroe”, el último poema sinfónico de carácter autobiográfico escrito por Richard Strauss, estructurado en seis partes sin interrupción. Comienza en Mi b como la “Eroica” de Beethoven,  pues Strauss aglutina  en este poema mucho de su pasado vital y musical, donde lucha contra los obstáculos (entre ellos la crítica) para salir triunfante. El “héroe” se presentó firme a cargo de las maderas y la cuerda grave, dando paso a “los adversarios del héroe”.  Una parte técnicamente más compleja que la OSPA solventó sin problemas.  Llegó el turno para el lucimiento del concertino Alexander Vasiliev, que supo captar y transmitir la sensibilidad requerida por el compositor para representar el papel femenino de “la compañera del héroe”.  Estamos a finales del siglo XIX así que no hay otra posible visión del carácter femenino. Una ejecución de gran calidad por parte del violín en diálogo amoroso con la orquesta para dar paso al desarrollo en “el campo de batalla”.  Un  leitmotiv tras otro, dieron vida al poema sinfónico cargado de pasajes de lirismo propio del romanticismo entremezclados con derroches de vitalidad y disonancias que engrandecen la armonía y auguran la ruptura de la tonalidad.  También encontramos citas de sus obras más conocidas.  Fue en el acorde final de la cita del poema “Así habló Zaratustra” donde la orquesta tuvo un pequeño desliz en algún instrumento.  El resto de la obra impecable, como siempre por parte de la OSPA. 
Crítica de Mar Norlander para el periódico La Nueva España. 

lunes, 1 de junio de 2015

Camela, un fenómeno social


Concierto de Camela en la sala Acapulco del Casino de Asturias. Sábado, 24 de mayo, 2015.

Decía mi profesor de musicología José Antonio Gómez (uno de los mejores musicólogos de España y parte del extranjero), que en música hay que escuchar de todo y con los oídos bien abiertos, desde Bach o Beethoven hasta Camela. Así que siguiendo su consejo me despojé de todo prejuicio y fui a la sala Acapulco para escuchar la presentación del disco “Más de lo que piensas”. No se puede negar que Camela se ha convertido en un fenómeno social musical en las últimas décadas. ¿Qué grupo hay en España capaz de reunir a varias generaciones juntas cantando y bailando felices todas las canciones de principio a fin? Muy pocos. Puedo contarlos con los dedos de una mano.  Camela son ignorados por la prensa y vapuleados por la crítica, sin embargo todos conocemos algún estribillo o estrofa suya y a cualquier sala o escenario que van arrasan. Así fue en Gijón.  

Abrieron el concierto con el tema que da título al disco y siguieron con éxitos como “Escúchame”, “Nadie como tú” o “Nunca debí enamorarme” y,  después de un largo popurrí con éxitos pasados en los que el público cantó  palabra por palabra, bailó, brindó y evidenció que se lo estaba pasando muy bien, llegó una reivindicación de la cantante Ángeles Muñoz.  En su humildad nos recordó que llevan 15 discos grabados y han vendido más de siete millones de copias en tiempos de crisis,  pero nunca les han nominado para los “Premios Amigo” o para otros premios importantes de la música,  pues los premios “se los reparten entre los amigos”.

Puede que tenga razón, así que con objetividad hago una comparación de las características más importantes de su sonido con algunos premiados: 1)   Encontraron una fórmula melódica que les hace inconfundibles; lo mismo puedo decir de  Jarabe de Palo, Café Quijano, Santana o Estopa. 2) Todas las canciones hablan de que si me quisiste que si me dejaste, que si te enamoraste que si me enamoré, que si sueño contigo que si nunca te olvido...y no hay más; ¿De qué hablan las letras de La Oreja de Van Gogh? De lo mismo. 3) La puesta en escena del cantante Dioni se basa en giros y patadas al aire; también lo hace Bisbal, pero el Dioni fue primero. 4) En directo desafinan; también Miguel Bosé, Alaska o Chayanne. 5) Todas las canciones suenan igual; las de “Ella baila sola” también. 6) Entre tema y tema tardan mucho y no hay discurso coherente; lo mismo digo de “Andy y Lucas”. En cuanto al trabajo del técnico de sonido no recuerdo a ningún premiado para compararlo (aunque si rebusco seguro que encuentro), pero creo que este señor padece sordera parcial, pues suena nefasto.  Podría seguir con las comparaciones pero no hay sitio para más.


En definitiva, creo que el grupo Camela es merecedora de nominaciones y premios musicales tanto o más que otros artistas ya consagrados, pues la emoción y la pasión con la que viven sus seguidores los conciertos en directo se merece un respeto. 
Crítica de Mar Norlander para el periódico La Nueva España

Sara Baras ¡No se puede tener más arte!

Ballet flamenco de Sara Baras y su espectáculo “Voces”. Teatro Jovellanos, viernes 22 de mayo, 2015.

La muerte de Paco de Lucía es el germen de “Voces”, un espectáculo creado por Sara Baras que aúna música, danza, iluminación y vestuario del más alto nivel para rendir tributo a los grandes del flamenco: Camarón, Enrique Morente, Antonio Gades, Carmen Amaya y Moraito  Chico.  Si ya causó sensación con “La Pepa” o “Juana la Loca”, con  “Voces” sube escalones hasta rozar la perfección de un espectáculo exento de artificios en el que lo importante es el arte flamenco.

La voz en off de Carlos Herrera es el hilo conductor de los diferentes cuadros de esta suite flamenca y los arpegios de “Canción de amor” de Paco de Lucía abren el baile. La puesta en escena es sencilla, un escenario decorado con seis carteles de las leyendas del flamenco y una iluminación muy bien pensada por Oscar Gómez de los Reyes, para que Sara nos deleite con lo que mejor sabe hacer: bailar hasta dejarse el alma en el escenario.

La química presente en el baile con su pareja artística y sentimental José Serrano, en una variación rítmica del paso a dos por seguiriyas, vestida de lunares y alternando los solos de baile para fundirse en un abrazo final, fue uno de los primeros números que levantó una gran ovación. El bailarín también fue muy aplaudido en su homenaje a Enrique Morente. Representando una partida de algún juego de mesa, mientras el guitarrista Keko Baldomero toca por tientos (y después por soleá) y un cantaor entona “el día que yo me muera que nadie venga a llorar con pena, mejor cantar aunque se cante con pena”, José Serrano arranca un baile con una fuerza soberbia que va transitando por diferentes ritmos bajo las voces de los tres cantaores.   

Precioso fue el cuadro a ritmo  de taranta dedicado a Camarón. El vestido de vaporosa gasa blanca con volantes iluminados por los focos produce efectos visuales al dar vueltas que recuerdan a la mismísima Isadora Duncan. Y es que el vestuario de Torres-Cosano también es uno de los elementos fundamentales de Voces.


Es difícil de destacar un número de la suite flamenca porque todos son diferentes y geniales, entre ellos el cuadro de “Las Cármenes” con todo el cuerpo de baile zapateando al son de un arreglo flamenco de la “Carmen” de Bizet y el número final con el vestido de flecos verde y todos los artistas encima del escenario. Pero si me quedo con uno es con el  baile de Sara al compás de una farruca. Con seis espejos detrás y vestida de hombre en homenaje a Antonio Gades inicia un zapateado de punta y tacón sobre la base rítmica creada por el udú, la pandereta percutida  por los dedos (solo en las sonajas) y el palmeo. Todo el conjunto forma un efecto percusivo espectacular y muy variado en  dinámicas. La intensidad creada fue tanta que ya no había posibilidad  de más, así que inteligentemente todo acabó en un pianíssimo con la artista en el centro del escenario y los brazos abiertos.  La ovación (sonadísima) fue interrumpida, pues sólo era una pausa para arrancar de nuevo con un virtuosismo de guitarra y taconeo arrebatador. Hasta el técnico de luces, a mi lado, exclamaba ¡ole y ole! 
Crítica de Mar Norlander para el periódico La Nueva España

El Consorcio, un adiós de grandes voces.


El Consorcio, gira de despedida.  Teatro Jovellanos, miércoles 20 de abril.

Desde el primer tema, “El vendedor”, hasta el último de los bises, “Adiós amor”, asistimos a una despedida sincera y emotiva. Una montaña rusa de emociones entre risas y lágrimas, vividas por el aforo completo del teatro. “! Qué mejor que el Teatro Jovellanos para despedirse de Gijón!” dice Amaya Uranga y alguien del público le responde: “!qué pena que os vayáis!”.  Los conciertos de El Consorcio y de Mocedades siempre son dignos de mención. Sus voces, tanto solistas como armonizadas, han calado en varias generaciones  durante su larga trayectoria, pero este concierto se convirtió en el más especial de todos.

Hacen un repaso de grandes temas popularizados a lo largo de más de 40 años de profesión,  compuestos por maestros como  Juan Carlos Calderón, Pablo Milanés, Joan Manuel Serrat o José Luis Perales, entre otros. Para la gira los hermanos Iñaki, Amaya y Estíbaliz Uranga, junto con Carlos Zubiaga, se acompañan de músicos de la talla de Daniel Amat (piano), Salvador López (bajo) y Arturo García (batería), que también se encarga de sustituir la voz del fallecido Sergio en los arreglos corales. En los temas solistas, que solía cantar junto con Estíbaliz, es Iñaki Uranga el que suple su voz.

Estíbaliz abre el saludo inicial, tras cantar “Piel” y “Búscame”, dos temas que fueron himnos de amor para más de una generación y los de mayor éxito del dúo Sergio y Estíbaliz. A Estíbaliz, por momentos, se le quebraba la voz,  más por la emoción de las circunstancias vividas que por otros impedimentos, pues conserva su tesitura de soprano con el mismo brillo de décadas pasadas. Sergio Blanco estuvo presente en la memoria de todos durante varias canciones, especialmente en el tema “Dónde estás corazón”, para el cual, Estíbaliz pide que entre todos le cantemos una canción al que fue su pareja artística y sentimental.

El momento más animado lo marcaron la popular “Frenesí” y la rumba cubana “Las muchachas”,  con un estribillo coreado por todos los presentes (“No hay, no hay, no hay”). A ritmo de salsa, el pianista cubano Daniel Amat se marcó un tumbao de piano de los que crean escuela y el público entusiasmado se puso a bailar en sus butacas.  Hasta la propia Amaya se levantó de su asiento y se marcó unos pasos apoyada en su bastón. Fue muy ovacionada en reconocimiento a su esfuerzo físico y su simpatía.
Y después de la efervescencia salsera volvió la calma con uno de los mayores éxitos de Mocedades, el temazo de Juan Carlos Calderón “Tómame o déjame” en la voz de Amaya. Su voz de mezzo, ahora contralto, es de las mejores que ha habido en la historia del pop español. Voz aplomada y gruesa, cargada de armónicos, de esas que traspasan y tocan la fibra incluso a los más insensibles. La firmeza vocal de Iñaki Uranga también es digna de reconocimiento, y lo mismo puedo decir de Carlos Zubiaga que, además,  se luce con la guitarra, destacando en la introducción del tema “Para vivir” de Pablo Milanés.


En definitiva, un concierto que dio un repaso a grandes canciones de amor y temas emblemáticos que representan a varias generaciones españolas. Sabemos que no volverán a actuar en Gijón, aunque siempre nos quedarán sus discos y el recuerdo de lo vivido, pues el concierto permanecerá en la memoria de los presentes.
Crítica de Mar Norlander para el periódico La Nueva España 

domingo, 24 de mayo de 2015

One, two, three, four…con Richie Ramone ¿Qué queda del punk?

Richie Ramone, en la gira “Smash You Live 2015 World Tour”. Sala Acapulco del Casino de Asturias, martes 19 de mayo.

Llevar el apellido artístico “Ramone”, haber formado parte de la banda pionera del movimiento punk en Nueva York y haber compuesto varios temas punteros para el grupo (entre ellos el himno “Somebody Put Something in My Drink”) no fue suficiente para atraer público al concierto de la gira “Smash You Live 2015 World Tour”, que se inicia en Gijón y pasa por varias ciudades de España. Entre prensa, espectadores y personal de la sala Acapulco no sumaban ni medio centenar.

¿Qué queda de aquel movimiento y aquella banda que inspiró a millones de jóvenes de varias generaciones con la filosofía de que cualquiera puede ser músico sin saber tocar y cualquiera puede convertirse en una estrella de rock? A juzgar por lo que Richie Ramone  ofrece en su concierto  queda su atuendo con zapatillas de lona y camiseta, queda la preferencia por tocar en salas pequeñas, la sencillez de sus letras y muchas canciones de tres minutos y tres acordes. Nada más, bueno sí, que la mitad de las canciones no llevan punteos, dato fundamental de la primera oleada del punk. Con la nueva formación de Richie Ramone desaparece la rabia, las protestas sociales (!qué bien nos venían en los tiempos que vivimos!) y ese sonido característico que diferenciaba claramente a unas bandas de otras.

Para su gira por España cuenta con músicos como Alex Kane, que sí sabe tocar la guitarra, de hecho en la mitad de los temas del concierto se marca espléndidos solos virtuosos que contradicen el espíritu punk. También cuenta con la bajista Clare Misstake, con una estética heredada del legado de Vivienne Westwood y una forma de tocar el bajo con púa que se ajusta bien a los cánones de lo que eran los Ramones. El último componente de la banda es Ben Reagan, segundo guitarra que toca la batería en varios temas para que Richie pueda saltar a la primera línea del escenario para cantar las  canciones de su disco “Entitled” junto con otras muy famosas de los Ramones. El feedback con el público se mantuvo durante todo el concierto, de hecho Richie bajó del escenario para saludar personalmente a varios fans entregados que no dejaron de cantar tema tras tema.

Otro legado que conservan de los Ramones es el inicio de los temas; el grito  “one, two, three, four”, popularizado por el bajista Dee Dee Ramone, también estuvo presente en la voz de la joven bajista Clare Misstake, que vive el escenario con emoción y verdadero espíritu punk. El resto de lo escuchado se asemeja más a cualquier banda de rock con toques punk, medianamente decente, que a nada que tenga que ver con el movimiento cultural llamado punk. 
Crítica de Mar Norlander para La Nueva España

El regreso del fado

Asociación Amigos del Fado de Asturias y Teatro Jovellanos. Sábado 16 de mayo.
Casa de Fados: Catia de Oliveira y José Manuel Clemente

Los aficionados al fado tuvieron ocasión de disfrutar de una velada en la que la expresión musical más internacional de Portugal cobró vida de nuevo en Gijón. El decorado del escenario  del Teatro Jovellanos estaba ambientado a la manera tradicional de las auténticas casas de fados de la zona antigua de Lisboa:  mesas y sillas ocupadas en una esquina del escenario simulando una taberna, un biombo con retratos de grandes fadistas, tres músicos sentados y una pareja de artistas que expresan emociones y construyen relatos a través de la voz, dialogando con el público al que se le invita a permanecer en silencio mientras se canta, pues en el fado así debe ser.
La actuación comenzó con una “guitarrada” -nombre con que se designan a los temas instrumentales del género- a cargo de Ángelo Freire (guitarra Portuguesa), Flávio Cardoso (viola) y Daniel Pinto (guitarra baja). Los tres músicos crearon un entramado melódico-rítmico y un soporte armónico de gran riqueza para que los cantantes fadistas Catia de Oliveira y José Manuel Clemente pudieran desarrollar su personalidad musical.   Fue un lujo contar con la presencia de uno de los guitarristas más cotizados del mundo del fado, pues Ángelo Freire es un gran virtuoso al que recurren las grandes fadistas como la genial Mariza, Ana Mora, Carminho o Mafalda Arnauth entre otras.

Tras la guitarrada, la contralto Catia de Oliveira tomó presencia en el escenario, vestida de negro como manda la tradición,  para deleitarnos con diversos tipos de fados, desde los más primitivos como el fado menor o el corrido hasta los actuales triplicados o tangos, con composiciones de autores de prestigio  como José Marqués o Joaquim Pimentel, entre otros. La voz de Catia destaca en los fados tristes que requieren más dramatismo y fuerza vocal, pues su voz es cálida y dotada de un vibrato natural fruto de la experiencia. Menos brillante resulta su voz para los fados más ligeros, ya que su particular forma de alargar los glissandos más de lo habitual, sin resolver a la vez  que la instrumentación, produce efectos de desafinación. Se despidió entre fuertes aplausos tras cantar un fado triste popularizado por Amalia Rodríguez.


Otra pieza instrumental de gran virtuosismo por parte de Freire dio paso al fadista José Manuel Clemente. Se ganó a los presentes por su esfuerzo para comunicarse en español  y por sus dotes líricas cultivadas a base de experiencia y saber estar encima de un escenario.  Al igual que Catia también nos regaló una variedad de fados con letras de grandes poetas fadistas, algunas tristes que expresan sentimientos profundos y otras más divertidas e irónicas. No faltó algún tema en el que se invitó a cantar al público, dispuesto a participar de la esencia portuguesa.  Una gran actuación que fue muy ovacionada por el público.  Para despedirse contó de nuevo con la presencia de Catia de Oliveira para ofrecernos una “desgarrada” en la que los dos fadistas “discuten” y luego se reconcilian.  Los aplausos insistentes del público reclamaron un bis y los dos cantantes volvieron al escenario para desvelarnos una vez más el misterio del fado. 
Crítica de Mar Norlander para La Nueva España.

Horisont, buena banda sueca.

 

Horisont + Estramonio en la sala Acapulco del Casino de Asturias. Miércoles 13 de mayo.

Los suecos Horisont, con su tercer álbum “Time Warriors” llegan a la sala Acapulco mostrando madurez y consolidación como banda que apuesta por un estilo hard rock a caballo entre los 70 y los 80,  cercano a los Judas Priest, Cathedral o Black Sabbath, pero con ciertas diferencias. La excusa para esta gira, que arranca en Gijón y pasa por varias ciudades españolas, es dar a conocer tres temas nuevos que conformarán el próximo disco -aún por editar- y la presentación del nuevo guitarrista, Tom Sutton, procedente de la banda de doom metal “The order of Israfel”.
Horisont fueron teloneados por el cuarteto mierense Estramonio, un grupo de rock ochentero sin demasiadas ambiciones, cuyo objetivo es tocar para disfrutar haciendo lo que les gusta. Lo más llamativo del grupo son las estridentes  presentaciones del cantante,   quedando a medio camino entre hortera pasado de moda  y gracioso. Todo un personaje.
En cuanto a la banda sueca, formada en el 2006,  hay varias cosas que destacar.  Como nunca hay hueco para hablar del batería empezaré valorando la calidad musical de un tipo que se hace llamar Pontus. Con un set de batería más reducido de lo habitual en este estilo de bandas le sacó  partido al máximo,  regalándonos muchos matices y  varios solos  en los que demostró que sus oídos no sólo se alimentan de hard rock; hay mucha más variedad musical.
Los dos guitarristas mostraron un buena ejecución en los dúos a lo Thin Lizzy y mucha calidad en algunos solos vertiginosos, además de un buen empaste con el bajo tocado con púa.  La voz de Axel, en una tesitura de contratenor que a veces recuerda al mismísimo Robert Plant, muestra cualidades vocales prodigiosas pero, quizás, un poco falto de técnica.   En  algunos temas se nota una mala elección de las tonalidades, quedando demasiado al límite y sin fuerza. Es una lástima porque posibilidades hay todas las del mundo pero estos excesos le  pasarán factura más temprano que tarde.  Esperemos que no.

Canciones estructuradas con partes bien diferenciadas, algunas cercanas al mainstream y otras más originales y trabajadas, forman el repertorio de su último disco con temas como “Writing on the wall”, “Brother” y “Eyes of the father” junto con  los nuevos “Break the limit” y “Yellow Blues” entre otros. Temas que fueron muy ovacionados por poco menos de un centenar de aficionados que optaron por disfrutar de buen hard rock antes que ver un partido de Champions. La banda sueca lo agradeció con tres bises.  
Crítica de Mar  Norlander para La Nueva España

martes, 19 de mayo de 2015

Albert Plá, sin polémica ni ruido.


Albert Plá en su gira “A pleno pulmón”. Sala Acapulco del Casino de Asturias. Viernes 8 de mayo.

Después de que su último espectáculo “Manifestación” fuera censurado en Gijón, tras las polémicas declaraciones a La Nueva España al manifestar que "a mí siempre me ha dado asco ser español, y espero que a todo el mundo", vuelve con “A pleno pulmón”, más pacífico, más tranquilo, más indiferente y menos controvertido. No hubo alusiones a la polémica censura y tampoco hubo nada nuevo en este espectáculo.

Se presenta en la sala Acapulco  ataviado con su habitual túnica desaliñada, una guitarra acústica, máquina de humo y un sofá en medio del escenario, dispuesto a hacer un repaso por sus canciones más emblemáticas rescatadas de los nueve discos que  conforman su carrera discográfica. Un repertorio de melodías sencillas entre rumba y pop muy fáciles de digerir, cantando en su estilo habitual  entre susurros y sonrisas infantiles, en contraposición con el mensaje de sus letras irónicas, cargadas de denuncia social, surrealismo y toques de divertida locura.  

Tras el saludo inicial “Muy buenas noches mis queridos ciudadanos de Madrid” nos contó lo que le pasa a su  “Corazón” cuando se sale de la teta y va al Puente de los Suspiros para encontrarse con otro corazón.  Una historia original rescatada de su disco “La Diferencia” que arrancó los primeros aplausos sonados del público.   Del mismo disco también nos contó la que se puede armar con “La colilla” de  Carlos Cuesta, último descendiente de Montezuma, capaz de incendiar todo el territorio de Estados Unidos. Tras el “incendio” la sala Acapulco se quedó totalmente a oscuras y Albert Plá con tres lamparillas sujetadas en su cabeza se coló entre los asientos del público para cantar “Ciego” y disparar su provocador monólogo de la película “Murieron por encima de sus posibilidades” en el que se carga  y se caga encima de los banqueros, la policía y los políticos.

No faltó la rumba que describe a los inadaptados sociales “Enterrador de cementerios” y “El gallo Eduardo Montenegro” un tema de su polémico disco “Veintegenarios en Alburquerque”. Con “Carta al rey Melchor” es capaz de renunciar a sus ideales republicanos por amor  y con   “Teófilo Garrido” se pregunta “¿quién escribe las letras de las manifestaciones, Alejandro Sanz?”. El público se divertía con las ironías y cantaba   gran parte de las letras de un cantautor que también mostraba estar a gusto entre los asistentes.

La versión del tema de Bob Dylan “El lado más bestia  de la vida”, publicado en su quinto disco de versiones “Supone Fonollosa” fue el tema más coreado junto con la divertida “Insolación” que sirvió para despedirse con una gran ovación.  Pero el público reclamó más y Albert Plá volvió a salir “encantado de cantar un par de canciones más”. Al final fueron tres las que cantó, a cual más surrealista.  Así pudimos escuchar “El bar de la esquina”,  “Los ojos” y despidió con “Adiós terrícolas que os den po’l culo” para irse a su “planeta alojado en el fin de los  mundos”.


Esta versión austera de Albert Plá está bien, es entretenida y divertida pero se queda un poco sosa. Ya que no ofrece nada nuevo “filosóficamente” hablando, al menos me hubiese gustado disfrutar de algunos arreglos musicales que regala  en otros conciertos cuando se rodea de buenos músicos. Sería una buena  justificación para ir a sus espectáculos y no verlos desde youtube.
Crítica de Mar Norlander para La Nueva España


jueves, 14 de mayo de 2015

El lamentable concierto de Micah

Micah P. Hinson. Sala Acapulco del Casino de Asturias.  Jueves 7 de abril.

La pésima actuación del cantautor americano dejó al público estupefacto.  Alrededor de 100 personas acudieron a la sala Acapulco para ver de nuevo al que fue considerado hace 10 años el artista revelación de la escena folk-rock. Un músico de 34 años, nacido en Memphis que ha sido capaz de cautivar a miles de seguidores en toda Europa por su particular forma de cantar, desde el sentimiento más profundo y por sus letras controvertidas y sinceras que hablan de amor, soledad, tristeza y todo lo relacionado con la vida de un perdedor. Un personaje que encaja perfectamente con la descripción de la música alternativa-indie.

Después de su última visita a Gijón hace dos años, volvió a subirse al mismo escenario, ataviado con una guitarra acústica y varios pedales de efectos, para explicar el motivo de la gira que le trae por varias ciudades de España: el 10º aniversario de su "Micah P. Hinson And The Gospel Of Progress".

Desde los primeros acordes que sonaron la pregunta era ¿Qué le pasa a Micah? Voz temblorosa y desafinada, incapaz de concluir una estrofa completa sin atascos.  A veces se olvidaba de cantar o lo hacía sin micrófono, y no era a propósito. Con la guitarra parecía un principiante probando acordes para ver cuál quedaba mejor y utilizando distorsiones sin ningún control del volumen.  Sus canciones ralentizadas, sin medida,  sin empezar ni terminar, sin entusiasmo, sin nada que decir.  Entre tema y tema largos discursos incoherentes y entrecortados.  A la media hora de ridícula actuación en la que ni una sola canción sonó medianamente aceptable optó por tomarse un descanso de 15 minutos.  A la vuelta todo siguió igual de lamentable.  En definitiva, el mayor desastre de un artista que he presenciado en mi vida.  


El comportamiento del público impecable, algunos optaron por irse discretamente y una gran parte aprovechó el descanso para abandonar la sala porque  el asunto no tenía ni un atisbo de mejoría. Los que se quedaron aplaudían tímidamente, con respeto por alguien que  en su día les tocó alguna fibra sensible. Según los organizadores, no había bebido nada  y si toma drogas no me consta, como diría la infanta.  Especular sobre lo que le pasa a Micah no es asunto mío y no voy a entrar en ello, pero, subirse a un escenario en esas condiciones es una gran falta de respeto al público y alguien tendría que haberlo evitado. Esperemos que haya sido sólo una pésima noche y que aún quede algo de artista dentro de Micah P. Hinson. 
Crítica de Mar Norlander para La Nueva España

“El Intérprete” y sus amigos invisibles.


Compañía Factoría Madre Constriktor en el Teatro Jovellanos. Viernes y sábado, 1 y 2 de mayo.
Asier Etxeandía: El Intérprete
Tao Gutiérrez: Dirección Musical
Guillermo González: Piano

El escenario del Jovellanos se convirtió por dos noches consecutivas en la habitación de un niño raro de nueve años que soñaba con ser cantante e interpretaba sus canciones para un montón de amigos invisibles. Asier Etxeandía, en el papel del “Intérprete” nos sitúa en una noche de mayo de 1984, cuando tenía nueve años,  y convierte al público en sus cómplices amigos invisibles para los que va a actuar.
El planteamiento es sencillo y perfecto para ofrecer un espectáculo original y divertido en el que los presentes pudimos bailar, cantar, reír, emocionarnos y hasta beber tequila. Un punto de encuentro entre lo musical y lo teatral que sólo es posible si el “intérprete”  que lo pone en escena  tiene el talento artístico de Asier Etxeandía, que pasa por  su mejor momento profesional. También es fundamental la calidad de los músicos que abordan una gran variedad de estilos musicales dando a cada tema su esencia. Pero el éxito de esta obra es la sinceridad con la que está hecha. El discurso se construye a partir de un diálogo capaz de darle protagonismo y dignidad a las rarezas y los miedos de la infancia y capaz de empatizar e identificarse con el público, pues todos hemos sido en algún momento niños raros. “Defiende tu sombrero por ridículo que parezca” o “No estás solo” y “Eres maravilloso”, se convirtieron en mensajes positivos repetidos por Asier.


La interpretación del tema “El cantante” de Héctor Lavoe con el que abre el show  dejó muy claro que estábamos ante un espectáculo  original  y que las sorpresas no iban a parar en toda la noche.  Así fue. Entre “Luz de Luna” de Rocío Durcal,   “Like a Virgin” de Madonna, la versión especial del famoso tema de Lou Reed “Walk on the wild side”, Alaska, David Bowie, Camilo Sexto o un tango de Gardel el show iba in crescendo y cuando ya creíamos que la cosa no daba más de sí todavía nos sorprendía con algo mejor.  El punto culminante llegó con la aparición del Coro Minero de Turón cantando “El pozo María Luisa” desde el fondo del pasillo de butacas, vestidos de minero. La lamparilla de sus cascos era la única luz que había en el Jovellanos !Qué bonito  y qué emocionante! Y, como decía, las sorpresas nunca se acababan así que  ver al Coro Minero cantando “Under Pressure” y “Somebody to love” de Queen junto con Asier fue lo máximo. Espectáculo único e irrepetible que se llevó una ovación más que merecida para todos los integrantes de la compañía, pues está claro que un espectáculo de este calibre solo funciona cuando hay buena química y un trabajo en equipo. Hacía tiempo que no escuchaba tanto estruendo de aplausos y zapateos en el suelo del Teatro Jovellanos.
Crítica de Mar Norlander para La Nueva España.

Las sorpresas del LEV



IX Festival Internacional de Creación Audiovisual de Gijón. Laboral Ciudad de la Cultura.Mayo 2015.

Diversas propuestas  llegaron  a la novena edición del Laboratorio de Electrónica Visual (LEV) celebrado en Gijón. Unas más acertadas y otras no tanto, pero el  LEV siempre es una gran oportunidad para vivir experiencias diversas que combinan el arte visual con el auditivo. La inauguración corrió a cargo de  Playmid ofreciendo un  espectáculo gratuito de sinestesia, a base de juegos de luces y sonidos en el Puerto deportivo que sonaban muy bien sobre el papel pero la realidad quedó más deslucida.  

Interesante fue la videoinstalación de Quayola, y su “Strata #4”, que trata de mostrarnos qué   hay detrás de algunas pinturas de Van Dyck y Rubens. Mediante la proyección visual pudimos ver  la descomposición en pequeños fragmentos de pinturas religiosas en la Iglesia de la Laboral.  Sonidos de sintetizador de carácter minimalista con efectos sonoros  nos introducen en las cualidades de la composición que presentan  estas pinturas.

La primera sorpresa llegó de la mano de Jacaszek, un artista sonoro polifacético que, en su presentación de “Glimmer”,  resultó novedoso por una particular mezcla de instrumentos clásicos con texturas electrónicas y por la fusión sonora  de pasajes  barrocos, minimalistas y vanguardistas más actuales. Ignacy Wisniewski  demostró ser un brillante músico adaptándose metronómicamente a las secuencias prefijadas en la interpretación con un clavicordio.    Andrzej Wojciechowski, alternando entre un clarinete en Si b y un clarinete bajo, imprimía a la obra otras frecuencias sonoras que combinaban perfectamente con la electrónica industrial.  Pero no todo lo grabado era industrial, el artista Jacaszek también recurrió a sonidos de  cordófonos renacentistas,  láminas de madera y pianos pregrabados junto con la grabación a tiempo real de fragmentos de clarinete y clavicordio, interpretados en directo para volver a volcar la muestra en vivo y así crear un ambiente sonoro  perfectamente orquestado. Además de la satisfacción auditiva nuestros ojos también disfrutaron con los paisajes visuales abstractos creados por Alba G. Corral en directo. Una muestra de interdisciplinariedad cuyo resultado fue más que interesante. El público lo agradeció con estruendosos aplausos.

Cabaret Voltaire era el reclamo más popular de la novena edición del LEV. La presentación como proyecto personal de Richard  H. Kirk  no defraudó pero tampoco sorprendió.  Acierta al huir de los viejos temas que le consagraron como pionero y referencia de la música británica industrial y techno  de hace 30 años pero en su actual propuesta no deja claro por dónde van los tiros. Siguiendo una línea más comercial para consumo de ambientes ibicencos aporta alguna pequeña novedad, más en lo visual que en lo sonoro, pues en esto último aparte de romper de vez en cuando estructuras habituales de ocho compases, utilizar alguna polirritmia y mezclar de manera particular voces en off de radio y televisión con sonidos electrónicos poco más hay.  En una pantalla gigante dividida en tres secciones se proyectan imágenes a gran velocidad con saturación de color sobre fondo blanco y negro. Las imágenes muestran episodios claves de la civilización del siglo XX, principalmente de guerras, personajes políticos, luchas femeninas y superhéroes de ficción. Mientras, las composiciones sonoras se movían por diferentes bases rítmicas que se iban superponiendo con pequeñas variaciones e incrementando los niveles de audio. Al final de la sesión el volumen y la saturación de agudos rozaban el umbral del dolor en los oídos.  Suerte que la organización del LEV obsequiaba a cada visitante con tapones.  Se ve que estos del LEV están en todo.  


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La segunda sorpresa, aunque esperada, fue Ben Frost y el artista visual MFO, que consiguieron  cautivar a todos los presentes del abarrotado teatro de la Laboral con la presentación en directo de uno de los mejores discos del año en su género, “A U R O R A”. Un espectáculo de luces,  sombras y sonidos cuidado al máximo detalle para atrapar la mente y sumergir al espectador en una experiencia única y diferente. Aunque suene  a anuncio de película de ficción así nos sentimos la mayoría de los asistentes con el trabajo de Ben Frost y MFO, artistas que pasarán a la historia, seguramente.
Crítica de Mar Norlander para La Nueva España


La esencia de "Casablanca"


Casablanca + Grim Comet en la sala Acapulco del Casino de Asturias.  Miércoles 30 de abril.

La  banda sueca Casablanca en su anterior gira por España dejó el listón muy alto.  Es la segunda vez que visitan Gijón, aunque en esta ocasión hay cambios de personal y no para mejor.  La falta del guitarrista Ryan Roxie,  que ya trabajó con Alice Cooper o Slash entre otros, se hizo  notar en los solos de guitarra y en los riffs.  Lo bueno que tiene esta banda  es que, a diferencia de otras del estilo,  no todo se centra en los sonidos de la guitarra.  La puesta en escena  del cantante Anders Ljung y la potente pegada de la baterista Josephine Forsman  son la esencia de Casablanca.  El quinteto lo completan el bajista y ex-futbolista de la liga profesional sueca Mats Rubarth, el segundo guitarra Erik Almströn y Jon Sundberg en sustitución de Ryan Roxie.
La presentación del nuevo single “My Shadow Out of Time” fue la excusa para esta pequeña gira, antecesora de lo que será su nuevo álbum a finales de año, y la sorpresa fue la poca asistencia de público para ver a una  de las bandas con más proyección internacional que hay  en este momento.

El trío madrileño de Rock stoner Grim Comet, con sus graves afinaciones y la presentación de su primer disco “Pray for the victims”, se encargaron de telonear a la banda sueca, cuyo cantante apostó por un cambio de look mucho más impactante para esta gira. Pero Anders Ljung además de cuidar su aspecto físico al detalle también controla sus cuerdas vocales. Tiene un buen cambio de registro y sabe rajar la voz con buena técnica, aunque en el concierto de Gijón tuvo algunos pequeños patinazos, sin importancia.  El  resto de la banda más o menos bien, el bajista muy correcto y, entre los dos guitarras formaban uno medio bueno. Pero lo más destacado del concierto de Casablanca es la batería, sin duda.  Josephine Forsman, con un metrónomo implantado en su cabeza y una impactante seguridad al golpear los timbales se convierte en el motor de la banda,  logrando un buen empaste de bombo y bajo.  Lástima que este instrumento sea tan poco visible, aun así buen futuro le espera a esta chica en el mundo del rock.

Crítica de Mar Norlander para La Nueva España

Buenas ideas barrocas


Orquesta  de Cámara de Siero (OCAS).  Dirección: Aarón Zapico
Higiénico Papel Teatro. Guion y Dirección de escena: Laura Iglesia
Danzasturias.  Coreografía: María Larroza
Teatro Jovellanos, domingo, 26 de abril.

La magnífica interpretación del actor Félix Corcuera en el papel del diletante rey Jorge II fue el hilo conductor  del divertido espectáculo “Una de fuegos artificiales”, recreación  del estreno de “Música para los reales fuegos de artificio” de Haendel, compuesta para celebrar el fin de la Guerra de Sucesión austriaca  en la Inglaterra de 1748. El hecho histórico fue un auténtico desastre, sin embargo en el espectáculo del Teatro Jovellanos no hubo ningún incendio y fue un gran éxito en las dos sesiones del domingo.

La jovencísima  Orquesta de Cámara de Siero, junto con “Danzasturias” y la escenografía de “Higiénico Papel Teatro” se unieron para ofrecer al espectador música y danzas barrocas (y también actuales), luces y mucha pirotecnia.  Hay que destacar la labor de los dos jóvenes violinistas de la orquesta: Carlos García y Luís Campa, que se encargaron de la parte de los efectos especiales, totalmente inocuos, por supuesto,  con muy buenos resultados.

La fanfarria inicial del eurovisivo  himno de Charpentier,  con dos trompetas en los palcos, quedó un poco deslucida  por el nerviosismo propio de los jóvenes intérpretes, pero rápidamente el resto de la orquesta se hizo con el control para dar paso a la llegada de Jorge II y su ayudante. Ambientado por los acordes de una tiorba el rey narra los acontecimientos que tuvieron lugar aquella trágica noche. Un guion escrito  con gran inteligencia y mucho sentido del humor por parte de la directora de escena  Laura Iglesia nos traslada al siglo XVIII, en el que se dan cita diferentes músicas barrocas, principalmente de Haendel y Telemann, con guiños al “La, la, la” de Massiel, a Michael Jackson y algún fragmento de rock. La música, interpretada por una orquesta muy joven y amateur y conducida magistralmente por Aaron Zapico,  sorprendió a los presentes por las dinámicas conseguidas, con  momentos brillantes en la sección de cuerda y la incorporación de detalles contemporáneos, sobre todo en la sección de percusión.


Los decorados, la buena colocación en el escenario y los “fuegos artificiales” a base de globos luminosos y mucho confeti disparado desde los palcos más altos del teatro completaban un espectáculo muy actualizado en el que no hubo ningún elemento  histriónico,  todo estaba justificado. Las pompas de jabón cayendo del techo para que el rey  pudiera “nadar”, ataviado con bañador y gorro años 20,  mientras la orquesta interpretaba el tercer movimiento de la sinfonía de Telemann, quedó magistral. También hubo lugar para bailes de hip-hop y personajes como Félix Rodríguez de la Fuente o Buzz Lightyear y su  “Hasta el infinito….¡y más allá!”, con el que el rey Jorge II despidió la actuación. Un espectáculo hecho con más inteligencia que medios y con unos resultados que ya quisieran otras grandes producciones.  Por si fuera poco la recaudación se hace con fines solidarios. ¿Quién da más por menos?
Crítica de Mar Norlander para La Nueva España.